La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Los comentarios de Care Santos sobre Habitaciones cerradas

Publicado por Javier El 28/10/2011 a las 7:00 Un Comentario

Durante unos meses, en el famoso Facebook, Care Santos estuvo aportando algunos detalles sobre su conocida obra Habitaciones cerradas dentro de un club de lectura bastante popular. Recuperando partes de este blog os incluyo algunos de los aspectos más significativos para poder saber algo más sobre la obra. La tertulia con Care en la Librería de Javier, como muy bien sabéis, es el 29 de octubre a las 6 de la tarde. Os ruego recojáis las entradas para este acto ya que son necesarias para la asistencia a él. He de advertir que la lectura de este post puede estropear la lectura de Habitaciones cerradas al descubrir datos avanzados de la obra. Incluyo estos apartados con el permiso de su creadora, disculpando posibles incorrecciones tipográficas debido a los dispositivos con los que se han escrito estos comentarios.

Care Santos:

Habitaciones cerradas ha sido mi modo de viajar a un lugar que me obsesiona desde hace mucho tiempo, los Grandes Almacenes El Siglo. Si pudierais viajar a un lugar desaparecido, ¿cual elegiriais? (perdonad la ausencia de tildes, estoy en un ordenador ajeno y algo déspota)

Mujeres y secretos
Algún lector me ha comentado que el título le sugiere a las mujeres de la novela: también ellas, como la casa, están cargadas de secretos que van desvelando poco a poco. Uno de los personajes que más gustan (creo, eso lo tenéis que decir vosotros) es Concha. Debo reconocer que siento predilección por ella porque en mi vida hubo también una especie de Conchita (aunque no fue mi ama de cría) y porque de pequeña escuché muchas veces hablar de las nodrizas de mis tíos, que eran personajes de la familia aunque no formaban parte de ella. Siempre me impresionó el poder que tenían esas mujeres ajenas, su influencia enorme sobre los niños y sobre los adultos y también su enorme importancia sentimental. Eran trabajadoras de la casa, pero querían a los niños como a sus propios hijos. Y muchas veces les conocían mucho más que sus  madres. Todo eso lo plasmé en Conchita, un personaje al que quiero mucho, que es un reflejo de muchas situaciones reales. Me encantaría saber qué opináis vosotros.

La estructura / Lo cinematográfico
Alguien sugirió en el Club que habláramos de la estrutura, que le estaba gustando y dijo que la novela le parecía muy cinematográfica (lo dijo como una virtud del libro). Hoy quiero plantearos ambas cosas.
Lo primero, la forma. Cuando escribo, una de mis obsesiones es no aburrir. Que la lectura sea ágil, que no se nos caiga el libro de las manos. No me gustan los libros en los que el autor me mata de aburrimiento y no se preocupa por si me lo estoy pasando bien o no. Creo que mi primera obligación, como autora, es hacer pasar un buen rato. Y la forma es un modo de conseguir agilidad y velocidad. Mi remedio contra el tedio, que espero poder contagiar a quienes me leéis. Claro que fue difiícil. No, difícil no, ¡fue complicadísimo! Había momentos en que la cabeza me daba vueltas de tanta complicación de la estrutura, pero al fin ha valido la pena. Creo que el resultado final está cerca de lo que planeé hacer, y eso pocas veces puede decirse.
Con respecto a lo cinematográfico… Esto es más complicado y tal vez merecerá una entrada aparte. Bueno, hoy simplifico diciendo que entiendo que mucha gente que llama “cinematográfico” a un libro lo hace como un cumplido, y así lo entiendo, aunque a mí el calificativo no acaba de hacerme feliz. No, porque me devano los sesos buscando el modo de que las novelas sean literarias. Esto es, tengan un lenguaje propio, separado del del mundo audiovisual. Creo que una novela no puede ni debe ser un guión y que el lenguaje novelístico tiene que apartarse de eso y buscar su lugar, su unicidad…
En fin. Es tarde y no quiero aburriros con tecnicismos que no tocan. Lo acabo de decir, caray: no aburrir es mi religión.
Espero vuestros comentarios con muchas ganas. Vuestras aportaciones son muy interesantes, amigos.
Personajes: los Golorons, El Santet / Modesto
Entramos en las páginas 85 a 143, donde vamos a vivir los próximos días. Debo confesaros que se me acumulan las cosas que deciros de los personajes que aquí van asomando cabeza: la pareja Maria del Roser-Rodolfo (mi favorita), los severos Golorons, que son mataroneses, como yo -mi particular homenaje a mi ciudad-; El Santet (Francisco Canals Ambrós), personaje real que es venerado como un santo en el cementerio de Poblenou de Barcelona, aunque nunca lo fue en realidad y, por último, el introvertido (y un poco echado a perder) pero siempre dandy y generoso Modesto, el padre de Violeta. Como creo que conviene ir por partes, os invito hoy a opinar sobre ellos, según vuestras preferencias personales. ¿Por cuál os apetece que comencemos?
 
