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Mis críticas: La dulce envenenadora

Publicado por Javier El 18/12/2008 a las 9:18 5 Comentarios

La dulce envenenadoraSuloinen myrkynkeittäjä
Arto Paasilinna (Editorial Anagrama)
Traducción de Dulce Fernández Anguita
198 Páginas – 17 €

…Y una dama es una dama, incluso en el infierno.

Recibir un libro de Paasilinna en la librería es motivo de fiesta. No para cerrar el establecimiento y salir pitando; pero sí para olvidar los otros libros que vienen en el envío y ponerse tranquilamente a leerlo con una buena taza de té en la mesa. Siempre me ha ocurrido, y con esta nueva obra más aún.

Arto Paasilinna es un cachondo mental nacido en Kattila, Finlandia, en 1942. Entre sus múltiples oficios ejercidos figuran guardabosque -por donde deducimos su facilidad para catalogar las plantas que en los bosques de todos sus libros aparecen-, periodista -lo cual es fácil de sospechar por su agilidad en el lenguaje y su prosa deductiva- y poeta -genero que, ¡gracias a Dios!, abandonó para dedicarse a la novela-. Es un autor bastante prolífico, aunque en España sólo pueden encontrarse traducidas cinco de sus obras, cuya fama en su país natal es impresionante y sus novelas han llegado a todos los rincones del mundo.

La novela que acaba de llegar a nuestras manos, la más divertida de todas ellas, es una obra negra, negrísima, que muy bien pudiera ir firmada por Rafael Azcona si este último hubiera nacido en ese gélido país.
Argumento: Línnea es una anciana, viuda de un militar muerto hace años, que disfruta, en una tranquila casa de campo rodeada de sauna, bosques y un mimoso gato, de sus últimos y placenteros años. Todo se empieza a complicar en el momento en el que aparece un sobrino olfateando el dinero de la pensión y obligándola cada primero de mes a entregárselo para que, con sus dos peligrosos y gamberros amigos, puedan llevar una vida de vicio y perversión. La situación llega al límite en el momento en el que la hacen firmar un improvisado testamento en el cual figura como heredero universal de todos sus bienes su sobrino Kauko. En ese momento ella empieza a temer por su vida y huye de la casita de campo dejándoles ebrios y destruyendo todas las posesiones de la anciana. El macabro sobrino y sus esbirros se dan cuenta de la huida y van tras de ella. Y aquí empieza el rocambolesco destino de estos personajes en sitios tan dispares y variopintos como la imaginación del escritor es capaz de crear.

He de confesar que empecé a leer el libro con un estado de incomodidad y ansiedad terrible. El grado de gamberrismo del sobrino y sus secuaces, despiadados asesinos para ser más exactos, nos produce un escozor en los sentimientos que nos hace avanzar y avanzar en el texto con suma desconfianza, al no poder dar crédito a tal grado de perversión y degeneración. Imaginémonos La Naranja Mecánica. La situación del lector en tales momentos roza la desesperación más extrema. Pero llega un momento -que no descubro- en el que hay un cierto incidente con uno de los energúmenos que nos hace ver el verdadero sentido temático del libro. ¡Qué granuja es el escritor! Es solamente entonces cuando nos relajamos y disfrutamos de la lectura. ¡Y cómo! No me equivoco si afirmo que es uno de los más divertidos libros que he leído este año. Y de los más bestias, todo hay que decirlo.

El estilo de la prosa es el característico del autor: trazos rápidos, muy rápidos, frases concisas, carencia de pasajes innecesarios, descripción perfecta de los personajes de la obra, lenguaje sencillo y contundente y situación en el tiempo sin perder páginas en absurdas localizaciones o historias secundarias. Y respecto a la estructura resulta totalmente planificada, con escenas muy visuales, como si de un perfecto guión se tratara, y una utilización de personajes y protagonistas absolutamente magistral. No hay escena en la que no domine lo absurdo, lo grotesco, lo desternillante o lo macabro. Humor inglés, de Finlandia, y negro a raudales.
El relato, además de hacernos pasar unos ratos impagables, nos regala un retrato de las frustraciones de las nuevas generaciones, sin rumbo fijo y sin sentido de ética alguno, junto al desamparo de la tercera edad en el mundo. Pero, sin perder un ápice de la trama, nos hace un repaso de la epidemiología actual de la sociedad mundial: violencia extrema, sida, prostitución, enriquecimiento instantáneo, pérdida de valores…

Su planteamiento nos recuerda a obras maestras de la cinematografía. Cabría destacar escenas de Chaplin o Keaton en los pasajes más absurdos de la historia -sin ir más lejos los policías comiéndose el cerdito que han robado y puesto a asar los delincuentes ocultos en el bosque a los que persiguen-. Pero también hay partes que nos recuerdan a «Arsénico por compasión» y es aquí cuando la endeble y amable viejecita nos resulta el elemento más depravador conocido hasta la fecha. Pero hay un algo romántico y nostálgico en la novela impagable. Y esos trazos, que se sitúan a lo largo de todo el texto, nos hacen rememorar una obra maestra del cine inglés bastante olvidada en estos tiempos. Me refiero a «El Quinteto de la muerte» (Ladykillers). Una película de Alexander Mackendrick del año 1955, en plena época dorada de los estudios Ealing ingleses, en la que una pobre viejecita alquila a unos mafiosos ladrones de bancos la parte superior de su casa creyendo que son una pequeña orquesta de cámara. Los viejecitos amigos de la arrendadora paran por la casa bastante a menudo y empiezan a descubrir cosas. Los golpes fallidos y el retrato de unos tiempos ya perdidos son insuperables.

No puedo tener palabras más elogiosas acerca del texto en cuestión. Es literatura en estado puro. Para amantes de la buena lectura; para devoradores de novela negra; para los que quieren deleitarse un buen rato después de leer un texto sesudo; para jóvenes con ganas de divertirse. Para todos los públicos. Texto obligatorio.

Quizás el mejor libro que nos ha deparado este fin de año.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

5 respuestas hasta ahora.

  1. Emilio Tomé dice:

    Lo siento pero no coincido en que otorga ratos impagables, ni he sido capaz de encontrarle humor inglés.
    Sobre el humor finlandés, no tengo datos, pero la novela en sí no me aportó nada.
    Y en la librería me la recomendaron con la misma pasión que lo haces tú.
    ¿Seré yo el raro?
    No obstante, gracias por tu página una vez más.

  2. Javier dice:

    Siento que no te haya gustado el libro, Emilio.
    Bueno, no todo lo que recomiendo ha de gustar a todo el mundo. Los dos registros que tiene la obra, bastante contrapuestos, pueden no ser del agrado de todo el mundo. Pero, eso sí, la socarronería que desprende es de primer orden.
    Un saludo.

  3. Gabriel dice:

    A mi, en cambio, me ha fascinado. El humor negro que rezuma toda la obra y el personaje de la coronela Ravaska son sumamente curiosos porque no tenemos ningún autor parecido en nuestro alrededor. Muy bueno.

  4. GONZALO dice:

    La terminé en agosto. No ha terminado de emocionarme, la verdad. El humor negro, la abuelita nada inocente, el terrible trio de amigotes, no han conseguido cautivarme. La he terminado por inercia, porque se lee fácilmente. En cualquier caso, agradezco la recomendación.

  5. […] Hermes como soy cojo el libro de unas manos y lo pongo en otras: La dulce envenenadora. […]