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Echar una lanza a favor de la poesía

Publicado por Javier El 05/03/2011 a las 12:18 Un Comentario

A mi buen amigo Ernesto Filardi le he pedido prestado este texto con el ánimo de hacer las paces en nuestra contienda prosopoética. Un bello artículo que llega hasta adentro.

Carta a un adolescente no lector de poesía

Vamos a hablar claro: esto de la poesía es un coñazo ¿verdad? No, no hay problema, puedes decirlo si lo piensas. Tienes todo el derecho a pensarlo. Y esto de la poesía mucho más. ¿A que sí? Pregunta a tus colegas cuántos piensan que es un coñazo y cuántos piensan que les mola. Sí, quién sabe, a lo mejor hay unos cuantos.

¿Sabes qué pienso? Que tanto unos como otros tienen razón. Porque la poesía (y la literatura en general, pero ahora quiero hablar de poesía porque de eso trata este blog) puede ser un coñazo, pero también puede ser maravillosa. Y eso sólo depende –como la mayor parte de las cosas- de cómo te la cuenten. De cómo te la vendan. Yo mismo, por ejemplo, no hace demasiado tiempo pensaba que la poesía era algo infumable. Aún hoy, que tengo ya 36, sigo pensando que hay mucha poesía que es una mierda. Pero hay otra que ha hecho que mi vida sea mejor. Y estoy escribiendo estas líneas para explicarte esto último, por si acaso a ti también pudiera sucederte.

Digo que la poesía puede ser maravillosa dependiendo de cómo te la cuenten. Y es que, por lo general, en clase de Lengua y Literatura te explicarán los movimientos artísticos, la época en que nació el autor, sus obras principales… Y tú, que no eres tonto, te preguntas: “¿Y esto, a mí, para qué me sirve?”. Y ahí llegamos al punto al que yo quería llegar:

¿Para qué sirve la poesía?

Quizás tu respuesta sea “para nada” o “para ligar” o “para aprobar Lengua” o “ah ¿es que sirve para algo?”. Incluso podrías decirme que no tiene por qué servir para nada. Y tendrías razón. Y, sin embargo, ya te digo que a mí me ayudó y me ayuda mucho en la vida. ¿Por qué? Muy sencillo.

¿Nunca te ha sucedido que has vivido una experiencia realmente estupenda –una fiesta, un viaje, has conocido a alguien…- y, al contárselo a algún amigo que no estuviera allí, te faltaban las palabras exactas para explicarle por qué era tan estupenda y distinta a otras veces parecidas? ¿Unas palabras que no fueran “genial” “la hostia” o “ya ves, chaval”? Es posible que sepas de lo que hablo ¿verdad? Y muy probablemente también, aunque no quieras o no te atrevas a reconocerlo, algunas veces te levantas triste sin saber por qué, o ver a una persona determinada te da mal rollo sin que sepas explicarlo, o te sientes raro contigo mismo porque piensas que todos los que te rodean son imbéciles y no sabes qué haces con ellos (o, todo lo contrario, te parecen una gente alucinante mientras que tú sientes que no estás a su altura) y quizás te dan ganas de llorar o de romper algo o de dar una hostia a las paredes cuando oyes a tus padres discutir en la cocina.

Claro que te has sentido así. Porque de esas y de otras muchas sensaciones está hecha tu vida y la de todos los que te rodeamos. Y para todas esas preguntas sin respuesta -y a otras muchas que tú y yo sabemos- tienes la poesía. Sí, no te quedes con esa cara.

Por supuesto que, cuando te sientes así, hay otras cosas. La play, por ejemplo. O un partido. O pasar un rato en tuenti o en facebook. O irte de fiesta con los colegas. O fumarte unos porros y echarte unas risas. Por supuesto que sí. Pero eso, seamos sinceros, no soluciona el problema. Sólo lo deja a un lado. Con cualquiera de esas cosas lo único que consigues es dejar de pensar en lo que te preocupa. Y eso es muy sano, ojo. Yo soy el primero que a veces necesita hacerlo, así que no lo critico. Lo que sucede es que, por mucho que te esfuerces, la realidad siempre vuelve cuando te quedas solo. Me apostaría cualquier cosa a que muchas noches, en la cama, te cuesta dormir porque no dejas de darle vueltas a eso que no sabes explicar por qué te pasa.

Lo que quiero que entiendas con esto es que, a partir de ahora, esas preocupaciones te van a acompañar toda la vida. Y cuando digo “toda la vida” quiero decir toda. Porque, te guste o no, eres un ser humano, y los seres humanos estamos hechos de esa pasta. De alegrías, ilusiones y sonrisas, sí, pero también de dudas, incertidumbres y temores. Así que deberías acostumbrarte a ello lo antes posible. Y, por supuesto, comenzar a buscar modos de enfrentarte a esas dudas, a esas incertidumbres, o, por lo menos, de comprenderlas. Es decir, de comprenderte. Porque hay veces, es verdad, en que el principal problema es que no sabemos qué es lo que nos pasa.

