La librería de Javier

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Tinto de verano: La importancia de una buena tipografía

Publicado por Javier El 30/07/2011 a las 7:00 5 Comentarios

Estoy a punto de cerrar al mediodía cuando me llega un chico de unos 30 años cargado con una caja. Me comenta que ha editado un libro. Y como los gastos de distribución son bastantes considerables, ha optado por llevarlo librería por librería. De esta forma, el porcentaje de la distribuidora puede recalar en el precio final haciéndolo más asequible a los lectores. No es que sea yo un partidario de las autoediciones. El desmadre que genera a la hora de su control es increíble. Y más cuando hay autores que se pasan a los cinco años a ajustar cuentas. El chico es simpático y accedo a leer las primeras líneas de su obra. Los libros van precintados. Abre uno. Y la sola mirada hacia su tipo de letra ya me echa para atrás.
-He tenido que poner una letra pequeña para utilizar menos papel y que me salga más barato en imprenta. Pero ya me he dado cuenta, por varios libreros que me han rechazado el libro, de que me he equivocado.
Y dice bien. He de confesar que tengo ciertos problemas con la vista. Ello me hace decidirme a escoger lecturas cuya obra tenga una caja “generosa”. Lo que quiero decir, y con la experiencia de estar vendiendo libros desde hace ya décadas, es que se vende mucho mejor un libro con un tipo de letra clara y grande que otro con una tipografía anticuada o pequeña. Y la carestía que lleva a editar con diferente tipografía es nula. Me explico. Si pasamos de un tipo elegido de letra 12 a 11, puede que en una obra de mediana extensión, esto es, de 250 a 350 páginas, nos ahorremos dos páginas, una hoja de impresión. Si pasáramos, en cambio, de la 12 a la 10, el ahorro sería de 5 páginas (dos hojas y media). Sabiendo que los cuadernillos se componen de 16 páginas -8 hojas-, el ahorro no llega a un cuadernillo, que en términos comerciales es alrededor de dos o tres céntimos. El gasto sería en el proceso de imprenta más “extenso”, con un aumento de alguna plancha más, por donde la imprenta podría encarecer a la editorial su precio de impresión, pero vamos, respecto a la cantidad final de la obra, despreciable. Lo que no piensan es que, si mantuvieran esa tipografía del doce, por ejemplo, aumentando el tamaño de la hoja, unos milímetros, no más, o rebajando los amplios márgenes -a veces parece que están destinados a rellenar para parecer más grande la novela y cobrar más- esa obra vendería mayor cantidad de ejemplares. Y a veces ni siquiera eso, ya que al acabar la novela nos encontramos muchas veces con dos o tres hojas en blanco, como para tomar apuntes. Así de claro. Si miramos los éxitos de ventas de grandes almacenes y librerías de gran extensión, donde el lector escoge por sí solo la obra, nos damos cuenta de que todas las novelas de esa selección tienen el tipo de letra grande, muy por encima de 11. Las editoriales se quejan de que los libreros hacen poco caso a algunos de sus lanzamientos o que, inexplicablemente, los lectores han rechazado de plano una obra. Si tuvieran un poquito de sentido común verían que los lectores, al coger una obra para comprarla, aparte de una bella portada, un autor conocido o un título sugerente, abren el libro y miran el tipo de letra. Y ese detalle es muy importante para una venta. Lo malo es que los diseñadores y dueños de editoriales, subidos en esa nube desconectada del mundo real, no palpan el sentimiento del lector y se creen que con cualquiera de las otras características vale. Una pena. La racanería se paga cara.


5 respuestas hasta ahora.

  1. Isi dice:

    Totalmente de acuerdo. Todo el conjunto del libro es muy importante, incluido el tamaño de letra.
    Voy a hacer mención también a la fuente misma, independientemente del tamaño, porque me has recordado un percance que tuve con un libro hace poco. Se trata de La doctora de Maguncia, que tiene un tipo de letra que, en las parrafadas del libro, se hace insoportable para la vista. Y eso que es de buen tamaño, pero nada, que veía esas letras y se me quitaban las ganas de leer ese libro. Tanto me sorprendió que incluso miré los libros que tengo en casa de esa editorial (Maeva) y, efectivamente, no habían usado ese tipo de letra en los demás.
    Parece que soy una quisquilla, pero lo digo en serio: me molestaba leer ese libro!! (además no me gustó demasiado).

  2. javier dice:

    Hay una cierta editorial de la que, desde hace un buen tiempo, no suelo recomendar libros por el pequeño tamaño de la letra a pesar de los grandes márgenes que utiliza y el cuidado externo de sus ediciones.

  3. Juan dice:

    Misterios sin resolver: ¿por qué un libro inglés ocupa 350 páginas, y ese mismo libro traducido al español ocupa 500? No, no pienses mal. No es que el traductor español haya metido cosas de su propia cosecha. Es la editorial, que a veces parece que quiere vender libros “al peso”, aumentando los márgenes de las hojas innecesariamente.
    Por cierto, este año me he dado cuenta en la playa que los biceps de los lectores han aumentado. Y no me extraña. Se pasan el día cargando con unos libros tan voluminosos que parecen auténticos ladrillos (perdón por la palabra; no es una indirecta).

    • Javier dice:

      A veces no es como parece. Otras veces sí. Recuerdo en un encuentro con el escritor norteamericano Steven Saylor que nos hablaba, a raíz de la salida en España de su obra “Roma”, que estaba asombrado de la traducción española. En la versión inglesa el libro tenía 554 páginas, y en español nada menos que ¡¡¡684!!! Nos comentaba que debía ser porque las palabras en español eran más largas. Y deseaba que fuera eso ya que, si no, tendría que dar un 25% de lo ganado al traductor, ya que habría añadido de su cosecha esas 134 páginas de más que había escrito de su puño y letra.

  4. Juan dice:

    jajajaja Muy bueno