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Tinto de verano: Las críticas olvidadas

Publicado por Javier El 18/08/2012 a las 6:48 2 Comentarios

A veces me preguntan clientes por críticas de ciertas obras de las cuales anuncio su puesta a la venta en esta página y de las cuales mi opinión nunca llega a aparecer. A veces ocurre y se da el caso. No siempre escribo críticas de lo que reseño como novedad y que promete ser una buena obra. Que promete. Ello me ocurre muy a menudo cuando una cierta novela me ha calado bastante profundo y la recomiendo en la librería a casi todo el mundo y el autor saca un nuevo texto. Estos autores, generalmente escritores que alcanzan la cumbre de su genialidad y carrera con una de sus primeras obras, si no la primera del todo, acaban repitiendo esquemas de lo ya escrito una y otra vez. Cierto es que aquello que funciona, en marketing, no debe de cambiarse ya que su actualización corre riesgo de fracasar. Algo así pasa en la literatura. Pero al revés. Un autor que repite esquemas corre el riesgo de encasillarse y quedar exclusivamente como válido para sus amigos e incondicionales, cerrando cada vez más el círculo de lectores. No creo que deba dar nombres para que cualquiera de vosotros imagine a qué fenómeno me refiero. Baste con hablar de manuscritos olvidados que cambiarán el rumbo de la Humanidad, iglesia católica y CIA de por medio, o, por ejemplo, bibliotecas recónditas en la Ciudad Condal con textos que piden a gritos ser rescatados por libreros de antiguo. Puede que vendan, pero su nivel literario y de creación cae más que la Bolsa en nuestros tiempos. Esta vez -esta última vez- me ha ocurrido con una escritora cuyo primer libro editado en España fue para mí la revelación del año. Después resultó que era su segunda obra, ya que la primera, que fue publicada años más tarde, más bien parece un borrador inconcluso y acabado de escribir y editado por un estudiante de primaria o un universitario inexperto, más volcado a los derivados de la cebada que a las letras. Seguro que, después de estas pistas, muchos de los lectores de esta página sabrán a quién me refiero. Bueno, en esta tercera novela de la autora, en la cual puse todas mis expectativas y esperanzas como gran obra para este verano -su anterior y esplendorosa novela la descubrí un agosto de hace unos años-, los argumentos para recomendarla se han desvanecido como niebla de la mañana. Si bien trata de guardar los parámetros de composición que le dieron fama mundial, una estructura tipo puzzle con personajes de vidas fragmentadas, que van teniendo sentido y cuerpo según avanzamos en la trama, la cual gira como en la anterior alrededor de un cierto objeto material, el corsé al que ha querido ajustarse acaba por estrangular dicha historia y hacerla pesada, reiterativa, delicuescente y poco adictiva. Cierto es que el arma del crimen delata a su autora como la causante de dicho despropósito pero, a fuer de ser justos, yo condenaría a a la misma pena a su editora que no ha sabido hacerle ver los errores de su escritura y recomendarle pues una recreación del texto. Y es que, lo que en la anterior nos motivaba a leer, unos personajes de los que uno se encariñaba a los pocos renglones de su comienzo, aquí son personajes grises y sin alma, lo que lleva al lector a distanciarse de ellos e interrumpir la lectura pensando que no ha prestado buena atención al texto. A ello hay que sumar la inclusión del diálogo, de forma directa o indirecta, como parte de la narración… y en toda la novela. Un efecto literario que, ya obsoleto, traba la fluidez de la historia. El primer capítulo, con un comienzo correcto y sensato, se nos vuelve confuso y aburrido ante su excesiva duración y el constante ir y venir de tiempos y personajes que, por lo que deduzco, poco aportarán al cuerpo principal de la trama. Pero es que, lo que pone como pretexto o eje de giro de la maquinaria de la obra, ese objeto inanimado tan seductor a primeras, desaparece sin ton ni son y es más bien secundario o terciario que otra cosa, hasta que le hace recuperar vida mucho después. Eso sí, sin ser eje de giro del texto ni misterio sustancial de la historia.
Un autor no está obligado a escribir genialidades una tras otra. De ninguna manera. Me conformo con un buen libro cuyo recuerdo me acompañe en años y ya está. Hay muchos escritores con una única obra merecedora en su bibliografía. Lo que desde luego recomiendo a escritores es que, si esa imaginación desaparece de pronto, lo peor que uno puede hacer es publicar refritos de tramas o reiterar estructuras literarias que funcionaron muy bien una vez, hace tiempo. Casi mejor es que viva de las rentas y su bibliografía quede modélica, aunque escueta, pero sin tachadura alguna. Valga el ejemplo del desaparecido escritor Patrick Süskind del que, por cierto, ¿alguien sabe algo de él? Aun así, como de esos buenos amantes de una sola noche inolvidable, siempre quedará en mi recuerdo y en mi estantería de recomendados esa obra que me emocionó e impactó y que me hizo ver que la buena literatura saca lo mejor de los sentimientos del lector fuera de su piel. Aunque sea una sola vez en la vida del autor.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

2 respuestas hasta ahora.

  1. Lola dice:

    Jejeje, creo adivinar la escritora de la que hablas. Y el libro que recomiendas de ella es de lo mejor que he leído nunca.

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