Bien. Lo que te quiero decir es que la poesía puede ayudarte a saberlo. A encontrar esas palabras. A explicar lo que no sabemos explicar. Y, por tanto, a comprender lo que no sabemos comprender. Sí, sí. Sé que no ves qué relación puede haber entre eso que estudias en clase que se llama soneto y el que haya veces que te apetezca mandarlo todo a la mierda. Sobre todo porque es muy probable que lo que te apetezca mandar a la mierda sea precisamente el soneto, el complemento del verbo y todo eso que te enseñan en clase y que sigues sin saber para qué sirve.

La explicación es sencilla: como te he dicho antes, los seres humanos estamos hechos de esa pasta, y todos nos hemos sentido así. Y cuando digo todos quiero decir todos: tú, yo, tus amigos, tus profesores y tus padres, pero también Garcilaso y Cervantes y Lope de Vega y Bécquer y Machado y Lorca y Neruda y tantos y tantos otros. La diferencia está en que ellos, además de sus fiestas y sus porros (o lo que fuera que existiera en sus respectivas épocas), también se preocuparon de darle vueltas a la cabeza para dejar por escrito cómo se sentían, para así intentar entenderse ellos mismos y que les entendieran los demás. No te voy a negar que, hoy en día, algunas de las palabras que usaban se han quedado antiguas y parece difícil entenderles. Pero no olvides que sus textos hablan de amor, de soledad, de desesperación, de felicidad, de impotencia, de incertidumbre, de miedo al fracaso, de esperanza, de desilusiones… Y tú y yo sabemos que esos temas nos son familiares.

No quiero contarte la milonga de que la poesía puede salvar el mundo. Lo que te estoy contando es que ha habido ocasiones que la poesía ha salvado mi mundo. Gracias a algunos poemas maravillosos conseguí conocer mejor mis problemas, mis dudas, mis miedos, mis frustraciones… Es decir, conseguí conocerme para así poder llevarme mejor conmigo mismo. Quién sabe. Es posible que también te ayude a ti, igual que a veces (estoy seguro de esto) ha habido canciones que explicaban lo que te pasaba mejor de lo que tú mismo podías explicarte. ¿Por qué no pruebas? Al fin y al cabo, se tarda menos en leer un poema que en ver una película.

Cuento con que es muy posible que, después de leer esto, sigas sin leer ni un poema. No soy tan ególatra como para pensar que estas líneas pueden cambiar la opinión que te ha costado años formarte acerca de la poesía. Lo más probable es que tanto tú como yo volvamos al facebook o a la play para dejar de pensar en los problemas que tenemos. Tú intentarás no darle vueltas a tus cosas y yo haré lo mismo con las mías, y nos intentaremos olvidar de que ahí fuera hay gente que pasa hambre y que no tiene trabajo porque unos cabrones se forraron, se forran y se forrarán en vez de ir a la cárcel, como sería lo lógico si este mundo fuera lógico.

Sí. Lo más probable es que sea eso lo que suceda. Es verdad. Haremos lo posible por no pensar en esas cosas. Y entonces esos cabrones habrán ganado, porque a ellos no les interesa que pensemos. Ni tú, ni yo, ni nadie. Para ellos es mejor que sigamos comprando teles y ordenadores y móviles de última generación para estar entretenidos, porque ellos ganan dinero con nuestra tristeza. Para ellos es mejor que no le demos vueltas a las cosas, que no nos planteemos que a lo mejor las cosas no son como nos las cuentan. Para ellos, lo genial es que cuando nos digan “hay crisis, no hay dinero” nosotros sigamos a lo nuestro en vez de preguntarnos quién tiene el dinero que falta.

No, no pongas esa cara. No he cambiado de tema. Sigo hablando de lo mismo. De cómo la poesía puede ayudarnos a entender el mundo y a nosotros mismos. Fue Quevedo, un grandísimo poeta que nació hace más de cuatrocientos años, quien dijo que un pueblo idiota es la seguridad del tirano. No sé tú, pero a mí no me apetece nada ser parte del pueblo idiota. Pero me apetece aún menos que nuestras ganas de no pensar, de no leer, de no aprender, sean la seguridad del tirano.

© Ernesto Filardi


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

Una respuesta hasta ahora.

  1. articuweb dice:

    Igual que dejo comentarios en otras entradas creo que en este artículo es obligatorio. No solo por el mensaje, la razón y el tono del texto; sino porque creo que es menester no solo plamar comentarios en entradas exclusivamente de discusión o reconocimiento (que también) pero reconocerlo todo. No se si me explico.

    La composición me ha gustado bastante por el significado que el autor otorga como medio de expresión y pensamiento a la poesía. Pero también debido a la gran verdad que a veces no vemos, y de la que se habla en el penúltimo párrafo.

    Sensacional.

    Un saludo
    Antonio


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