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Mis críticas: La memoria del barro

Publicado por Javier El 24/08/2011 a las 7:00 Añadir comentario

La memoria del barro
Andanzas de un Niño Jesús
Paco López Mengual (Ediciones La Fea Burguesía)
210 Páginas – 10 €
Edición corregida y actualizada de la publicada hace diez años

Nunca estaré lo suficientemente agradecido a los distribuidores de prensa por su carroñero proceder. Años y años me he pasado vendiendo periódicos, revistas y fascículos, y padeciendo sus injusticias y caprichos. Años que acabaron cuando liquidé la hipoteca del local de la librería. Era libre, no me lo podía creer. Fue entonces cuando puse a Dios por testigo que nunca más en la vida pasaría hambre. O mejor, que nunca más en la vida vendería prensa, lo que viene a ser casi lo mismo. Si serán estas empresas usureras que los quioscos de prensa que quedan casi se pueden contar con los dedos de una mano. Ni los chinos montan «negocios» de prensa y revistas, para que se hagan una idea. Y fue, gracias a esa liberación, por lo que me dediqué, en cuerpo y alma, a lo que me más me gusta: leer. Perdón, a los libros y la librería. Como efecto colateral del tiempo que me sobra figura esta página que ahora lees. Y que descubrió un buen día mi amigo Paco, cuando indagaba acerca de quién había leído su libro «El mapa de un crimen». Hice, hará unos buenos meses, una reseña de ella. Y parece que le gustó, porque al poco me llamó para agradecérmelo. Poco después me llegó ese racimo de cuentos -tres exactamente- que es «La mansión de los mutantes» y que Paco me envió como regalo de amistad. Y cuando menos lo esperaba (el maldito lo llevaba rumiando desde hace tiempo sin soltar palabra) llegó esta pasada primavera su grandioso «El último barco a América». Nos conocimos, trabamos amistad y tuvo el gran detalle de acercarse a la librería para charlar con mis clientes. Fue uno de los encuentros más merecedores de toda la tanda de tertulias con escritores. Y le prometí que le haría una visita. A Molina de Segura, su patria chica, en donde es capitán de barco de una mercería, un negocio heredado a lo largo de varias generaciones. Y a esa mercería, en plena calle Mayor, me dirijo en este momento. Para ver a uno de mis autores predilectos in situ, en el mostrador plagado de cremalleras y botones de todos los colores y formas imaginables.

Hace unas semanas me envió Paco López Mengual, su ópera prima, una novela que había tenido una pequeña edición local y que se había agotado al poco de salir a la venta. «La memoria del barro», fue su primera obra y es, como todas las primeras novelas de grandes autores, un prodigio de genialidad y frescura. Y en ella podemos ver reflejado ese gran universo de sensaciones e historias entrelazadas que domina y puebla la obra del autor.

Paco López Mengual es un mercero con madera de narrador. Porque él, lo que nos vierte en sus obras no son sino las mil y una historias increíbles, salidas de su mente y de la experiencia de ser un buen «captador» y anotador de las conversaciones de sus clientes, amigos y familiares. Y esta cualidad es la que más admiro de él, la capacidad de hilar diferentes tramas bajo un mismo paño y dar al conjunto una unidad plena y compacta. Lo hizo en «El Mapa», lo volvió a hacer en «El último barco» y nos lo dejó plasmado hace años, y con mayor frescura y desparpajo en esta «Memoria del barro».

Una cara de un Niño Jesús, esculpida por Roque López, aunque atribuida a Salzillo es el eje de la historia de Murcia a través de la Iglesia en la que reposa en brazos de una Virgen María. A través de estas dos décadas, el autor nos va desgranando episodios acontecidos alrededor de esta talla, algunos con el apelativo de milagros, otros con la chanza de anécdotas inusitadas.

Aunque la carrera de Paco López Mengual no haya sido la de Filología no hay que ser muy lince para darse cuenta del gran poso literario que alberga. Y ello repercute, como en los buenos escritores, y el buen vino, en el resultado de su producción. Una primera obra es quizás la más representativa de un autor. Es el texto que lleva años rumiando y reescribiendo en mente y, a pesar de todo ello, es el más fresco y el que acusa menos condicionantes de toda su cosecha ya que no hay editorial por medio que condiciones su texto. Y todo estas cualidades, de manera resplandeciente, las podemos ver en esta despampanante novela.

La obra es, resumiendo bien, tierna, anecdótica, romántica y costumbrista. Paco rinde homenaje a Rudyard Kipling en el comienzo y acabado, y durante la estructura de esta novela, con la cabeza del Niño Jesús, que no es sino la cabeza de ese niño amigo del escultor y que murió bien joven, un pasaje que recuerda bastante a «El hombre que pudo reinar» en su apertura y final con la cabeza coronada del explorador. Pero asimismo, esa urna con la cabeza, que da carácter cíclico a la obra pudiera emparejarse a la redondez estructural de «De amor y otros demonios» de Gabriel G. Márquez, autor al que rinde diferentes homenajes en la inventiva de las situaciones y sus desenlaces -y no sólo en esta presente novela-, como así podemos ver en el nacimiento de Román o en la desafortunada boda de éste con Elena. Hay trazas del mejor Jorge Luís Borges en las interpretaciones del rostro impasible, pero cambiante, de este Niño Jesús, así como en la creación del personaje del escritor Mark Tossie, mitad Borges, mitad Hemingway. Pero aquí no acaban los homenajes ya que la mayoría de sus amigos aparecen a lo largo de la trama, así como una entrada a su mercería y una profética alusión a esa tercera obra que escribiría cinco años después. Una trama que recoge infinitas muestras de genialidad en las inolvidables anécdotas que va derramando a lo largo de la cuidada prosa. Las diferentes e inacabables ocurrencias con los personajes que van surgiendo a lo largo de esos 200 años están hechas de la materia de la que se fabrican los sueños, y que tan bien Paco López Mengual sabe modelar: de trabajo y genialidad. Y no pienso detallar ninguna de esas anécdotas que incluye porque sé, lo sé bien, que este libro se reeditará en breve, por el bien de los lectores y de la literatura.

Paco López Mengual, con sus tres novelas y ese pequeño libro de relatos, se ha convertido en uno de los mejores escritores españoles contemporáneos cuya obra, por excelsa calidad, resistirá al tiempo y a las modas pasajeras. Y es que Paco es, una vez leído este libro, y sin lugar a duda alguna, el mejor escritor de la Generación del meteorito de la huerta murciana y uno de los más depurados prosistas españoles contemporáneos, a la altura de los más ensalzados por la crítica seria. Y me enorgullezco mucho de su amistad, que todo hay que decirlo.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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