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Mis críticas: Por tierras de Guadalajara y Soria

Publicado por Javier El 17/10/2011 a las 6:54 2 Comentarios

De Sigüenza a Gormaz
Fidel Vela (Editorial Cultivalibros)
Prólogo de José Esteban
212 Páginas – 15 €

-¿Hay taberna en este pueblo?
-Aquí no hay taberna ni cosa que se le parezca.
-¿Y fuente?
-Tampoco. Se va por agua siguiendo esta carretera, a unos dos kilómetros.
Tras facilitar esta alentadora información al hombre, que conduce un burro del ramal, decide tomar la iniciativa y pregunta al viajero:
-¡Oiga! ¿Es usted de España?
El caminante, que no esperaba una pregunta tan extemporánea, tarda lo suyo en responder.
-Vengo de Calahorra.
-¡Ya decía yo! -conjetura el hombre, adjudicándose una sagacidad sin fundamento-. A mí no se me despistan los extranjeros. En cuanto les echo la vista encima, los reconozco al momento.
Al caminante casi le da la risa pero, metidos en harina, no le importa prolongar el malentendido y sus consecuencias. El hombre, que no debe de tenerlas todas consigo, vuelve a la carga.
-Para que yo me ubique. ¿De qué parte del extranjero me dice que procede?
-De la parte del Norte. Puede que ni siquiera haya oído hablar de mi país.
-No vaya a creer usted que yo soy un ignorante. Sé del extranjero más de lo que usted piensa. Aunque jamás he salido de este agujero, tengo un libro con mapas de colores donde vienen dibujadas todas las naciones del universo.

Por tierras de Guadalajara y Soria es una de esas escondidas obras que nos despierta el gusto por las novelas de viajes. Nos lleva de la mano por tierras bastantes cercanas y nos ilustra con bellos pasajes y anécdotas sobre la vida y habitantes en los pequeños pueblos de España en los años cincuenta. Y con un excelso y documentado prólogo, obra del gran escritor y amigo del autor de esta obra, José Esteban.

A Fidel Vela le conocí cuando un buen día apareció por mi librería para ofrecerme uno de sus libros, “El Ruta”. Al leerlo supe que estaba ante un escritor de gran altura; no uno de esos que escribe una novelita de aventuras o con trasfondo histórico para amenizarnos una tarde de verano, no. Como tampoco es un autor de esos que buscan fama y loas en revistas de crítica literaria, con amigos pagados de antemano. Fidel Vela es un gran escritor dentro de las Letras Hispanas, en las que su huella brillará largo tiempo y que domina tanto el tema del que trata como todos los resortes del lenguaje, del que es un experto como pocos hoy en día.

Por tierras de Guadalajara y Soria es una bella obra estructurada en jornadas de viaje, a pie, a través de pequeños pueblos castellanos escrita en agosto de 1957, fecha en la que nuestro autor recorre dichas tierras. El caminante nos desvela, en una correctísima tercera persona, las vicisitudes de un viajero que se inmiscluye en los infinitesimales universos de los lugareños y nos deleita, tanto con sus agradables y pintorescas charlas, como con la descripción de todo aquello que rodea a dichos personajes. Pero una de las grandes habilidades del escritor es el saber plasmar en texto todo detalle de los paisajes como si de un fotógrafo en ruta fuera, describiéndonos con prístina resolución cualquier pequeña nimiedad que encuentra a su paso. La adjetivación de tales parajes es asombrosa y causa rubor y envidia. Pocos textos de los que llegan a las estanterías de las librerías tienen un vocabulario tan perfecto y rico como el texto de esta obra, mitad libro de viajes, mitad anecdotario de parajes sombríos y cercenados por el tiempo y la hambruna. Pero esa descripción paisajística no para ahí pues, nuestro caminante, al adentrarse a posadas, tiendas o bares, nos enumera con graciosa facilidad y simpar colorido todo objeto que en ellos habita, creándonos un universo de vivencias y pasados único, un entramado de sensaciones en sepia que nos sirve para adentrarnos en esos tiempos pasados y mostrarnos el habitat de nuestros antepasados. Fidel Vela ha creado un libro de intrahistoria de los años 50 de la España rural como pocos. Hay que destacar asimismo la gran sagacidad del escritor para recrearnos con sabias pinceladas de diálogos “intrascendentes”, poniendo con ello unos brochazos de color y espontaneidad a ese paisanaje único del trayecto textual.

