El rincón de Javier

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Tinto de verano: ¡Pero qué desperdicio, Dios mio!

Publicado por Javier El 06/07/2011 a las 7:00 Añadir comentario

¡Pero qué mal que anda el mercado! Tengo unas cuantas amigas, simpáticas, guapas, marchosas y con trabajo y que, aunque no os lo creáis, están solteras. Y esa es la frase que sale de sus bocas cuanto menos lo piensas. Me comentan que el mercado de hombres está muy mal. «Cuando encuentras uno divertido, de buen ver y con trabajo, resulta que, o está casado, o es gay». Y es que, después de unos meses de estar con ellas, tienen toda la razón. Qué difícil es encontrar un «hombre de verdad».
Entramos en la créperie de Gaby y Cristiana después de ir a bailar y pasar calor al desfile del orgullo gay de este año. «Qué desperdicio, Dios mío», esa es la frase que resuena a cada tramo de la manifestación y con la que se quejan las solteras que acuden en masa a la calle Alcalá, arriba y abajo, con ganas de pasar un rato divertido y que han ido a pasar la tarde y a hacerse una tanda de fotos con los maromos esculturales. Y es que los tiempos cambian. Si hace unos veinte años estos desfiles tenían un carácter reivindicativo y de alarma social, con el tiempo y los alcances conseguidos, han quedado en una simple fiesta de culto al cuerpo -¡y qué cuerpos!- y de carnaval. Y claro, las pobres chicas que acuden a este evento, después de ver tanta tableta de chocolate y petisuis enseñando palmito, se vuelven a sus casas con las hormonas alteradas.
-Oye, Luisa, tú que llevas tiempo sin pareja, si quieres te presento a un chico que viene por aquí todas las mañanas y que está soltero- le comenta Gaby a mi amiga.
-Pero, ¿cómo es? ¿está bueno? ¿tiene trabajo?- le pregunta Luisa.
-Trabajo sí que tiene. Viene aquí a desayunar alrededor de las once todos los días. Y no tiene chica. Creo que es funcionario.
-¡Ah, eso pinta muy bien! Pero, digo, ¿es guapo?
– Bueno… de eso yo no entiendo.
-¿Pero Gaby, cómo no vas a saber si un tío es guapo o es un callo.
-Yo es que no soy gay y no entiendo de esas cosas- le suelta a mi amiga.
-¡Anda ya! ¡Eso no me lo creo! Sea un hombre o una mujer, cualquiera puede decir si es agraciado o es un adefesio- le responde Luisa.
De pronto interviene en auxilio del pobre Gaby Candela, que está en la barra sirviendo bebidas.
-Ese chico no es guapo, esa es la verdad. Es simpático… masculino… pero, lo que es guapo, seamos sinceros, no lo es en absoluto- comenta Candela.
-Pues entonces nada- salta Luisa. -El cupo de los amigos gays, de los casados, de los parados, de los divorciados con hijos y de los simpáticos feos lo tengo cubierto. Lo siento mucho. Los años pasan y ya no está una para perder el tiempo.
Acabamos la cena y nos despedimos de nuestros amigos. Hace una buena noche y vamos camino de su casa, acompañándola, tomando un helado. De pronto, sin venir a cuento, lanza un suspiro.
-¡Pero qué desperdicio, Dios mío!


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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