La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Jorge Díaz (Plaza y Janés)
460 páginas – 19,90 €

No me gusta hacer crítica literaria por tres razones: en primer lugar, porque soy partícipe del esfuerzo que supone cualquier creación, y a veces se juzga con demasiada ligereza el trabajo y la ilusión de años; en segundo lugar, porque ya no acometo la lectura de una novela como un simple lector, y me centro en aspectos que antes pasaba más por alto, como la prosa, la musicalidad, la estructura o el orden de las ideas; y, por último, porque cuando se habla de la obra de un colega y, al mismo tiempo, amigo, se puede perder la objetividad que requiere este tipo de trabajo.

A pesar de mis reparos, he decidido abordar el libro de Jorge Díaz, porque es una obra extraordinaria.

Conocí a Jorge, consagrado periodista y guionista de televisión, hace algunos años, cuando nos asombró a todos con una maravillosa novela, entrañable y dura al mismo tiempo, que llevó por título Los números del elefante (Planeta). Con una maestría poco común, te transportaba con facilidad a los bajos fondos de Río de Janeiro de mediados del siglo pasado, regentados por compatriotas nuestros, los gallegos.

Y ahora nos sorprende con su segunda novela, La justicia de los errantes, en la que parece decantarse por el género histórico (aunque no es su intención, como luego se verá), al narrar las peripecias de Durruti y Ascaso, dos famosos sindicalistas, iconos del anarquismo ibérico.

Todo el mundo ha oído hablar de Durruti, destacado dirigente de la CNT, que murió en el frente de Madrid en 1936. Nunca se sabrá si a Durruti lo mató un francotirador enemigo, una bala perdida, o algún sicario al servicio de Moscú. Pero a partir de ese instante, murió el hombre y nació la leyenda.

Ascaso, menos conocido que Durruti, había caído unos pocos meses antes, al estallar la guerra civil, en un enfrentamiento con el Ejército en Barcelona.

Hasta aquí, lo que la gente ha oído o leído. Pero lo que muy pocos conocen son sus años mozos, sus años de lucha, sus años de pistoleros y atracadores de bancos.

Es necesario advertir que Jorge Díaz no ha querido hacer una novela histórica ni un tratado de política, por lo que si alguien busca eso en esta obra, no lo va a encontrar. Ha querido relatar, simplemente, las aventuras de dos hombres de acción y sus peripecias lejos de su patria.

Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso eran miembros de los Solidarios, un grupo anarquista muy violento, dirigidos por García Oliver (que llegaría a ser ministro de Justicia durante la guerra civil), firme partidario de la acción directa.

No hace Jorge Díaz, ni mucho menos, una oda al anarquismo, o al terrorismo como arma política. Como él mismo afirmó en la presentación del libro, estos hombres se comportaban como unos “salvajes”, pero los que tenían enfrente no eran menos “salvajes” y utilizaban sus mismas armas. Y entre tanto salvaje, así nos fue.

Comienza la novela con el asesinato, en 1923, del cardenal Soldevila, arzobispo de Zaragoza, sospechoso de financiar a los llamados pistoleros blancos. En esta acción intervendrá Ascaso, pero no Durruti, que en esos momentos se encontraba preso. Estas páginas, de las más brillantes de la novela, destacan por la tensión y la angustia que emanan. El lector parece estar agazapado entre los arbustos, en espera de la llegada del vehículo del cardenal.

Cometido el atentado, entra en escena un inspector de policía que, hay que reconocer, le ha salido redondo a nuestro autor: el inspector Ernesto Valenzuela. Me consta que al autor le gustan los personajes malvados porque dan mucho juego. Y con Valenzuela lo ha conseguido. De una brutalidad excepcional, este hombre, antiguo anarquista e hijo de anarquista, fiel lacayo del general Martínez Anido, será capaz de compaginar el asesinato y el tormento de un inocente con el amor y la ternura desmesurada por su pequeña hija.