También quiero contaros algo, a modo de introducción. Es al hilo de alguna pregunta que se ha formulado ya en el Club, y tiene que ver con el teatro. Yo creo que todos estos personajes de esta novela le deben mucho al teatro. Por cierto, yo también creo que se lo debo. He tenido formación teatral, he leído -y leo- mucho teatro, y justo antes de comenzar a escribir esta novela estuve haciendo un seminario de escritura teatral que me influenció un poco en la construcción de todos estos personajes que ya conocéis. Creo que el teatro construye los personajes con una meticulosidad que le sienta muy bien al novelista. Para todos ellos, yo seguí métodos más teatrales que narrativo (y creo que todos salimos ganando). Al fin y al cabo, en la novela hay un diálogo constante con el teatro: la casa como escenario, nosotros como mirones, las situaciones como “escenas”. O así, por lo menos, me lo imaginaba yo. Aunque ya sabéis que el punto de vista del autor o la autora no tiene por qué ser el acertado.
Me gustaría saber qué pensáis sobre todo ello.

Barcelona: ciudad literaria
Durante la promoción de la novela, no he dejado de hablar sobre la literatura que ha generado la Barcelona de finales del XIX y principios del XX. Es cierto: hay mucha literatura sobre ella, pero lo raro sería que no la hubiera, ¿no os parece? Es una ciudad fascinante, en construcción, llena de contrastes e ideas. A veces pienso que yo pertenezco al siglo XIX, porque no me supone ningún esfuerzo recrear aquella época, me sale casi de forma natural. Me habría gustado nacer en 1890 o incluso un poco antes, me digo. O tal vez no, porque eran tiempos difíciles para las mujeres y para cualquiera que no perteneciera a una clase acomodada. ¿Y a vosotros? ¿Os hubiera gustado ser gente del cambio del siglo XIX al XX?

Después de la Feria
Queridos, queridas, este fin de semana he estado en la Feria del Libro de Madrid. He tenido la ocasión de hablar con muchos lectores e incluso de conoceros a algunos de vosotros. Ha sido estupendo, como siempre, ¡me encantan las ferias del libro, pero ésta muy en particular! Una de las cosas que me contaban las personas que se llevaban la novela era cuándo y hasta dónde la pensaban leer: muchos de ellos la compraban pensando en las vacaciones de verano, claro. La iban a degustar junto a la piscina, en Marbella, en Cuenca, bajo un árbol en una casa rural, en una hamaca frente al mar Caribe. Todos estos son casos reales. Lo cual me lleva a preguntaros algo, para variar, un poco más liviano que otras veces. ¿Dónde os parece que es el mejor lugar para leer ésta o cualquier otra novela? Y ya aprovecho para explicaros uno de mis sitios favoritos para leer: en el jardín de una casita que alquilo durante las vacaciones, mientras mis hijos juegan felices, bajo un árbol, a la sombra (o entre sol y sombra), y con un café en la mano. ¿Y vosotros? ¿Dónde y cuándo leéis con mayor felicidad?

