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Mis críticas: El señor Ibrahim y las flores del Corán

Publicado por Javier El 07/12/2008 a las 9:17 5 Comentarios

El señor Ibrahim y las flores del CoránMonsieur Ibrahim et les fleurs du Coran
Eric-Emmanuel Schmitt (Ediciones Obelisco)
Traducción Alex Arrese
80 Páginas – 11 € (tapa dura) / 6 € (tapa blanda)

Lica apareció un buen día por la librería. De eso hace unos años. Es una mujer joven, pero no una jovencita, y con rostro de felicidad. Pero esa felicidad que hace que su interior sereno vaya sedimentando en su físico, poco a poco, creando un aura especial imposible de ocultar. Sonrió y sus labios soltaron un hola despreocupado. Me preguntó por un libro. Y por suerte -no por suerte, que hay cosas que no dependen de la suerte- lo tenía. Me dijo si podía disponer de dos ejemplares. “Claro”, respondí. “Son para regalo. Pero no me los envuelva porque antes de darlos quiero dedicarlos”, me dijo. Y al poco se fue. Pero no para siempre. Cada dos por tres aparece por la librería. A por el mismo libro. Siempre el mismo. Se lleva dos, tres, depende. Una vez tuve el coraje de recomendarle otro diferente, pero con un tema bastante parecido. Al poco me dijo que le había gustado bastante. Pero ese mismo día se llevó otra vez dos libros de los de siempre, como el del primer día. Y ayer vino de nuevo. Con esa sonrisa que sólo pertenece a ella. Yo estaba leyendo otra vez, qué casualidad, su libro. Se acercó y cogió otros dos ejemplares. Ya sabe perfectamente dónde están: están en el mismo estante de siempre, detrás de la columna, donde siempre han estado desde que monté la librería, esperando a que ella llegue, esperándola desde siempre. No se los envolví, claro. Hasta pronto.

Ahora soy Momó, el de la tienda de comestibles de la calle Azul, la calle Azul que sigue sin ser Azul.
Todos me conocen como el árabe del barrio.
Árabe quiere decir que “el colmado está abierto desde las ocho de la mañana hasta la medianoche, incluso los domingos”.

Seguro que no os descubro este libro. De eso estoy plenamente seguro. Pero era una deuda que tenía conmigo mismo. Y con Lica. Y con su autor, por descontado.
Esta fantástica novela corta -de extensión- de Eric-Emmanuel Schmitt tiene 79 páginas. No ochenta que sería lo lógico, un número par. Tiene 79 ya que acaba la última frase en esa misma página setenta y nueve. Y es la frase que he escrito un poco más arriba. Una frase que es una declaración de derechos humanos en sí y uno de los finales de obra más contundentes de los que se han escrito en la literatura. Claro, que también podía haber escrito el párrafo con el que da comienzo este relato:

A los trece años rompí mi cerdito y me fui de putas.

La frase con la que comienzan los libros es algo muy importante. Y por ella a veces nos guiamos para depositar nuestra confianza en el posible valor de lo escrito a continuación. En nuestro caso esta primera frase está escrita en la novena página. Si echamos cuentas vemos que, al final, estamos ante un libro de 71 páginas escritas. ¿Una novela breve? Sí, si juzgamos el valor contextual por la cantidad de celulosa. Pero en el caso de esta obra es quizás la novela más rentable que podamos adquirir. Y de eso doy fe. La he leído incontables veces desde su primera edición en España en mayo de 2003. Dos años antes en Francia. Y seguiré leyéndola durante toda mi vida.

¿Qué se puede contar en tan sólo setenta y una páginas? Bueno, depende del autor. Para la mayoría, una introducción a una obra que no vamos a llegar a acabar. Para algunos, un comienzo alentador de una buena historia. Para muy pocos, pero muy pocos, una obra maestra. Sin ir más lejos, “El señor Ibrahim y las flores del Corán“.

Con el señor Ibrahim me estaba dando cuenta de que los judíos, los musulmanes e incluso los cristianos habían tenido en común muchos y grandes hombres antes de darse de tortas… (Momó)

¿Qué de qué va el libro? Vaya, se me olvidaba. Va de un niño que dice que se llama Moisés, aunque su amigo, el árabe, se empeña en llamarle Momó. Va de un tendero, filósofo en ratos libres, que se pasa la vida sentado en un taburete y piensa que todo está ya escrito en el Corán. Va de cómo el amor es capaz de salvar cualquier obstáculo de la vida. Va de una amistad que está por encima de edades, creencias y sexos. Va de los verdaderos valores de la existencia y de la maduración que se sufre al afrontar los problemas que nos van saliendo al paso. Va de infinitas cosas más y cuya enumeración sería interminable. Y todo ello en, repito, 71 páginas con una dulzura y una gracia que encontramos en pocos libros.

Me hacía entrar en templos religiosos con los ojos tapados con un trapo para que yo adivinara, por el olor, de qué religión se trataba.

– Aquí huele a cirio. Esto es católico.
– Sí, es San Antonio.
– Aquí huele a incienso. Esto es ortodoxo.
– Sí señor, es Santa Sofía.
– Aquí huele a pies. Esto es musulmán. ¡Jo, vaya pestazo!
– ¿Cómo? ¡Pero si es la Mezquita Azul!…

Lica me dijo que es un libro que puede leer todo tipo de gente. Yo voy más allá. Es un libro que tendría que ser de lectura obligatoria para cualquier persona de este mundo.
Intenso, humilde, adictivo, alegre, romántico, esclarecedor, respetuoso, poético…
Una obra maestra. ¿Qué más se puede decir?


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

5 respuestas hasta ahora.

  1. Anna PF dice:

    Un libro con pocas paginas pero muy intenso, la historia deja huella.

  2. Javier dice:

    Estoy de acuerdo Anna.
    Pocos libros cuentan tanto en tan pocas páginas.
    Un saludo.
    Javier

  3. Un libro lleno de luz, de humanidad, de sabiduría…Es bueno que exista una hermosa película,basada en e libro, y que se esté remontando en teatro con un veterano actor-batallador, Juan Margallo, el del Gayo Vallecano, ¿os suena, o sóis muy jóvenes…?
    Pues el Sr. Ibrahim…forma parte de una trilogía, llamada de lo invisible, que la completan “Oscar y Mamie Rose” y “Milarepa”, de nuevo libros cortitos, pero intensísimos. Si los leéis ya me contáis.
    Saludos lectores, Nerea

  4. GONZALO dice:

    Es una pena que este libro sea tan corto porque se convierte en una lectura demasiado rápida. Todo se presenta en pequeñas pinceladas. Quizás el autor podía haberse detenido un poquito mas en cada situacion, en cada de una de las maravillosas vivencias y ocurrencias que nos presenta. En fin, como esto no es posible, entonces, tendre que leerlo, que delicia, otra vez

  5. Javier dice:

    Gracias Gonzalo por las palabras que dedicas a la página y gracias por tus comentarios. En las obras de literatura creo que es mucho más difícil -y merecedor- lograr que se nos hagan cortas y que echemos de menos algo más de trama que todo lo contrario, notar que hay personajes que son totalmente superfluos o que le sobran unas cuantas páginas. Es por ello por lo que prefiero leer dos veces una buena y breve obra a saltarme párrafos y párrafos en otras. Y, sí, es cierto, El señor Ibrahim es una delicia y se nos hace demasiado corto de lo bueno que es. Un saludo.


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