El rincón de Javier

Libros y algo de Jazz

Acabó la recepción de microrrelatos de este verano. Para ayudar al jurado a decidir el ganador de este concurso os pedo vuestra ayuda. Os rogaría que me ayudarais con vuestras opiniones. Hoy os publico la totalidad de todos los microrrelatos que cumplen con las condiciones del concurso. Os pido que, escribiendo un correo con el nombre del que más os guste, participéis en éste certamen formando parte del jurado. Para ello tenéis de plazo hasta el 8 de septiembre para mandarme vuestra decisión.
El día 15 de este mes tendréis el nombre del autor del relato ganador del concurso. Y por vuestra ayuda en la selección de dicho relato, entre los correos recibidos se regalará asimismo un estupendo regalo literario.
Un saludo.


Como un hermano
Sergio se levantó con inquietud. Sus sueños, que recordaba perfectamente al levantarse, le hacían despertarse siempre soliviantado. Ni las tilas que le recomendaba su madre le hacían efecto. Miró el despertador. Ya era la hora. Todos le habían fallado menos Felipe. Siempre confió en él. Era el único que le quedaba. Felipe era como su hermano, su alma gemela. Sacaría la cara por él sin excusa alguna. Le llamó a primera hora de la mañana para quedar allí y hablar del asunto con el encargado.
-¡Ah! ¿No te lo había dicho? Hoy no voy al trabajo. Hoy libro.
Rogelio Sánchez


El encuentro fatídico
Lo que empezó como un simple corte de luz acabó siendo la peor noche de la vida de Jake. Era muy tarde y Jake estaba leyendo un libro. De pronto, se fueron las luces. Jake comenzó a oír unos inquietantes pasos que se dirigían hacia él. Cada vez estaban más cerca. Jake se acercó a la puerta y cuando la abrió se encontró cara a cara con el mal. No le dio tiempo a hacer nada. Un frío helador se le metió en el cuerpo y al instante se le congelaron las venas, provocándole la muerte. Ahí acabó su vida.
Zaos_10


Miedos
Desde que alguien le envió una carta con un folio en blanco el escritor no ha vuelto a escribir ni un solo libro.
“Roñas“


De librerías
No me gustaba ir a firmar libros a las librerías porque en cuanto los lectores me conocían dejaban de leerme. A veces, venían algunas madres y me atribuían hijos ilegítimos. Algunas señoras mayores, después de estampar mi autógrafo en sus novelas, me preguntaban si también era médico. Otras veces, se presentaban acreedores para que les extendiera cheques. Un día me convencieron para acudir a la librería de Javier. Y para mi sorpresa descubrí, que en la tercera fila, estaba mi esposa esperando para que le firmase el divorcio.
“Roñas“


Colgado
Cada día buscaba su chute de palabras en las librerías. Esnifaba cientos de párrafos con los que lograba evadirse y viajar a otros lugares. Un día, el estado prohibió los libros y él buscó su ración de caracteres en el mercado negro. Compraba dosis adulteradas, escritos con faltas de ortografía y deficiencias gramaticales. Ingería cuanto llegaba a sus manos. En unos meses se convirtió en un yonqui de las letras. Sus familiares le internaron en un centro de desintoxicación. La terapia consistía en jugar a la videoconsola y ver la caja tonta.
“Roñas“


Una reunión muy esperada
“C”. Un trazo sencillo, a la vez que inquietante y misterioso como el pellizco de luna al que juega a imitar. “Cuando”, una primera palabra, una primera imagen que, traviesa, comienza a perfilarse en lo profundo de la imaginación, seguida de tres líneas de oración subordinada y, por fin, tan sólo una de oración principal. Fin del primer párrafo y arranque de la fascinación por un libro sin igual. Por más que pasan los años, aún cierro los ojos y recuerdo aquella primera oración que me impelió de lleno a la cúspide de la aventura.
Juan Luis Vera Muñoz


Confesión
El crimen no fue premeditado. Iba a tratarse tan solo de un robo.?Que intensa la emoción cuando lo tuve en mis manos, el tacto de la curtida piel de su encuadernación y esa difícil caligrafía del 1600, El Libro Becerro, ¡resultaba tan fácil llevarselo! Pero igual de sencillo sería que me descubriesen. Y entonces lo hice, arranqué una de sus centenarias páginas y salí con ella guardada en mi pecho.
Domínguez


