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Mis críticas: Los enamoramientos

Publicado por Javier El 16/04/2011 a las 7:10 12 Comentarios

Javier Marías (Editorial Alfaguara)
400 Páginas – 19,50 €

No soy quien para hacer una crítica de obra alguna de Javier Marías. Su bagaje cultural, que sobrepasa los límites de mi entendimiento, no me hace merecedor de tal empeño. Y, por si fuera poco, la catalepsia que me produce la perfecta prosa del escritor me cautiva de tal manera que, muy a mi pesar, caigo en tal trance gramatical que -aparte de la insana y asquerosa envidia que me genera su escritura- me siento totalmente seducido y enamorado por él (prosaicamente, entiéndase de prosa, hablando).

La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida… (Pag. 11)

Adentrase en un libro de Marías, de Javier Marías, es adentrarse en los dominios del lobo, como nos recordaba en esa su primera novela. Y ya han pasado cuarenta años, que se dice pronto. Marías, Javier Marías, es un escritor único en el panorama español y sus obras, más o menos una cada tres años, son maná que el cielo editorial nos regala, aunque la lectura de esta última me haya durado escasos dos días. Tal era el ansia y el placer de su catadura que me duró poco, bien poco, y me queda, como remedio postrero y bien placentero, su re-lectura y examen minucioso posterior.

María, que trabaja en una editorial en el centro de Madrid, coincide todas las mañanas en el desayuno con una pareja de apariencia perfecta en una cafetería. Al poco deja de verlos y, después de unas vacaciones, pregunta al camarero. Este le informa que el marido ha sido brutalmente asesinado por un gorrilla, un aparcacoches que vive en mendicidad. A los pocos días ve a la viuda de nuevo en el local. Se acerca a ella a darle el pésame y quedan para más tarde a tomar café. Las cosas empiezan a irse las manos en el momento en el que conoce a un amigo de la viuda, y se enamora pasionalmente de él.

Los enamoramientos es, quizá, una de las obras más fáciles de la bibliografía del escritor. Su trama es sencilla y, ante el escaso repertorio de personajes, no hay forma de que se pierda el lector. Otra cosa es que, aquel encauzado a lecturas fáciles de trama -esto es, planteamiento, desarrollo y traca final- se vea perdido ante la grandiosidad de la prosa de Javier Marías. “Ay, no. Ese es un autor que no creo que me guste”, suele ser una de las respuestas (excusas) más pausibles ante el ofrecimiento de una obra del escritor. Enfrentarse a un texto de Javier Marías es pagar un billete para entrar en un reino de palabras en el que el aburrimiento y la mala escritura están prohibidos por antonomasia. Pocas veces un lector puede acceder a una prosa tan perfecta, con tantos matices lingüísticos, tan rica en aspectos culturales y, sin embargo, tan inteligible. Javier Marías escribe en folios pautados y que, al acabar, sin que se note un ápice, nos borra línea a línea ese pentagrama por el que se rige. Su prosa es bella y musical, precisamente por ese impresionante despliegue de soliloquios y disgresiones, y de pautas regidas por la perfecta puntuación de los textos, y que nos seduce y nos enamora, sin posibilidad de escapar. Al acabar, indefectiblemente, tenemos “mono” de su prosa.
En las obras de Javier Marías hay aspectos realmente brillantes. Uno de los que más me sorprende es esa habilidad, me imagino que innata, no me cabe la menor duda, de ralentizar la acción y congelarla durante hojas y hojas sin deterioro den la continuidad o pérdida en la trama. Un ejemplo de ello es el dado entre las páginas 202 a 213, por ejemplo. En un cierto momento la protagonista cree que ha sido descubierta por su amante, en otra habitación, con un sospechoso, en algo que no debería haber oído. Su pensamiento, y sobre todo el discernimiento de qué tipo de ropa ha de ponerse -está desnuda en la cama en ese momento- para que, cuando entre él, si entra y no sale ella, que esa es otra de las posibilidades, no levante sospechas y pueda seguir obrando en confianza. Doce páginas de congelación de acción y discernimientos que son absolutamente deslumbrantes. Y ello se nos ofrece a cada poco, en un claro ejercicio estilístico y de diálogo interior. Un placer de lectura. Pero, como ya dije antes, si a lo que vamos es a saber quién es inocente, quién es culpable y el por qué de los hechos, mejor nos dirigimos a la sección de “best seller” de unos grandes almacenes y cogemos el primero que sea, da igual. Adentrarse a la obra de Javier Marías, en esta o en cualquier otra, es disfrutar de la escritura, de su escritura. Marías es el Ferrán Adriá de la escritura, un laboratorio de experiencias siempre satisfactorias y sensuales; es asimismo el Miguel Angel de la prosa, limándola y perfecccionandola hasta extremos inverosímiles, tales que no sintamos en nuestro tacto lector la más mínima raspadura sintáctica; en fin, nuestro Coco Chanell nacional, en cuyas páginas se respira imaginación, seducción y pulcritud.

