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Mis críticas: El procurador de Judea

Publicado por Javier El 28/08/2011 a las 6:54 Añadir comentario

Anatole France (Editorial Contraseña)
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón
Posfacio de Leonardo Sciascia
Ilustraciones de Eugène Grasset
72 Páginas – 10 €

Es de sabios no poner temor ni esperanza en el futuro incierto. ¿Qué importa lo que piensen los hombres de nosotros? Solo a nosotros mismos nos tenemos por testigos y jueces. Afiánzate, Poncio, en el testimonio que das de tu virtud. Conténtate con tu propia estima y con la de tus amigos. Por lo demás, no se gobierna a los pueblos solo con blandura. Esa caridad del género humano que aconseja la filosofía poco tiene que ver con lo que hacen los hombres.

Ha querido la Editorial Contraseña tener como lugar de origen este pequeño relato de Anatole France que honra en gran medida su puesta de largo. En tiempos en los que se busca el margen comercial sin cortapisas, la aparición de una editorial con el único objetivo de ofrecer novelas de calidad con estudios de autor y obra incluidos, escritos por afamados entendidos, bien editados y con ilustraciones cuando ha lugar, siempre es bien recibido. Con “El procurador de Judea”, en marzo de 2010, hizo su aparición en el mercado y ya ha cosechado premios tan loados como el de Mejor Libro Editado en el territorio nacional en 2010, otorgado por el Ministerio de Cultura.

La breve obra de Anatole France se compone de dos diálogos entre Poncio Pilatos, ya retirado en Sicilia y dedicado al cultivo del campo, y que vive acompañado de su hija en Sicilia, y un antiguo compañero de fatigas, Aelio Lamia, que le recuerda tiempos pasados. Un repaso a sus andanzas cuando era procurador de Judea, veinte años atrás, le hace recordar sus enemistades con los judíos, pueblo indómito que no aceptó la amistad de los romanos y le trajo más de un problema. Dos diálogos que recuperan la curiosa memoria del prócer y su selectiva forma de archivar pensamientos. Un texto que enlaza con otros de temática social de la época, a través de su profundo y denso contenido, tal como, por ejemplo, “San Manuel Bueno, mártir” de Miguel de Unamuno”.

Es cuestión de gran trascendencia -dijo Lamia- el saber si debemos hacer felices a los hombres a pesar suyo. (Pag. 36)

El procurador de Judea es un muy breve cuento que tiene sentido a través de ese final dilapidante que posee. Con frases increíbles e irremplazables es uno de los relatos más curiosos de la historia de la literatura. Este cuento se publico por vez primera el día de navidad de 1891, en Le Temps. Pero, la primera vez que se editó en libro fue un año después, al formar parte de una colección de relatos dentro de la obra “El estuche de nácar”. Diez años más tarde, el editor Édouart Pelletan lo rescata para publicarlo de manera excepcional e individual con una bellas ilustraciones de Eugène Grasset. Desaparecido al poco tiempo de librerías fue rescatado por Leonardo Sciascia, con una traducción y notas de su autoría, para la editorial Sellerio en el año 1980. La editorial Contraseña ha puesto un eslabón más en la cadena publicándolo asimismo de forma única y recuperando los grabados de la edición original francesa así como los comentarios de Sciascia en su edición italiana. Y para esta edición ha contado con un estudio de obra fantástico de Ignacio Martínez de Pisón y la cuidada traducción de María Teresa Gallego Urrutia que ha dotado a este texto de la calidez de los clásicos romanos o griegos. En definitiva, un cofre de verdadero lujo para una perla de la literatura universal.

Anatole France (1844 – 1924), hijo de un librero del quai Malaquais de París, alcanzó en vida todos los honores a que puede aspirar un artista: de laureado académico a Premio Nobel. No por ello se alineó con el pensamiento dominante, sino que tomo partido en favor del capitán Dreyfus y en contra del antisemitismo, tan presente en aquella época en su país; al final de su vida, se convirtió en una activo defensor de los derechos civiles. Conocido por su obra en prosa (El crimen de Sylvestre Bonnard, La isla de los pingüinos, Los dioses tienen sed…) comenzó, sin embargo, como muchos autores del siglo XIX, con algunos libros de poesía. Pese a todo, para una gran mayoría de la crítica, con sus relatos alcanzó la cima de su creación literaria. El procurador de Judea es, sin duda, uno de los mejores.

Una perla de la literatura en una edición insuperable.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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