El caminante nos va detallando caminos, montañas, fuentes, animales, viandantes, utensilios y pueblos. En estos últimos se interna y relata sus puntos de vista adentrándose en aquellos “monumentos” a los que los labriegos tienen a bien dejarle pasar y en las tiendas y casas en las que se adentra. Nos habla de la dulzura de ciertas mujeres a la vez que nos escribe párrafos de ambientación romántica como se puede ver en el encuentro con Cecilia (pag. 140 a 143), la tabernera de Bayubas, que decantará poco después en una divertida anécdota de malentendidos y resquemores; nos documentará con gracia y soltura sobre las curiosas prohibiciones en los pueblos de entonces (pag. 155 y 156); nos hablará del Poema del Mío Cid a su paso por los escenarios en los que discurrió su destierro, a la vez que nos alienta a leer a Machado y a Ortega, cuyos libros arrastra en su macuto aunque algunos lugareños no sean muy proclives a ellos… Pero, dentro de la obra, encontramos pasajes con mayor hondura social y política, bien y sabiamente camuflados, como no podía ser de otra manera para el año de su escritura. Los pasajes de desesperación y rendición ante el nulo futuro de las tierras a roturar, como es el caso del encuentro con Zacarías (pag. 108), en Berlanga del Duero, siempre soñando con irse a Barcelona, la tierra prometida; o los párrafos delicadamente escondidos, en los que la crítica política está presente (véase las páginas 76 y 152) a pesar de lo complicado que era expresarlo en aquellos tristes tiempos.

Fidel Vela escribió este texto diez años después de la famoso Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela, exactamente en el año 1957 -aunque fue editada en el año 2010-, y es una obra que cautiva a todos los amantes, sin excepción, de la gran literatura. Cautiva a los amantes de la novela pero subyuga a los que disfrutamos viajando desde el sillón de nuestra casa y recorriendo esos mundos tan cercanos a nuestra tierra aunque,en este ahora, tan distantes en el recuerdo. El carácter de obra de crítica social destella a todas luces sin estúpidas revanchas, esas que suelen echar a perder la mayoría de estas obras, y plasma en sabias, frescas y, sin embargo, estudiadas frases un texto que nos conduce a apreciar el encanto de esas antiguas novelas de viajes, con unos aventureros románticos que tan al uso nos legaron sus experiencias en grandes obras en el siglo XIX y hasta mediados del XX.

Fidel Vela García nace en Arcos de Jalón (Soria) en 1934. Actualmente reside en Alcalá de Henares, donde fue elegido concejal del Ayuntamiento en 1979 y 1983 en las listas del PSOE, siendo Presidente de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe y Presidente de la Comisión de Hacienda. Ha escrito varias novelas. La Consulta, La oficina (accésit Premio Eugenio D’Ors), El Ruta (finalista Ruedo Ibérico) y Las leyes del éxito, así como numerosos artículos periodísticos y narraciones breves, entre otros El túnel (premio revista Ferroviarios), Diga dos (finalista Jara Carrillo de Alcantarilla) y Propuesta democrática (accésit premio Villa de Ermua).

Por tierras de Guadalajara y Soria es uno de las sencillas y más bellas obras que he leído en este año y que recomiendo a todo amante de la literatura sin ningún tipo de cortapisas.

P.D. A todos los amigos que compren alguna obra de Fidel Vela, y hasta agotar existencias, el autor les regala un ejemplar de alguna de sus primeras novelas publicadas en España: “La oficina” 1977) o “Las leyes del éxito”(1986).


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

2 respuestas hasta ahora.

  1. Voltervel dice:

    Un libro entrañable, tierno,precioso. No tengo adjetivos para expresar mi admiración. Nunca había leído algo que me llenara tanto.

  2. Horacio dice:

    Realmente es un hermoso libro digno de figurar entre los más grandes.