El Santet / verdad que parece ficción
Descurbí el personaje de El Santet paseando por el cementerio de Poble Nou. Cuando esto ocurrió, yo ya hacía mucho que quería escribir sobre El Siglo, y me emocionó -hasta disparar los latidos de mi corazón- descubrir que había trabajado en los grandes almacenes. Puede parecer increíble, pero estas cosas ocurren: cuando escribes una novela, tropiezas con maravillosas coincidencias que parecen diseñadas para ayudarte en tus pesquisas. Sé que no son más que eso, casualidades, pero a veces pueden parecer pura magia. También ciertas historias reales tienen a veces un halo de maravilla que las equipara a la ficción. La historia de El Santet (Francisco Canals Ambrós) es una de ellas. Nada más “conocerle” comencé una pesquisa sobre él. Conté con la ayuda de la jefa de comunicación de Cementiris de Barcelona, que desempolvó para mí la documentación de la tumba. Así supe que la fecha del entierro “oficial” fue el 27 de julio de 1899. Cabe pensar que el muchacho, que sólo tenía 22 años, murió un día antes, pero no encontré partida de defunción en ninguna parte, a pesar de que la busqué con interés forense. La tumba fue exonerada de tasas municipales en 1908, es de suponer que porque el culto popular ya era un hecho masivo. El culto, por cierto, parece que empezó porque sus compañeras de El Siglo comenzaron a visitarle para pedirle deseos. Al parecer, el muchacho ya tenía en vida ciertos poderes sobrenaturales (ya sabéis cuáles, puesto que conocéis la novela) y su leyenda se extendió más allá de su muerte. Y hasta nuestros días. Si visitáis Barcelona, no dejéis de visitar su tumba, es impresionante. Ni de pedirle un deseo: dicen que siempre los cumple. Cuento todo esto porque la historia parece increíble y, sin embargo, es cierta. Un regalo que la realidad te hace cuando estás escribiendo. Quería compartirlo con vosotros. Y preguntaros si creéis en las casualidades, en el poder del azar, o, por el contrario, atribuís este tipo de coincidencias a otras cosas.

La llegada de la electricidad
En la novela se relata la revolución que supone para la familia Lax -y para todos, en realidad- la llegada de la electricidad. Es un asunto que he tratado varias veces, porque me llama mucho la atención: el cambio que experimentó el mundo a partir de que la corriente eléctrica irrumpió en las casas de todos los ciudadanos. ¿Os imagináis que distintas fueron las noches a partir de ese momento? ¿Cómo debían de ser las noches de invierno antes de que “la luz incandescente” llegara a las vidas de la gente? En mi familia se han transmitido las palabras de una tía abuela mía, quien, alucinada ante el invento, una vez dijo: “Nunca más ninguna generación verá un prodigio como el que hemos visto nosotros: Darle un pellizco a una pared y que se haga de día”.
Se refería, claro está, a los viejos interruptores en forma de cilindro, que se accionaban dándoles un cuarto de vuelta (“un pellizo”, según mi antecesora). El caso es que estas palabras me han hecho pensar mucho. Tenía razón, en parte. Su generación vivió cosas sorprendentes, y los Lax dan buena cuenta de ello también. Pero la nuestra no se ha quedado corta.
¿Qué pensáis, amigos? ¿Hemos vivido algo que podremos contar, alborozados, a nuestros nietos? ¿También nuestro mundo ha experimentado cambios sorprendentes?

