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Mis críticas: Algo queda

Publicado por Javier El 25/11/2007 a las 2:06 Añadir comentario

Algo quedaInge Barth – Grözinger (Ediciones Edebe)
328 Páginas – 18 €

«Lo mejor que uno puede tener en el mundo es estar en casa»
Berthold Auerbach (Poeta patriótico judío)

Dentro de la avalancha de libros con la temática de los campos de exterminio destacan algunos por ciertas cuestiones. «El niño con el pijama de rayas» es un prodigio de brevedad y eficacia con una lectura fácil y un conseguido final. «La ladrona de libros» es una historia escrita como pocas, meditada y estructurada concienzudamente, y con un final perfecto. Y mi adorada «No hay cielo sobre Berlín» es puro neorrealismo italiano en un sótano durante el asedio a Berlín narrado por una niña a la que su madre abandona para ir a trabajar al bunker del Führer. Todas estas novelas y algunas más surgen en unos tiempos cercanos a 1940 y tienen como argumento las depravaciones durante la guerra y los avatares durante el Holocausto.

«Algo queda» de la profesora alemana de lengua Inge Barth – Grözinger es diferente. Comienza en Enero de 1933 y acaba en una noche de Sabbat de 1938. En este corto e intenso periodo de tiempo nos narra este libro las vicisitudes de una familia alemana, orgullosa de ser alemana, pero judía en los tiempos de ascensión del poderío nazi y sus repercusiones en una familia normal en un pequeño pueblo al sur de Alemania, Ellwangen.

Con un estilo descriptivo impecable esta autora nos hace convivir con la familia Levi. Un matrimonio con sus dos hijos varones jóvenes en el esplendor de sus vidas. El libro nos introduce no sólo en las tristezas e infortunios provocados por aquellos vecinos y amigos que siempre estuvieron a su lado. Nos narra de una manera magistral el cambio educativo en las aulas alemanas en los tristes años previos a la II Guerra Mundial.

Un buen día el profesor de Erich Levi se presenta con un uniforme marrón. Todos miran con recelo. Pero poco a poco, sin casi darnos cuenta, empiezan unos cambios que harán de los años de bachiller un terreno de coto de caza para los tres niños judíos que estudian allí. Al poco los obligan a ocupar los últimos asientos del aula, para no mezclarse con los alumnos arios. Los amigos empiezan a distanciarse y a maltratar a sus antiguos amigos. El ambiente se hace irrespirable y poco a poco se siente solos y perseguidos por todos sus antiguos amigos.
A su vez en el pueblo empiezan los cambios. Las banderas negras y rojas con el emblema de la cruz gamada empiezan a colgar de todos los edificios. Carteles con caricaturas de judíos colgados van surgiendo en las paredes. La prohibición de comprar o tener trato con comerciantes semitas empieza a ahogar a los pocos habitantes de nuestra historia, que ven que sus vidas corren serio peligro y plantean huir a otros países más seguros. Son los tiempos del terror cotidiano, de la pérdida del arraigo y de la tristeza del exilio.

Este es un libro perfecto que nos desvela todo lo que se nos da por sabido en tantos otros y que no debemos de olvidar. Si bien un final trágico de esa negra etapa de la Historia de la Humanidad fueron los campos de exterminio, no es menos obligatorio recordar el exilio forzoso de los judíos que lograron a duras penas escapar. Quien haya estado en el Museo Judío de Berlín no habrá podido dejar de conmoverse al recorrer la planta baja y sentir en propias carnes, ficticiamente, el destino de los judíos en esos crudos años. Y si la parte de este increíble museo dedicada al Holocausto es tremenda, como acongojante es el cruzar la sala de La noche de los cristales rotos, no deja de hacernos enmudecer la dedicada a la huida con esos pasillos interminables y este bosque final intransitable. Y la capacidad de hacernos ver el comienzo de todo esto es el gran acierto de esta novela.
Con una destreza poco usual, sin caer en sentimentalismos, nos va desgranando el día a día de Erich Levi y de su familia. A pesar del grosor del libro, debido al papel de cierto calibre, sus poco más de 300 páginas se nos hacen cortas. Nos sumergimos de tal manera en la historia que estamos deseando ver huir a la familia. Y lo que pudiera ser un desatino en la mayoría de novelas, el hecho de conocer el final nada más empezar a leer, es un acicate para el lector, que acentúa mucho más el buen hacer de la escritora.

Si hay libros que han de leerse obligatoriamente en los institutos, éste debería de figurar entre ellos. Creo que la Educación para la Ciudadanía se sentiría más reforzada si los jóvenes conocieran estas partes de la Historia en vez de ciertos clásicos que huelen a rancio desde la distancia y que hacen que pierdan el gusto por la lectura.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.