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Mis críticas: El violonchelista de Sarajevo

Publicado por Javier El 22/11/2008 a las 23:43 Un Comentario

El violonchelista de SarajevoThe cellist of Sarajevo
Steven Galloway (El Aleph Editores)
238 Páginas – 18 €

Descendía envuelto en un alarido, rasgando el aire y el cielo sin esfuerzo. El blanco aumentó de tamaño, cada vez mejor enfocado por el tiempo y la velocidad. Hubo un último instante antes del impacto en que las cosas aún fueron como habían sido. Luego, el mundo visible explotó.

En los difíciles días de mitad del siglo pasado se hicieron las mayores atrocidades que se recuerdan. Entre ellas, en 1945 ardió la Biblioteca de Dresden y con ella miles y miles de obras. Entre los restos de la quema aparecieron unos compases de lo que se supuso era una obra de Tomaso Albinoni. El musicólogo que encontró estos acordes tuvo la idea de recomponer la melodía y que la Humanidad no perdiera algo tan valioso. Después de doce años de trabajo salió a la luz lo que desde entonces tiene el nombre de «Adagio de Albinoni«. Los eruditos tacharon de incongruente dicha composición al no atenerse al estilo tan característico del músico. Aún y así todo ello no ha sido inconveniente para que la pieza sea una de las más famosas del repertorio de música clásica de todos los tiempos.

Casi cincuenta años después, un violonchelista, residente en Sarajevo, observa desde la ventana de su piso una cola de gente que se amontona en la acera de enfrente, en la puerta de una panadería. Un misil cae en ese momento y mata a veintidós personas y deja malheridas a muchas más. Ese músico, conmovido por el hecho, resuelve bajar todos los días al agujero dejado por el obús y, como homenaje a los desaparecidos, interpretar veintidós adagios de Albinoni, uno cada día y uno por cada uno de los caídos, y precisamente esa melodía, la obra rescatada de las cenizas por amor a la Humanidad y a la memoria de los creadores.

Y este es el comienzo, basado en hechos reales, de esta memorable obra que transmite, como pocas que han caído en mis manos, las vidas de los residentes en ciudades asediadas por razones que se escapan de nuestra lógica. No sólo el violonchelista, pieza central de la historia, será el protagonista de esta novela. Hay otros tres personajes que ayudan a vertebrar este relato. Dragan, un hombre que no tiene valor suficiente para cruzar un puente asediado por francotiradores, un hombre que ha de traficar con el poco pan que obtiene de su trabajo para poder conseguir viandas con qué sobrevivir. Flecha, una francotiradora, una mujer joven con más dignidad que ningún otro y no sólo de aquellos que cercan la ciudad desde las colinas. Una mujer que es consciente del valor del violonchelista y le salvaguarda en su heroicidad con su profesionalidad demostrada. Y por último Kenan, un pobre hombre, casado y con hijos pero hundido en su soledad y en su fracasado matrimonio. Ha de acudir cada tres o cuatro días a una destilería, el único sitio del que se obtiene agua potable en la ciudad, salvando trampas mortales para cargar con garrafas de agua para su familia y para una odiosa vecina a la cual soporta con innegable estoicismo y compasión.

Son cuatro vidas. Son cuatro colores. Cuatro colores que unidos dan el gris ceniza con el que se nos pinta el panorama desolador de una ciudad devastada por las bombas y cuyos residentes aguantan porque, si se van, saben que no podrán volver. Sarajevo es lo que son sus vidas. Y en este asedio, uno de los mayores que se recuerdan a una ciudad, está la razón de su existencia. El orgullo y dignidad de seguir viviendo como personas, no como espíritus sin alma, es lo que da razones a sus vidas para seguir aguantando este terrible asedio.

… Pero las cosas no siempre son lo que parecen. Si esta ciudad va a morir, no será a causa de los hombres de las montañas, sino de las personas del valle. Cuando se conformen viviendo con la muerte, convirtiéndose en lo que los hombres de las montañas quieren que sean, entonces Sarajevo morirá.

Nos encontramos ante un libro muy singular. Si pensamos en la mayoría de las novelas que leemos, en todas ellas hay un único protagonista. El pobre escritor se las ve y se las desea para meternos en su piel, para adentrarnos en su pensamiento y gozar, o sufrir que es lo más usual, con sus vivencias. La obra que tengo en mis manos tiene nada menos que cuatro protagonistas, todos ellos imprescindibles, con sus dispares vidas y con un anhelo común: salvaguardar esa dignidad sin la cual su vida no será la misma una vez acabada la guerra. Y en todas esas vidas nos metemos hasta los huesos. Y seremos testigos de las mayores heroicidades del ser humano: salvar una melodía de su desaparición, conseguir unos mendrugos de pan, llenar unas garrafas de agua o cruzar un puente sin haciendo caso omiso del sentido común, que nos llama para que corramos ante la línea de francotiradores que nos apunta. Y esta historia está narrada con un lenguaje bello, sobrio y contundente, que nos hace dudar de si estamos ante una novela o un ensayo. Por poner una pega a este libro resaltaré lo incongruente de la portada; creo que si el creativo se hubiera leído la obra, al menos por encima, habría visto que no tiene nada que ver con ese desnudo tan gratuito con el que nos obsequia y que hará que cierto público no la lea al pensar en un relato rosa o por el estilo.

Steven Galloway, nacido en Vancouver en 1975, escribió su primera novela en el año 2000, Finnie Walsh, y fue nominada al premio de mejor novela del año en Canadá por Amazon Books. Posteriormente edito Ascensión, su segunda obra de ficción. El violonchelista de Sarajevo es su tercera obra y ha llegado a todos los rincones del mundo. Ejerce como profesor de escritura creativa en New Westminster.

Creo sin temor a equivocarme que es uno de los mejores hallazgos del año, un libro intenso, vivo, con una profunda carga de principios morales y que nos hace sentir dentro de ese cerco que tanto nos humilló a todos los humanos. Imprescindible.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

Una respuesta hasta ahora.

  1. Paqui dice:

    Me ha parecido una crítica del libro inmejorable. Es incríblemente placentero leer algo que coincide plenamente con lo que uno piensa y ha sentido al leer el libro. De alguna manera, todos los lectores subyugados por la lectura de este magnífico libro, hemos sufrido los horrores del asedio en Sarajevo en nuestra propia piel. Un libro extremadamente humano, narrado con una prosa «seria» y a la vez, con grandes dosis artísticas.No hay «buenos» ni «malos», solamente seres humanos atrapados por el sinsentido de una absurda guerra ( como todas)y que tanto los de un bando como los de otro, se rinden ante la belleza, la humanidad, y el arte simbolizados mediante una de las piezas barrocas más hermosas: » El adagio » de Albinoni.
    Es emocionante el momento en el que el francotirador contratado par matar al violonchelista, se queda «hipnotizado» por la belleza que sale de ese violonchelo y es incapaz de apretar el gatillo. De igual manera Flecha, al oir al violonchelista, siente de golpe toda la humanidad y dolor de que es capaz, sentimientos que, desgraciadamente, ha ido perdiendo con la guerra.
    Una frase subrayable:»¿Se enfrenta uno al terror que debe acompañar a la certeza de estar a punto de morir, sólo para poder lanzar una última mirada al mundo?….
    Un magnífico libro, y magnífico escritor.


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