La idea y la documentación
Respondo a cuestiones planteadas por los miembros del Club, y hoy hablo de LA IDEA principal y del proceso de documentación. La primera idea surgió hace mucho. Yo soy de proceso muy lento para eso. Puedo estar diez años con una idea a cuestas hasta que consigo plasmarla en una novela. Hace por lo menos 15 (años) que sé que escribiría de El Siglo, de su glamour y de su desaparición tan dramática y durante todo ese tiempo he coleccionado catálogos antiguos y todo tipo de “chucherías” de esos grandes almacenes. Tal vez esa fue la primera idea. Ésa y la insistencia de mi amiga Alicia Soria, que una vez fue editora mía, quien hace años que me insiste en que debo escribir una saga familiar. Al final, decidí hacerle caso.
Con respecto a la documentación, fue un proceso largo de inmersión en los archivos de la Biblioteca de Catalunya, donde suelo trabajar, y también de “otras hierbas”, como el viaje al lago de Como. En total, un año de trabajo. La documentación hay que tomársela muy en serio en un proyecto como éste, aunque os confieso que me encanta hacerlo, porque es un privilegio sumergirse en algo que te gusta tanto. Además, durante una documentación tropiezas con muchas cosas. Algunas te sirven y otras no, es mejor reservarlas para una posterior ocasión. Los espiritistas del siglo XIX tropezaron conmigo en el proceso de documentación de “La muerte de Venus” pero no fue hasta “Habitaciones cerradas” que pude dedicarles toda la atención que merecían. De igual forma, tengo algunos asuntos reservados en la recámara de estas fases de investigación anteriores. Y ahora, sin ir más lejos, estoy a punto de comenzar de nuevo el proceso: bucear en un archivo en busca de tesoros, y me froto las manos pensando en el momento de arrancar.
A la hora de plasmar lo aprendido, sin embargo, hay que tener cuidado: nada hay más odioso -a mi modo de ver- que una historia sobreabundante en información, digamos, real. A veces, a algunos autores se les va la mano tratando de demostrar lo mucho que saben sobre un asunto, y se ponen excesivamente enciclopédicos, olvidando que están contando una obra de ficción. Así que no me parece exagerado afirmar que de la documentación, al final, se aprovecha, como mucho, un 10%. El resto ha de servir para no meter la pata, algo que yo procuro por todos los medios, porque me molesta mucho encontrar incoherencias históricas o fallos garrafales en las novelas que leo. Aunque no hay novela perfecta y, por supuesto, también han gazapos en las mías.

La muerte de Rodolfo
La muerte de Rodolfo fue, lo confieso, uno de los episodios de la novela a los que más vueltas le di. Quería que ocurriera durante la Semana Trágica, pero no quería hablar mucho de ese episodio histórico que tantísima literatura ha suscitado (con perdón, pero estoy un poco harta de novelas sobre la Semana Trágica). Quería que fuera dramática y misteriosa, hasta el punto que en la novela no se desvela quién le mata, tan sólo en qué circunstancias.
Cuando se crea un Club como este nuestro, los editores suelen hablar de la posibilidad que se les plantea a los lectores de hacer preguntas al autor. Yo hoy os hablo de lo contrario: me habéis dado la oportunidad de preguntaros algo que dudé mientras pensaba y escribía esta escena y que sigo dudando hoy. ¿Quién creéis que mató a Rodolfo? ¿Uno de sus obreros? ¿Simplemente, agitadores que no lo conocían?
Y, lo más importante: ¿Os ha disgustado que esta parte de la historia no se cierre como otras?
(Adelanto el tema de mañana porque mañana estaré de viaje a Zaragoza, precisamente para participar en un Club de Lectura presencial. Me encanta que mi vida se llene de clubes de lectura. Buenas noches.)