Cuando la soledad obliga
La noche es eterna si te encuentras solo y no tienes cerca a quien deseas. Por eso, quiero acabar con esta situación. El ritual es mecánico: enchufo el ordenador y pongo la webcam. Una vez vencidos los prejuicios iniciales, la espera suele merecer la pena. Hay locos y personas seductoras. ¿Por qué no dar un paso más allá? ¿Y si hubiera alguien que desee conocerme? Todas mis dudas me hacen pasar la noche en vela con frecuencia. ¡Es que nunca me libro de la dichosa timidez! ¡Con lo bien que viviría siendo una persona valiente! ¡En fin! Nadie es perfecto.
Gabriel Neila


Nadie que te llame, nadie a quien llamar…??
Esta noche de calor estival me siento sola. Lejos de producirme malestar, estoy disfrutando de una gran paz interior. Todos mis amigos andan repartidos por el mundo, cada uno realizando su pequeño sueño de verano, al cual se aferrarán para sobrevivir al próximo invierno. Me pregunto qué sentido tendría el día a día, sin todos ellos hinchando mi alma. Las vacaciones son como meterse en un buen libro. Sé que todos regresarán a la realidad. Y volverán los días de las llamadas, los tapeos y las risas. Las confidencias y los consuelos…
Victoria Méndez


Otra realidad
Hoy toca sevillanas, mañana inglés, el jueves tenis… ¡Vaya pereza! Luego, cualquiera se pone con los deberes. Encima, la pelma de mamá no entiende mi cansancio. Dice que soy muy tímida y que debo relacionarme con los demás. Cada vez que me da la charla, comienzo a imaginar otras vidas. Así me aficioné a la lectura. Siempre que puedo, cojo cualquier libro por diversión. Ahora tengo gripe y no saldré de casa en todo el día. Así podré olvidarme de todo. Hojeo. Esto no es justo. ¡Curioso título! ¡Y qué niño tan mono en la portada! A ver como empieza…
Gabriel Neila


Historia Circular
Lo siguió, por capricho o por inercia, sin alcanzarlo hasta la mitad del libro. Entonces decidió olvidarlo y tomar la dirección contraria. Desde el capítulo cincuenta, por inercia o por casualidad, se cruzan cada tanto en algún párrafo del círculo en el que ambos andan.
Tres de Tres


A contramano
Escribir un árbol, plantar un hijo, criar un libro. Sé que elegí el camino más difícil. Pero sin lucha no tiene gracia.
Tres de Tres


Árbol – Libro – Hijo
Planté dos árboles. Se secaron en la nevada del noventa y jamás pude comer uno de sus frutos. Escribí un libro. Apenas vendí cien ejemplares. Los otros acumulan polvo y telarañas en un rincón de la buhardilla. Tuve cinco hijos. A veces, cuando duermen, voy hasta el borde de sus camas y trazo señales sobre sus frentes. Los beso. Me pregunto cómo serán sus sueños. Y tengo miedo.
Tres de Tres


Abrí los ojos y ahí estaba
Abrí los ojos y ahí estaba. Me faltó la respiración por un momento. Las ilustraciones de mi libro no le hacían justicia. Había merecido la pena el sacrificio. Sentí una oleada de paz y tranquilidad como nunca en mi vida había sentido. En ese momento decidí que quería vivir para siempre allí, rodeada de esa naturaleza, teniendo ese cuadro viviente al otro lado de la ventana y ver cómo iba cambiando a medida que pasaba el tiempo. Esta sería mi casa.
Ágatha


Oriente, Oriente……!
Nunca imaginó que comprar un libro le fuera a causar tanta inquietud… No era la primera vez que posaba sus redondos ojos negros en aquel abigarrado escaparate, sin tomar una decisión. Ese raro ejemplar de bibliófilo le incitaba a olvidar su aversión a las tiendas chinas. ¡No podía traicionar su ética!. Pero su pasión de coleccionista ganó, precipitándole hacia el interior con inusitada ansiedad. Un golpe de decepción mudó su rostro, cuando aquel hombre amarillo señaló un estante plagado de arrepentimientos.
Carmen B.


