Los libros de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

¡Cómo está el mercado de la edición!

Publicado por Javier El 25/02/2011 a las 7:47 2 Comentarios

A quedó con su amiga B en la cafetería a la que solían ir de vez en cuando para ponerse al día de sus asuntos. Su estado de nervios era evidente. Y la rabia contenida le hizo ir al grano de la cuestión.
-Ya sabes que acabé de corregir mi libro hace poco…
-Sí, me lo dijiste la otra vez- le respondió B.
-Pues bien, el caso es que conseguí el teléfono de un editor y le llamé- le dijo A.
-¿Y has tenido suerte?
-Para nada- le contesto.
Y con rostro cariacontecido le empezó a detallar los pormenores del encuentro.
-Pues verás. El tío, muy simpático, me hizo pasar a su despacho, al que acudí después de que me dijera la dirección y me plantara allí. Un despacho algo desaliñado y que olía a tabaco que apestaba…- le comentó A.
-Bueno, eso a ti te da lo mismo. Lo importante es tu obra, ¿no?
-Sí, lo importante es mi obra. Pero hasta cierto punto. Cuando le dije que se la dejaba para que la leyera me puso una condición.
-¿Que te puso una condición para leerla? No me lo puedo creer. ¿Y de qué tipo?
-Me dijo que antes me tenía que acostar con él. ¡¿Qué te parece?!
-¡Dios! ¡Pero qué sinvergüenza!
-Pues sí- añadió-. Que ese era el método para publicar un libro a una mujer. Me quedé muda.
-¡Pero bueno! ¡Me dejas de piedra!
-Pues ya ves. Fíjate cómo está el mercado de la edición.
-¿Y qué hiciste después?
-¿Después? ¡Pues qué iba a hacer! Cogí mi manuscrito y le di con la puerta en las narices. Aquí lo llevo en el bolso. Por cierto… ¿Tú lo leíste?
-No… No me lo has dado a leer. Si quieres que lo lea, déjamelo.
-Toma- y abriendo el bolso le dio un sobre con un puñado de folios encuadernados con un muelle. -A ver si te gusta. Y, por cierto, ¿cómo vas de amores?
-¿Yo? Un desastre. Hace años que nadie se interesa por mí.
-Vaya…

Pasaron unos días.

B leía poco a poco al trabajo de su amiga. No era muy buena lectora y su ritmo era lento. Al cerrar uno de los días el libro, descubrió un número de teléfono anotado con lápiz en un post-it amarillo en la página en que la novela acababa. Se sintió intrigada. Al poco estaba llamando a dicho número.
-Ediciones C. ¿En qué puedo ayudarle?
-Ah… verá… pues… que he escrito un libro y me gustaría que lo vieran por si es publicable.
-Para eso tiene que hablar con el Sr. D. Le paso.
Un poco de musiquilla ratonera animó una espera de pocos segundos.
-Buenos días. Me llamo D. ¿En qué puedo ayudarle?
-Verá, he escrito una novela y me gustaría que me dijera si la podrían publicar…
-Sí, claro. No hay problema. Pero, para ello tiene usted que personarse en la editorial, si le viene bien. Me gusta conocer al escritor en persona.
-Ah, bueno, sí, claro. ¿Y cuándo puedo llevársela?
-Cuando a usted le plazca. ¿Tiene un rato ahora?
-¿Ahora? -respondió B extrañada ante la premura.
-Sí, claro. Ahora. ¿Tiene alguna otra cosa mejor que hacer en este momento? -le dijo D. con una clara insinuación telefónica.
-No… bueno… no tengo que hacer nada en este momento… -Y al pronunciar esas palabras se le iluminó la cara.

Una tarde de otoño lluvioso, dos meses después, volvieron a verse las amigas. A, mucho más calmada, le preguntó a B qué tal llevaba la novela.
-Bien, la llevo muy bien. Me gusta.
-Pero, ¿todavía no la has acabado? Si sólo tiene ciento cincuenta páginas.
-Ya, bueno, sí, ya lo sé, pero todavía no -le cometo B-. Voy despacio, pero me está gustando. Siempre la llevo encima. Mira.
Y abriendo el bolso sacó los folios de un sobre marrón en el que figuraba el nombre de B, en vez de su amiga A, como autora de la novela, y lo camufló bajo la mesa.
-Sí, ya veo que la llevas encima. Y que no la sueltas. Es una pena, aún no se ha interesado ninguna editorial en ella. ¡Uh! ¡Pero cómo la tienes! Está muy manoseada…
Al ver B el curso que tomaba la conversación, con un cierto rubor en la cara, cambió de tema en el acto.
-Bueno, y a ti, ¿qué tal te va?
-Bien… normal. ya sabes… tirando. A ti es a la que veo muy cambiada. Es como si tuvieras una alegría diferente en la cara. ¿Te ha pasado algo interesante que me tengas que contar?
-¿Yo? ¿A mí? No, no, nada. Nada digno de contar, Yo también voy tirando… – dijo mientras guardaba con cuidado los folios en el sobre que había ocultado bajo la mesa.

Javier Rodríguez Álvarez


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

2 respuestas hasta ahora.

  1. josé dice:

    Jajaja. Creo poder ver los personajes en la realidad. Muy bueno.

  2. Marta dice:

    hace un tiempo que paseo por tu pagina y estoy descubriendo a un autor que no solo escribe buenas críticas sino que sabe escribir buenos cuentos. Mi felicitacion.


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