Los conventos itinerantes o menguantes
El plan Cerdà, como se conoce al plan de Ensanche de Barcelona, tuvo sus grandes luces y también algunas sombras. Entre estas últimas, está el asunto del patrimonio artístico de la ciudad, que ya levantó gran controversia en su época. Cuando se comenzó el trazado de la nueva Via Laietana, hubo algunos monasterios y muchos palacios que resultaron afectados. Algunos consiguieron ser trasladados piedra a piedra, gracias al empeño y el tesón de algunas monjas y unos pocos amantes del arte. Como curiosidad: el Palacio del XVI donde su ubica el Museo de Historia de Barcelona (en la calle Llibreteria) es uno de esos palacios itinerantes. Su ubicación original lo condenaba al derribo, pero se salvó casi por milagro. La parroquia de la Concepció, en la calle Aragó, fue un caso parecido, aunque peculiar. Antes de convertirse en parroquia, el convento era el de Junqueras, que dio nombre a la céntrica calle del mismo nombre, donde estaba ubicado. Al trasladarse, el claustro se redujo y desvirtuó. Entre otras cosas, se abrió a la calle Aragón (¿un claustro abierto a la calle sigue siendo un claustro?) y perdió casi la mitad de sus arcos y columnas. Mirad las cifras: en su lugar original medía 32 x 18 metros. En su nueva ubicación, 19,5 x 9,7. Por cierto, que la torre de esta parroquia de la calle Aragón -en la que se celebran, por cierto, los entierros de la casa Lax- no estaba allí cuando el convento era el de Junqueras, sino que fue trasladada de otra iglesia destruida e itinerante, en este caso situada en la calle Ample, cerquita de la actual parroquia de la Mercè. Todo este lío de piezas arquitectónicas que iban, venían y sobraban dio lugar a un peculiar comercio de arte. Nacieron coleccionistas muy especializados, como Plandiura, que dio lugar a parte de las magníficas colecciones románicas del actual MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) cuando las donó a la Generalitat. Otros, mucho más esnobs, que se divertían poniendo arcos góticos o columnatas románticas en los jardines de sus casas.
Me divierte mucho esta costumbre de la burguesía catalana del XIX de comprar cualquier cosa que oliera a arte o a antiguo, por eso quise dejar constancia de ella en la novela. En el fondo, creo que si yo hubiera podido habría hecho lo mismo. ¿O no os gustaría decorar el salón de vuestra casa con un retablito policromado o con unos capiteles góticos? ¡Qué sofisticación!

Laia
Laia, o Eulalia Montull, es tal vez el personaje más ambiguo de la novela. Desde que aparece, nunca queda muy claro si siente por Teresa admiración, odio o una mezcla de ambas cosas. Claro que todo puede justificarse por su juventud y su papel en la casa (como parte del servicio), pero a pesar de todo, estoy segura de que tenéis opiniones muy diferentes sobre ella. ¿Os resulta simpática o antipática? ¿La comprendéis, la excusáis? ¿Su destino os parece trágico, bueno, justo? (Tened en cuenta al contestar, por favor, que puede haber gente que aún no haya terminado de leer la novela). Y feliz San Juan a aquellos que lo disfrutéis. Para los demás, buen fin de semana.

Mujer de 40 años
Violeta cumple 40 años durante la novela. Yo los cumplí mientras la escribía. Algunos periodistas me preguntan si yo soy Violeta. Digo que no lo soy (la verdad), porque ella está atravesando un momento vital que no se parece en nada al mío y porque tenemos talantes muy diferentes. Pero, por supuesto, compartimos muchas cosas. Un personaje siempre es un poco tú misma. Compartimos, por ejemplo, ese afán de independencia. También el interés por rescatar el pasado, por tirar del hilo de la memoria.
Para Violeta, los 40 años son momento de saldar deudas del pasado. Su vieja historia de amor y, sin proponérselo, la imagen que siempre tuvo de su abuela Teresa. Me temo que ese existencialismo de salón también es un poco mío, aunque yo no tenga amores juveniles que saldar.
¿Y vosotros? ¿Sois de los que os tomáis en serio esos altos en el camino de la vida que nos permiten meditar y formularnos preguntas o de los que no dan importancia alguna a los años, las décadas, y la herencia que dejan en nuestras vidas? ¿Habéis tomado grandes decisiones al cumplir 20, 30, 40, 50, 60.. o pensáis hacerlo?

