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Mis críticas: Un jamón calibre 45

Publicado por Javier El 05/03/2012 a las 7:05 3 Comentarios

Carlos Salem (RBA editores)
Colección Serie Negra
300 Páginas – 18 €

Carlos Salem es el “Sabina” argentino que vino a quedarse con nosotros. Su escritura, perfecta y colorista, plagada de matices tanguistas, recrea los bajos fondos de ese Madrid que bulle bajo las noches de calor en pleno verano.

A Nicolás Sotanovsky le brindan la oportunidad de ocupar el piso de una mujer llamada Noelia que ha salido de viaje. Un amigo le entrega las llaves de éste para que lo pueda ocupar unos días. Nunca se imaginaría, al abrir inocentemente la puerta, que un matón de gran calibre le daría un corto plazo para recuperar “lo que él ya sabe” y, en caso contrario, pum. A este argentino, que únicamente tiene en propiedad un apartado de correos, las cosas se le vuelven muy oscuras. hasta que una amiga de la anterior hace su aparición en la casa y, desnudándose, le invita a entrar en acción. Pero esa acción que engatusa al protagonista de esta novela no tiene pinta de conducirle por el buen camino…

No soy amigo de la novela negra. Sus constantes repeticiones de clichés me aburren hasta la extenuación. Y es por ello por lo que, al adentrarme a alguna de ellas y quedar atrapado en sus redes, ese hallazgo, supone para mí un hito que he de compartir. Ese género de moda llamado “novela negra nórdica” me produce aburrimiento sin par. Las vueltas de tuerca de las mismas historias contadas desde todos los ángulos posibles son el mejor remedio para el insomnio. Sus cansinos argumentos, hilados de mala manera, y aderezados con todo tipo de gustos imperantes, son más un producto de mercadotecnia de grandes almacenes que verdadera literatura con mayúsculas. Pero la escritura de Carlos Salem es otra cosa.

“Fumó en silencio y le acompañé en el humo y las palabras no dichas” (pag. 163).

Abrir la novela de Carlos Salem y quedar atrapado en su prosa es todo uno. Su facilidad para engatusarnos -aquí creo que tiene bastante culpa su ADN argentino…- es algo que queda fuera de toda cuestión. Pero es que, además, los constantes vaivenes por las calles del asfixiante Madrid de los veranos de la villa está soberbiamente plasmado gracias a su buena escritura. Escritura que destila todo lo que ha de destilar una buena prosa. Al lector que escribe se le antoja, sin tener demasiado conocimiento de ello, que Carlos ha de ser buen amigo de su vecino Sabina, pues sus textos coinciden en muchos de los más reconfortantes aspectos. Y ello es muy de agradecer.

“Es como una enfermedad, Serrano, pero jodidamente linda, una debilidad del espejo que nos inventamos de duros autosuficientes y viriles, y que se va a la mierda por la imagen de un gesto, un cruce de piernas, un tacto de la piel de ella. Es sentir que una lágrima sin motivo se hamaca del ojo para adentro y lo peor es que no tiene ganas de llorar pero se emociona y se escapa sin razones. O por muchas razones” (pag. 244).

La prosa de Carlos Salem es natural, bella, ajustada, socarrona, agradecida y natural (otra vez). Se mueve dentro de la novela negra (y creo que, con su sabiduría, en cualquier otro de estilo que le plazca) como pez en el agua. Su habilidad para describir personajes es pasmosa (véase como ejemplo la descripción inicial de Nina en la página 19), pero su gran acierto es ese humor tan suyo (y tan argentino) que hace que devoremos página a página esta obra con una sonrisa en la boca. La gran destreza de Carlos Salem para meternos en la piel de ese desgraciado Nicolás al que le pasa de todo y no se entera de nada es algo inusual en la literatura de los últimos tiempos. Además de todo ello, este poeta -y no de la mousse– despliega frases y personajes con sabor a tango que nos dejan clavados en la butaca.

“La cama era un país extranjero para el que no tenía visado y del que me habían expulsado amablemente pero con firmeza” (pag. 150).

Muchas más virtudes reúne esta tierna y cruda novela. No sería tan perfecta si nuestro escritor no estuviera dotado para transcribir como pocos la sensualidad de cualquier gesto. Toda la obra rezuma sexo y sudor; pero pocas lágrimas. Si acaso, de amor y amistades perdidas. Pero no quiero acabar de reseñar esta novela sin decir que contiene algunos pasajes con los que me he divertido tanto como con pocas novelas en mi vida. Y especialmente con las historias de los taxis o las monedas lanzadas al aire para dirimir decisiones (¡y qué bien que cierras estas anécdotas, jodío!), los chistes de los atracadores de la tercera edad (pag. 215) y, sobre todo, el catastrófico viaje en autobús hacia Algeciras, que ni Berlanga lo hubiera hecho mejor.
Carlos Salem es, como todos sus compatriotas, un buen psicólogo de tristezas y amores perdidos, pero es un aún mejor embaucador que plasma en papel almas en desamparo e historias inolvidables y que agradecerán los lectores ávidos de prosas que merezcan la pena ser disfrutadas. Y es que Carlos Salem pule el envoltorio tanto como la trama y ello no es muy usual en nuestros tiempos.
Gracias, Carlos, por escribirnos esta historia. Te ganaste una nube en el mejor barrio del cielo*.

Carlos Salem (Buenos Aires, 1959). Estudió Ciencias de la Información en Córdoba (Argentina), y escribió y dirigió programas de televisión. Fue director de periódicos en Ceuta y Melilla. Reside en España desde 1988, donde también colabora en periódicos y revistas. Ha publicado las novelas Camino de ida (2007, Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón), Matar y guardar la ropa (2008, Premio Novelpol a la mejor novela policial), Pero sigo siendo el rey (2009, finalista del Premio Dashiell Hammett), y Cracovia sin ti (2010, Premio Seseña de Novela); los libros de relatos Yo también puedo escribir una jodida historia de amor (2008, finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos), y Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de Cerveza-Ficción); además de los poemarios Si dios me pide un bloody mary (2008), Orgía de andar por casa (2009) y Memorias circulares del hombre-peonza (2010). Varias de sus novelas han sido traducidas al francés y al alemán. Es profesor del Centro de Formación de Novelistas, con sede en Madrid y dicta talleres de narrativa creativa en Madrid y Ginebra.

Un jamón calibre 45 es un tango hecho novela negra, un regalo para los sentidos y para la inteligencia, ataviado con una escritura envidiable e inigualable.

P.D. Frase original de Carlos Salem (página 166)


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

3 respuestas hasta ahora.

  1. Raúl dice:

    Por lo que te implicas en esta novela me suena que estás tras del autor para los encuentros. ¿Cierto o falso?

  2. Javier dice:

    Raúl, aciertas al 100%. Y ya tengo fecha: 23 de junio, en la Casa de Cervantes.
    El libro lo tenéis a vuestra disposición en la librería. Un saludo.

  3. Raul cotrina dice:

    No me lo pierdo