Después de diversas peripecias de los Solidarios (detención de Ascaso, puesta en libertad de Durruti, robo del Banco de España en Gijón, fuga de Ascaso de la prisión de Zaragoza…) nuestros protagonistas llegarán a París. Y a pesar de tener bajo la cama casi un cuarto de millón de pesetas, fruto del robo de Gijón, se alojarán en un barrio humilde y se pondrán a trabajar como cualquier obrero (Durruti, de mecánico, su antigua profesión; Ascaso, en una fábrica de tubos de plomo, y después de camarero en un famoso cabaret). La fortuna que esconden bajo el colchón, ni se toca. Es para crear una editorial anarquista.

En París les llegará la noticia de la ilegalización de la CNT. El general Primo de Rivera no se anda con bromas. Tras una sublevación anarquista fracasada, era necesario sacar a los compañeros de la cárcel y reactivar a los Solidaqrios. Pero para ello hacía falta dinero, el dinero estaba en los bancos, y en Francia no pueden atracarlos, o perderán la comodidad de su santuario. Entonces Durruti y Ascaso deciden marcharse a América.

En Cuba, Ascaso conocerá el amor gracias a Paz, la hija de un emigrante canario, anarquista como ellos. Y allí vivirán los dos hombres una vida tranquila, difundiendo su doctrina, hasta que Ascaso se ve impulsado a asesinar a un explotador. La frase que pinta en un muro con la sangre del muerto, da pie al título del libro: “La justicia de los Errantes”.

A partir de entonces comienza un periplo por diversos países, perseguidos por la policía y por el propio inspector Valenzuela (enviado por el general Martínez Anido tras ellos). Los antiguos Solidarios (ahora, los Errantes), acompañados de Paz, viajarán a Méjico, a Chile (en donde recibirán el nombre de los Apaches), Argentina y, por último, Uruguay. Atracarán bancos (“expropiaciones” lo llaman ellos) y robarán a empresas, pero siempre procurarán no tocar el botín, que lo reservan para el sindicato.

Y al volver de Uruguay a Europa, decidirán cambiar de nombre. Ya no serán los Solidarios ni los Errantes, sino Nosotros, “los que no tenemos nombre”.

En definitiva, una novela para disfrutar, con una trama apasionante, unos personajes muy logrados y unos diálogos insuperables. Jorge Díaz ha conseguido escribir una gran novela, de lectura obligada, y esperamos todo tipo de éxitos a este excelente autor.

Juan Vilches, autor de «La calle del olvido»


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

3 respuestas hasta ahora.

  1. Ana Sanz dice:

    Estoy prácticamente en la mitad y coincido con Juan, está resultando una novela excelente, con un ritmo que empuja a seguir leyendo. Enhorabuena al autor. Ana SANZ

  2. Pedro dice:

    Una excelente novela, si señor. Estoy atrapado con las vidas de esosdos anarquistas de los que no sabia casi nada

  3. elias dice:

    hola, coincido completamente con lo expuesto por Juan ahí, mas arriba. disfrute mucho leyéndola y me la devore solo en 2 días, pero el autor comete un par de burradas históricas que no entiendo el por que; ya sea estético o literario:
    – nunca ni Ascaso ni Durruti se entrevistaron o planearon ninguna expropiación con Severino Di Giovanni y dudo muchísimo que alguna vez se hayan cruzado o conocido durante su estadía en Buenos Aires. aunque si se y esta documentado que Di Giovanni los defendió desde su diario que se publicaba en esa época.
    – El atraco a un banco de Buenos Aires nunca sucedió en la ciudad de La Plata al estilo gansteril como el que se relata en la novela ni con un «dream team» anarco; sino que fue en el Banco Provincia de la ciudad de San Martín, y en este tampoco participo Di Giovanni.

    no se entiende el por que de estas burradas ya que parece ser que se documento muy bien y leyó el único libro que conozco dedicado a esta historia que es «Los Anarquistas Expropiadores» de Osvaldo Bayer. salvo esto, la novela es muy buena y bien realizada y ajustada históricamente, seria una excelente película digna de un oscar. bueno, saludos desde buenos aires.


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