La librería de Javier

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Tinto de verano: Recortando cabecitas

Publicado por Javier El 03/08/2011 a las 7:01 4 Comentarios

Nuestra vida se compone de incertidumbres y aburrimiento. Las proporciones no son tan exactas como las que tiene nuestro cuerpo respecto al agua, al aire, al fuego y a la tierra, los elementos clásicos de nuestras tabla periódica vital. De hecho, esas incertidumbres, que son las que colorean nuestro lienzo existencial, varían a lo largo de nuestra vida. Y somos nosotros, muchas veces, los que vamos dando palos de ciego, brochazos inesperados, que se sobreponen unos sobre otros sobre una misma tela, la del paso de nuestros días. Y seguimos dando brochazos y brochazos, tantos, hasta que creemos haber encontrado el color que más nos satisface. Pero esos trazos que quedan inmersos en lo más profundo de nuestra tela son tan inherentes a nosotros como el último depositado, el más superficial. Sin esa experiencia, sin esas pruebas de color ocultas entre los hilos de nuestro pasado no podríamos haber edificado nuestro óleo presente. No tiene sentido tratar de hacer desaparecer esos colores de fondo sin alterar el paisaje actual, el que se descubre ante nuestros ojos. Y aquellos, aquellos que tratan de anularlo, de hacer como si esa etapa de trabajo y existencia nunca hubiera existido, están anulando parte de la obra, parte de su vida. Hay fotos del pasado que afloran como corchos entre las olas. Hay personas que acabaron traicionándonos a las que difuminamos en nuestra memoria. Las desplazamos de tal forma que parece como si nunca en la vida hubieran pasado por nuestro camino. Pero, si alguna vez, en esos cambios de armario en los que guardamos los jerseys de invierno para sacar las camisetas de algodón, aparecieran de nuevo, como espíritus del pasado, yo nunca les daría la espalda. Formaron parte muy sustancial de mi vida pasada y son, sin ninguna duda, parte del cimiento estructural de la presente. Me da mucha tristeza ir casa de una amiga y que, por azar, me muestre fotos con caras tachadas o decapitadas, como si por el hecho de recortar esa carita del “desaprensivo”, hicieran un ejercicio de satanismo y borraran de su pasado esa parte que, ahora, les estorba. Aunque recortes esa cara de la foto, tu pasado será el mismo. Eso, ya, es inamovible. Y puestos a pensar… tampoco fue tan malo como lo pensamos ahora. “No acuses a tu ex de poco juicio; hace poco te eligió como esposa”, le diría parafraseando al escritor.


4 respuestas hasta ahora.

  1. kiriela dice:

    ¡qué sabio eres amigo!

  2. Victoria dice:

    Es cierto, el pasado está ahí, latente, y nos hace crecer. Puede o no latir de nuevo, eso depende de nuestros “orbitales”.
    PD dan ganas de beberse la foto!!!! Uhmmm…