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Mis críticas: Baruc en el río

Publicado por Javier El 25/05/2012 a las 7:00 8 Comentarios

Rubén Abella (Ediciones Destino)
284 Páginas – 18,50€

Baruc en el río es una perfecta obra que nos devuelve el gusto por la buena literatura y que nos hace descubrir a un autor con una capacidad de fabulación increíble.

Corre en verano de 1980. En una gran ciudad de provincias vive Baruc, el mayor de los dos hijos de una sencilla familia. Baruc, como suele hacer en esos días de calor, se acerca al río para llegar, mediante un malecón de hormigón, a una isla en la cual pasa las horas pescando. Un buen día, después de encontrarse con un perro vagabundo, llega algo tarde a casa. Su madre, al verle llegar algo tarde y con un perrilo a los pies, le pega una bofetada. Baruc, atónito, espera una respuesta de su padre y hermano. Pero, al no obtenerla, se da la vuelta y desaparece. Las horas pasan y él no regresa al hogar, ante el desasosiego de los suyos.

Desde mi punto de vista de librero, uno suele cansarse del atosigamiento de obras rocambolescas. Obras que disimulan el verdadero arte creador con la pirotecnia de aventuras increíbles en lugares inhóspitos con mensajes ocultos que rozan la hilaridad. Es por ello que la lectura de novelas que esbozan una sencilla historia, y a la que le sacan todo el jugo a partir de un sabio empleo de imaginación y trabajo, no dejan de admirarme. Y es lo que le ocurre a «Baruc en el río», a la cual puedo referirme como pura literatura. Sin más. Y es que no es casualidad que Rubén Abella haya nacido en Valladolid, la ciudad natal de Miguel Delibes, con el que guarda gran semejanza y estilo. Como tampoco creo que sea cuestión del azar que su fecha de nacimiento sea un año posterior a «Cinco horas con Mario», obra con la que se codea en varios aspectos.

«Baruc en el río» es una obra inmensa en las escasas 284 páginas en las que está escrita. Una novela que goza de una escritura fresca y original, tal como si fuera una primera obra de autor, aun siendo la quinta de su cosecha. Su estructura, en forma de crónica desvelada a los 30 años de los sucesos, y a través de la investigación del hermano pequeño, da alas para expresarla mediante el recurso de un narrador en primera persona pero omnipresente en todo momento. Un recurso literario que, lejos de ser contradictorio, resulta veraz debido al carácter investigador del hermano, tal como nos narra en la trama.

Dicen que al final todo se sabe, pero no es más que una frase hecha. A mi me parece que al final se sabe tan poco como al principio. Al menos así me siento yo con respecto a lo que aquí cuento. Llevo años atando cabos. Recordando. Preguntando a quienes jugaron algún papel -por pequeño que fuese- en esta historia. (p. 80)

La obra transita con una escritura bien calibrada y sencilla y nos atrapa desde los primeros párrafos. A raíz del suceso de ruptura, ese universo estable original estalla en mil pedazos. Es aquí cuando comienza una inteligente deconstrucción de (casi) todos los integrantes de la obra y su posterior montaje, necesaria para poder sobrevivir. La facilidad de Rubán Abella para variar los planos narrativos y los cambios de tiempo son elementos cruciales para la delicada factura de la novela. Leyendo dicha obra he recordado a Miguel Delibes -¡cómo no! con ese universo a través de los ojos de un niño, pero también a Raymond Carver, por su facilidad de crear fatalidades a través de pequeños hechos, o a Javier Marías, si no en el estilo, mucho más sobrio y temperado en Abella, sí en el fondo de la maquinaria textual, con un soberbio juego de posibilidades acerca de nuestros sinos en el caso que hubiéramos optado por otra decisión en el momento apropiado. Y por reseñar, podría hacerlo asimismo sobre ciertos paralelismos entre «Baruc en el río» y «El niño perdido», de Thomas Wolfe, escrita en el año 1937 y rescatada hace unos meses por la editorial Periférica.

Dicen que somos lo que recordamos. Si eso es verdad, yo soy lo que viví durante aquellos dos días de agosto. Soy el bochorno. Soy Baruc, llegando tarde a comer. Soy la bofetada de Madre. Soy el silencio. La espera. Las palabras que nadie dice. (…) Pero también soy lo que sé y lo que me han contado. Soy los cabos sueltos. Los hilos del tejido que se desprenden de esta crónica. (p. 272)

Rubén Abella es licenciado en filología inglesa y ha cursado estudios de posgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester. En 2007 su libro No habría sido igual sin la lluvia fue distinguido con el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos. En la actualidad, Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía.

Podría pasar horas y horas hablando de esta obra, perfecta y que provoca amor por los buenos libros. Pero prefiero que sean los propios lectores, y vosotros, los que leéis estas líneas, los que os adentréis a esta novela, tan bella, intensa e infinita como un minúsculo grano de arena. Os animo a ello. Sé que, al acabar de leerla, no seréis los mismos que cuando la empezasteis a leer. Eso, tan sencillo y tan difícil, no es ni más ni menos que el poder de la buena literatura.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

8 respuestas hasta ahora.

  1. Rosa dice:

    Espléndida crítica. Gracias por tu ayuda a la hora de escoger lecturas.

  2. Carmen B. dice:

    Gracias Javier por tus críticas. A mi me ayudas mucho a elegir entre tantísima novedad. Y gracias especialmente porque me descubres autores, como éste, del cual no tenía ni la más mínima referencia. Los dos fragmentos que has elegido me parecen muy buenos. Me encanta el estilo!!. Guárdame un ejemplar.

  3. Pedro Linares dice:

    Me gusta tu plog porque descubres libros que niconocía. Es un placer ver que ciertas novelas pueden encandilarte y como muy bien dices hacerte descubrir el amor por la litertura. gracias por tu trabajo.

  4. Mar dice:

    Estoy deseando pasarme por la librería para cogértelo. Un saludo.

  5. Gemma C. dice:

    Sensacionalmente escrito y muy emocionante (triste, duro y, al mismo tiempo, de una rara y deslumbrante ternura). Belleza y zozobra. Me ha hecho pensar en los Años Lentos de D. Fernando Aramburu. A veces, con libros como estos, me dan ganas de leer sólo obras escritas en español. Una vez más, gracias, librero perfecto.

  6. consita dice:

    que rollazo :´(

  7. Leonardo dice:

    Acabo de terminar esta novela y me ha encantado, 100% de acuerdo con tu crítica. Menudo descubrimiento!!!


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