El pensionado de Sarrià
El pensionado de los jesuitas de Sarrià, donde estudian los dos hermanos Lax, fue el colegio donde se formaron muchos de los herederos de las buenas familias barcelonesas de su época. La verdad es que leyendo sobre él yo me preguntaba por qué. Si es que a los burgueses adinerados no les importaba un rábano que sus hijos lo pasaran fatal en la escuela, si anteponían el prestigio de la institución a lo que realmente ocurría allí o si nunca se enteraban (porque el estar al tanto de los asuntos de sus hijos no era, precisamente, el orden del día de los más pudientes). Sea como sea, basé la descripción de lo allí pasaba en las memorias de Agustí Calvet i Pasqual, más conocido por el pseudónimo de Gaziel, que fue periodista de La Vanguardia (y llegó a dirigirla), y que de niño no soportó el trato recibido en el colegio. Digo “me basé”, porque Gaziel contaba muchas y mucho más terribles cosas. Aclaro, no obstante, que el pensionado no era una excepción educativa en su época. Me temo que gran parte de los colegios propugnaban ese “la letra con sangre entra” y la dureza hacia sus alumnos. Desde luego, eran otros tiempos en educación. Mientras conocía esa realidad, yo no dejaba de pensar que se trataba de una institución para almas poco sensibles y que la mía habría fracasado, como la de Amadeo, en un lugar así. Claro que yo no habría ni tenido la oportunidad de pisar un colegio, como les ocurría a las chicas de la época.
¿Conocéis, ya sea por alguna historia familiar o bien por algún libro, algún otro colegio como el pensionado de Sarrià? ¿Creéis que los problemas que tiene allí Amadeo son fruto de su sensibilidad artística, de su enemistad con Juan o, simplemente, es que el chico era “rarito”?
¡Esto se acaba, queridos, estamos en la recta final de la historia!

La Bella Olympia y las variedades en Barcelona
Hoy quiero hablaros de la Bella Olympia. Su historia se parece mucho a la de muchas como ella, artistas de ese arte fugaz que fueron las variedades barcelonesas, espejadas en las de París y barridas drásticamente de los escenarios con la llegada del cine, con quien al principio rivalizaron, siempre creyendo que ellas ganarían. Ya mi primera novela -inencontrable, para bien, escrita a mis 23 añitos- trataba de una de esas artistas reales, la bailarina Tórtola Valencia. Mi interés por los teatros de variedades, y en concreto por sus artistas, viene de hace años, de cuando me encargaba de la información teatral en el desaparecido “Diari de Barcelona”. Allí tuve la ocasión de conocer a algunas de esas bellas glorias, como a la Bella Dorita, por ejemplo, con quien mantuve una cierta relación de amistad al final de su vida, y de escribir mucho sobre ellas y sobre el mundo al que pertenecían. La Dorita era un personaje fascinante, con un montón de vivencias que le gustaba explicar al detalle. También conocí empresarios muy peculiares. Durante una de las entrevistas que le hice al entonces dueño de El Molino, Ricardo Ardévol, llegó a proponerme que me uniera al espectáculo en calidad de bailarina del coro. Yo tenía 19 añitos y según él, un par de buenas piernas, aunque no consentí en enseñárselas, como me pedía, creo que con bastante interés. Qué cosas, ¿verdad? Parecen de otra época y ocurrieron “sólo” hace poco más de 20 años. El caso es que el asunto es una de mis viejas pasiones. Olympia es su última manifestación, que me da pie para hablar de la sordidez que envolvía a estas vedettes, de los hombres que abusaban de ellas y, al fin, de la villanía que comete Amadeo, aunque eso llegará más adelante y no quiero desvelar nada. Sólo rendir homenaje a ese género desaparecido y preguntaros qué emociones os despiertan estas artistas tronadas.
Por cierto, hoy os dejaré un muy sensual enlace a un muy sensual cuplé de la época, que reconoceréis enseguida.