Hijo, cuando me muera quiero oír a Antonio Molina.
-Hijo, cuando me muera quiero oír a Antonio Molina.
-Sííííííí, mamá. El párroco te pondrá esa música en el funeral.
-¡No, en el funeral no! En la tumba. Así no me aburriré allí.
-Mamá, no puedo dejar un radiocassette dentro del sarcófago. Está prohibido.
-¿No?
-No. Además, se acabarían las pilas.
-Lo conectas a un enchufe.
-En tu tumba no hay enchufes.
-¿Ni en la de al lado?
-¡¡¡Mamá!!!
Desesperado, cogió el grueso libro que trataba de leer y se lo estampó en la cabeza.
Al momento oyó la música de la feria a través de la ventana:“Soy mineroooooooooo…”
José Luís Morata Gómez


Alguien a quien amar
Se lo habían pedido con rosas, bombones y joyas pero aquel hombre lo hizo con un libro. Tan solo bastó un instante para que ella pronunciara: “sí, quiero.”
La niña sin voz


El último encuentro
Salió a toda prisa del trabajo, olvidando apagar el ordenador. Estaba deseando llegar a casa para disfrutar ese último encuentro. Impasible, la esperaba, apoyado en la mesa. Ella, sin mediar palabra se abalanzó sobre él. Sus dedos, trémulos, repasaron todo su cuerpo, Los deslizaba suavemente, a lo largo de todo su ser, disfrutando de su tersura; sabía que en unos minutos todo habría acabado. Los ojos de ella lo escrutaban sin remisión. Ante sus últimas palabras soltó una lágrima. Supo en ese instante que todo había acabado. No había nada más que decir. Irremediablemente, lentamente, cerró el libro.
Jonathan Noel


Jueves
Para mí no es una puta, sino una acompañante. Porque me acompaña los jueves, los que puedo pagar. Y eso me da un motivo para trabajar, porque necesito dinero. Y eso me da un motivo para esperar, porque necesito vivir. Pero un jueves no aparece, y me dicen que se ha ido, pero me ha dejado un libro. Voy allí y lo abro. Leo su dedicatoria: Me tengo que ir, pero siempre te echaré de menos. Entonces me siento. Empiezo la primera página. Sé que no lo ha escrito ella. Sé que no era amor. Pero a mí me valía.
Santiago Pajares


Blanco
En aquel momento, sintió como su corazón se batía a duelo entre el querer y el poder. Su mente volaba a miles de kilómetros de allí, pero algo en su interior le impedía dejarse vencer. A pesar que flotaba, de repente, pudo sentir como alguien acariciaba su piel, su vello se erizaba y su mente volvía del letargo. Estaba nerviosa, no sabía dónde estaba, ni quién la acompañaba. Conmovida entendió que podía sentir, escuchar, que vivía. Esa voz, esas palabras le resultaban tan familiares… Tardó unos segundos, pero pudo comprobar, sin duda alguna, que era él leyéndole su libro.
De Beatrice.


Instante
Luz roja. Él. Paso de peatones. Ella. Un gesto con la mano. Una sonrisa nerviosa. Recuerdos de momentos mejores. Miradas cómplices. Ilusiones compartidas. Sonrisas imborrables. Conversaciones interminables. Libros. Canciones. Películas. Noches en vela. Viajes sin rumbo fijo. Llamadas y mensajes. Mentiras piadosas. Malentendidos. Distancia pero no olvido. Luz verde.
Gloria Jiménez


Evocación
La peina, la palangana con agua, la silla baja de enea, la mujer sentada vestida de negro, la calleja empedrada. Tarde de verano luminosa y fresca. La peina entra en el agua y en el pelo largo, sedoso, blanco, que en gesto repetido, los dedos trenzan hábilmente. Cuarenta años después, una fotografía perdida en un libro lleva a la nieta a evocar: la peina, la palangana con agua, la silla baja de enea y a la mujer vestida de negro sentada en la calle empedrada. Pero ya no puede saber si era luminosa la tarde o es luminoso el recuerdo.
Domínguez