Lo que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno de peso. Las únicas que no nos fallan ni defraudan son las que se nos arrebata, las únicas que no dejamos caer son las que desaparecen contra nuestra voluntad, abruptamente, y así carecen de tiempo para darnos disgustos o decepcionarnos. (Pag. 136)

Podría hablar más. Podría hablar de los juegos literarios con las obras de la literatura francesa a que alude y con las que hace malabares y son el alma de la novela. Podría hablar de ese cierre de obra con la edición de un cuento de Balzac del que se habla en toda la obra y que el propio autor editó hace unos meses en su colección particular. Podría hablar de ese barajeo de los personajes con los que juega y perpetra sus obras, ese universo ya tan nuestro como suyo, y que son viejos conocidos. Podría hablar de cómo en esta novela, y al contrario que en todas las anteriores, una mujer protagoniza la trama y rompe con los clichés establecidos durante cuarenta años… Javier Marías da para mucho. Pero ese mucho se obtiene en esos interludios en los que el lector se detiene y, abstraído, pone en marcha su raciocinio para adentrase en lo que la obra sugiere, en esos dominios del lobo a los que el autor nos conduce, de la mano, en cada texto. Y ello es el meollo de Los enamoramientos porque la obra, en sí, es “un asesinato, no más”.

Javier Marías (Madrid, 1951) es autor de Los dominios del lobo, Travesía del horizonte, El monarca del tiempo, El siglo, El hombre sentimental (Premio Ennio Flaiano), Todas las almas (Premio Ciudad de Barcelona), Corazón tan blanco (Premio de la Crítica, Prix l’Oeil et la Lettre, IMPAC Dublin Literary Award), Mañana en la batalla piensa en mí (Premio Fastenrath, Premio Rómulo Gallegos, Prix Femina Étranger, Premio Mondello Città di Palermo), Negra espalda del tiempo, Tu rostro mañana: 1 Fiebre y lanza (Premio Salambó), 2 Baile y sueño, 3 Veneno y sombra y adiós; de los relatos Mientras ellas duermen y Cuando fui mortal; de las semblanzas Vidas escritas y Miramientos; de la antología Cuentos únicos; de sendos homenajes a Faulkner y Nabokov, y de catorce colecciones de artículos y ensayos. En 1997 recibió el Premio Nelly Sachs, en Dortmund; en 1998, el Premio Comunidad de Madrid; en 2000, los Premios Grinzane Cavour, en Turín, y Alberto Moravia, en Roma; y en 2008 los Premios Alessio, en Turín, y José Donoso en Chile, todos ellos por el conjunto de su obra. Entre sus traducciones destaca Tristram Shandy (Premio Nacional de Traducción 1979). Fue profesor en la Universidad de Oxford, y en la Complutense de Madrid. Sus obras se han publicado en treinta y ocho lenguas y en cuarenta y ocho países, con casi seis millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Es miembro de la Real Academia Española.

Los enamoramientos es otra obra maestra, una más, del mejor prosista en lengua hispana y una de las más perturbadoras de los últimos años.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

12 respuestas hasta ahora.

  1. marta dice:

    Estoy totalmente de acuerdo en la capacidad de ralentizar la acción, en mi opinión, de tal manera, que su lectura acaba convirtiendose en círculos interminables sobre un mismo punto.
    Me sobra la mitad de la novela.

    PD: No siempre vamos a coincidir en las críticas.

  2. Carlos dice:

    Interesante crítica. Amplía la lectura del libro.
    Aquí la mía.

  3. Alicia dice:

    Después de su lectura, leí “Corazón tan blanco”, misma novela con 11 años de diferencia. Como en “Los enamoramientos” terminaba perdiendo el hilo de la trama,páginas y páginas de información que me parece que no eran necesarias.