El incendio de El Siglo podría haberse apagado muy deprisa si…
Hace poco, gracias a la amabilidad de una lectora, pude visitar el Museo del Seguro, en Madrid, propiedad de la Fundación Mapfre y tener acceso al informe que los peritos de varias aseguradoras redactaron después del incendio de los almacenes El Siglo. No conocía el informe, ni su existencia, y me maravilló leer la lista detalladísima de pérdidas y ver las fotos (inéditas, creo, puesto que nunca se han publicado en ninguna parte) del edificio siniestrado. Pero lo que más me llamó la atención fue una voloración de un experto en la que se hablaba de las causas del incendio. En efecto, el informe confirma la que siempre ha sido la versión oficial de los hechos: un tren de juguete provocó una chispa en un escaparate, que prendió una cortina. Y de ahí el fuego creció rápidamente y se propagó a todo el edificio. He entendido mejor esta pira instantánea al saber que junto al escaparate en cuestión estaba la sección de papelería, atiborrada de material. Por último, se dice que si hubiera existido una luna de cristal entre el escaparate y la tienda, el fuego habría podido ser sofocado al instante. No por el aislamiento -aunque también- sino porque eso hubiera evitado el “efecto chimenea” que fue realmente el causante de todo. Parece que había corriente, que el escaparate no cerraba bien… Muchas casualidades para una catástrofe. Debo de ser una romántica, pero no puedo evitar sentir tristeza al leer que con un simple cristal los almacenes no se habrían perdido. ¿Cómo serían hoy? ¿Os lo imagináis? Caminad por la parte alta de Las Ramblas, en dirección al mar. Dejad a la derecha el Teatro Poliorama y ahí mismo, pared con pared, admirad el rótulo: GRANDES ALMACENES EL SIGLO. DESDE 1888. El escaparate intacto, la marquesina, la escalera de hierro, el rosetón de cristal… ¿Los veis?

Antes de la última parada…
Queridos amigos del Club: esto se acaba. Nos quedan 24 horas de esta experiencia magnífica que ha sido el Club de Lectura de Habitaciones Cerradas. Espero que también a vosotros os haya gustado. Dejadme, en este penúltimo documento, agradecer a la gente de Planeta su trabajo y su entusiasmo fuera de lo común. A Alba Fité, a Elena Morancho y Cristina Castillón (que han sido la voz de Violeta) y también a Miriam Vall, con quien todo esto comenzó.
También quiero daros las gracias a vosotros. No dejo nunca de emocionarme al ver lo que despierta la literatura. No sólo un buen puñado de ideas que debatir, sino emociones. Emociones por encima de todo. Sin gente como vosotros con quienes compartirlas, nada de todo esto -no me cansaré de decirlo- tendría sentido. Cuando pensamos en el Club de Lectura, teníamos como objetivo lograr una cincuentena de participantes. Sólo hace falta ver cuántos somos para sentirse muy feliz de los resultados de esta iniciativa pionera, que seguro que volverá a repetirse. De modo que: Gracias.
Bien, pues. En las últimas 24 horas de Club, a vosotros os toca poner sobre la mesa cualquier cuestión que no haya salido aún. Preguntas, críticas, dudas, curiosidades, cotilleos… lo que más os apetezca. Este espacio es absolutamente vuestro. Y vuestra es la palabra.

Habitaciones cerradas: Recogida de equipajes
habitacionescerradas.blogspot.com
Todo acaba, como este blog, como el final de Habitaciones cerradas. Al final todo queda cerrado. Solo decirte que tu libro me ha, no gustado, si no encantado, maravillado y sorprendido, no se cual más de todas ellas. Gracias a ti por hacer que la lectura de un libro sea más que eso.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

Una respuesta hasta ahora.

  1. Mari Jose dice:

    Tengo que ponerme al día con Internet porque me habría encantado haber formado parte de este club de lectura. Los ignorantes, como yo, en este mundo de internet nos perdemos cosas estupendas. Espero llenar el hueco cuanto antes.


  • Facebook
  • Twitter

Enlaces recomendados

  • planeta
  • Funambulista
  • Nórdica
  • Periférica