Con un libro bajo el brazo
Tímida hasta la agorafobia, despachaba los días entre las páginas sepia de sus libros y los chats en busca de pareja. Pasados tres meses de conversaciones, accedió a verse con uno de sus pretendientes. “Llevaremos un libro para identificarnos”, le dijo él. Las ganas y la ilusión le ayudaron a atravesar la frontera en la que había convertido la puerta de casa. Caminó repitiendo como un mantra la dirección convenida y, cuando llegó a ella, comprobó desconcertada que todos los que la rodeaban tenían un libro bajo el brazo. Se lamentó al descubrir sobre su cabeza un enorme cartel: “Biblioteca”.
Teresa di Lamargo


Y no me ves
“Cada vez que te miro veo el libro de mi vida, abierto por la página del corazón, ya tan frágil, que se rompe en pedazos por tu hiriente conducta. Y eso ocurre, día tras día, cada vez que te miro. Y no me ves. Ya nunca me ves…”, pensaba ella, sin consuelo, al evocar ese gran amor sin retorno. Y así cerraba el último capítulo mientras su aliento se iba perdiendo en un mar de sangre.
Carmen B.


Un mundo mejor?
Apenas se veía, la tensión hizo causa común con la noche envolviéndonos. En el bosque, cerca del Gurugú, alrededor de las fogatas nos juntábamos para concretar el asalto. Nadie sonreía. Sólo distinguíamos los ojos ensimismados de cada uno pensando si dejaríamos la vida en el intento. Llevábamos un mes de espera, fabricando las frágiles escaleras con ramas de árboles y trozos de goma que recogíamos en el vertedero.
Tenía miedo, creí haber escogido la mejor opción, pues la travesía del estrecho me aterraba más. Protegí el libro que me descubrió un mundo mejor y me dispuse a saltar la valla.
Mari Jose


Por primera vez
Lector compulsivo desde niño, se encerraba durante horas en su biblioteca para sumergirse en las historias que se agolpaban en los estantes. Cuando la enfermedad empezó a robarle recuerdos, le costó cada vez más avanzar en las lecturas hasta que, una mañana, cuando llegó a la página preferida de su libro favorito, el pasado dejó de vivir en su cabeza. Desde entonces, lee cada día la misma página con el entusiasmo de descubrirla por primera vez.
Teresa di Lamargo


Me olvidé incluso de colocar el marcapáginas
Era un capítulo de acción vibrante y yo pasaba las páginas del libro con frenesí, acercándome a la resolución del enigma, atrapado una vez más en la búsqueda del desenlace. Entonces salió de la ducha, pasó a mi lado de camino a la habitación y en el último momento giró levemente la cara para mirarme de reojo. Me olvidé incluso de colocar el marcapáginas.
Daniel Carrillo



About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

11 respuestas hasta ahora.

  1. Castro dice:

    Me encanta la hiperactividad de tu página. No solo informas sino que nos involucras en ella. felicidades.

  2. MaryCarmen dice:

    ¡Me apunto! Prefiero ser juez antes que parte. Ahora voy a deliberar y mañana te envío el veredicto.

  3. GONZALO dice:

    El que mas me ha gustado es CONFESIÓN de Dominugez

  4. isa dice:

    Sí. Es bonito el de Dominguez, pero no tiene la palabra de rigor… =) Una pena.

  5. isa dice:

    Vaya, sí la tiene… en el título del libro. Qué despistada… Perdón, señor Dominguez. Mis disculpas, señor Gonzalo. =/

  6. isa dice:

    Javier, creo que corresponde que me disculpe porque fue de metepata.
    Sólo fue el primer pensamiento, mal pensado es cierto. Lo lamento, no debí prejuzgar el género.

  7. MaryCarmen dice:

    Tranquilo Javier, la sangre la haremos correr cuando toquemos al género Negro y Criminal. Y la contaminación la dejaremos para la Ciencia Ficción. Y es genial Isa, me encantan las metepatas porque yo formo parte de ese club. Un beso.

  8. clara dice:

    el que me ha gustado es El encuentro fatídico


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