  4. MaryCarmen dice:

    Seducida por tu crítica, leí Los enamoramientos. ¡Vaya novela! ¡Literatura en estado puro!

    • javier dice:

      Te puede gustar o no su estilo. Te puede gustar o no su obra. Pero, sin duda, Javier Marías es uno de los mejores prosistas del mundo. Eso, desde luego, es la pura verdad.

  5. Gemma C. dice:

    Refinado y sutil como un perfume de Guerlain, en tiempos en los que “lo que mola” es la pestilencia empalagosa y demodé de Angel de Thierry, Mugler

    Contundente y con enjundia como un cocido completo en tiempos de dieta Dukan, pero sofisticado y complejo como un album de Radiohead

    Denso y profundo, monologante como sólo él sabe ser. Qué culta es la Joven Prudente, qué culto Díaz Varela, voces de él mismo, la misma voz acaso buscando diferentes ángulos.

    Me encantan las referencias al Coronel Chabeurt, de Balzac, tb a Macbeth y su she should have died hereafter, a Dumas y sus mosqueteros, con un asesinato no más. Cómo regresan los muertos que no deberían hacerlo nunca, cómo los crímenes, en su mayoría impunes, son los mismos y se repiten a lo largo de los siglos, cómo la envidia se describía con tanto tino ya hace 400 años en el Covarrubias, o como se filtra algún medio verso de John Keats, Alone and palely loiternig…

    No se conocen frecuentemente o casi nunca personas tan cultas como la Joven Prudente, tan leídos y con tanta labia (y tan magnéticos labios) como Javier, antes de ser sólo Díaz-Varel. Si es que hasta los tunantes tienen cultura, Ruibérriz, oveja negra de su familia, entre sus trapicheos ejerce el de negro (en su acepción de escribidor de libros, discursos de otros (según la RAE Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.)

    Parquedad en los personajes y en los hechos, para reflexionar acerca de los enamoramientos, de la amistad, de la incondicionalidad de ambos, de la lealtad, el acabamiento, la impunidad de muchos crímenes y la imposibilidad de conocer del todo la verdad, siempre maraña. Al fin y al cabo, se trata de “un asesinato, no más”.

    Me gustaría saber, curiosidad malsana, cuántos de los ministros salientes y cuántos de los entrantes han leído a Javier Marías, una y otra vez, ya no es sus artículos (también espléndidos en un suplemento dominical), sino en sus novelas. Apuesto que ninguno, y apuesto sobre seguro, me temo. Así nos va.

    Marías, el que tanto tiempo fue vecino de Reverte, que se referia a él como mi amigo, el perro inglés.

    Larga vida (y, sobretodo, obra) al Rey de Redonda!

  6. TEO dice:

    Yo he tenido el atrevimiento de leer ENTERA esta obra y me ha parecido un auténtico suplicio, porque es aburridísima. Otro escritor sobrevalorado.

  7. carlos dice:

    Los soliloquios interminables están bien en algo de la altura de La montaña mágica. En este libro son sólo un coñazo de tomo y lomo.

  8. saramaga dice:

    Pues a mí me ha parecido un tostón. Todo el tiempo dando vueltas sobre el mismo tema una y otra vez, sin que de ellos saquemos una nueva reflexión sino la misma con distintas palabras. Para un relato estaría bien, para una novela le sobra la mitad.

  9. Alicia dice:

    Fue la primera novela que leí de Javier Marías (me encantan sus artículos en El País Semanal), y me ha gustado mucho.
    Es cierto que hay partes en las que se hace un poco pesada, una especie de casi-monólogos que parecen no terminar, pero merece la pena leerla despacio para no perderse nada. Porque de pronto, cuando menos te lo esperas, suelta una frase que te deja sin aliento. Siempre me han fascinado los autores que tienen tanta facilidad para expresar con palabras sentimientos profundos, y con los que me siento identificada. Tengo el libro lleno de partes subrayadas. He comenzado hace poco “Aquí empieza lo malo”, su última novela, y lo he hecho con un lápiz en la mano, despacio y con paciencia.
    Me gusta mucho cómo se mete en la piel de la mujer, me siento totalmente identificada. Sobre todo cómo habla del amor y de la muerte de un ser querido.

  10. alejandro aguila dice:

    Como es posible que el editor no haya cuidado el uso en exceso del verbo azar. Mas de 40 veces se utiliza.
    Desde mi punto de vista lastima la obra


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