La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Mis críticas: Las lágrimas de San Lorenzo

Publicado por Javier El 24/06/2013 a las 6:45 2 Comentarios

Las lágrimas de San Lorenzo
Julio Llamazares (Alfaguara Editorial)
196 Páginas- 18 €

Es de ley hablar de Julio Llamazares. Hace años, muchos años, lo descubrí con ese deliciosos relato llamado “El entierro de Genarín”. Recuerdo ese libro de tapas amarillas publicado por Ediciones B y que desapareció con el tiempo. Otras obras he leído de este escritor a lo largo de mi vida pero que nunca he plasmado en esta página de reciente creación. Y ya iba siendo hora. “Las lágrimas de San Lorenzo” es otra novela más, espléndida como todas, de Llamazares. Otra obra de nostalgia y recuerdos, escrita con la misma calma y belleza que sus obras anteriores. Y que recomiendo sin duda.

-¿Tienes frío? -le digo a Pedro, más que porque lo sospeche, por interrumpir el flujo de mi memoria.
-No -me contesta él.
-¿Y sueño?
-Tampoco.
Son las mismas preguntas que me hacían mis abuelos en el huerto de la casa hace ya un millón de años, las mismas que se repiten seguramente en este momento en muchos lugares y que se repetirán todos los veranos mientras el mundo siga girando y haya padres con sus hijos contemplando las estrellas como ahora Pedro y yo. Las mismas cosas que éste le preguntará posiblemente a su hijo dentro de unos cuantos años. Es la rueda de la vida, que gira y gira sin detenerse, pero que nunca vuelve hacia atrás por más que lo deseemos.
(Pag. 55)

Un profesor de literatura, después de deambular por Europa, separado de su mujer y con un hijo al cual ve poco, decide ir a recordar tiempos pasados a Ibiza. Y se va con Pedro, su hijo, a recordar esos días en los que las cosas eran de otra manera. Allí, tumbado en la playa el día de San Lorenzo, ve las estrellas que sobre ellos deambulan, así como algunos cometas que pasan fugazmente. Y es allí donde, con su querido hijo, revive los días en los cuales vio esas misma estrellas con su padre, su abuelo, y la memoria echa marcha atrás.

“Las lágrimas de San Lorenzo” es una obra de reflexión en la cual Julio Llamazares hace recuento de sus días. Unos días, por cierto, muy semejantes a los nuestros. En la pasada feria del libro de Madrid tuve la suerte de encontrarme con él. Yo llevaba un libro suyo, “La lluvia amarilla”, uno de mis preferidos, traducido al japonés y de impresionante edición: tapa dura, tamaño muy manejable, explicaciones sobre el autor y su obra, y unas sobrecubiertas bellamente diseñadas. Se asombró al verme con esa edición, imposible de encontrar en España. Y es que hace tiempo, mucho tiempo, tuve la suerte de trabar amistad con Eiichi Kimura, director de la Universidad de Kobe, profesor de literatura española y traductor, al cual recomendé ciertas obras para la lectura de sus alumnos. Se quedó maravillado con la obra de Julio Llamazares y decidió traducir unas cuantas a su lengua. Y puntualmente me envía aquello que sale de esa prestigiosa editorial nipona. Julio Llamazares recordó la historia y conversamos sobre su obra. Y le dije, lo recuerdo muy bien, que “Las lágrimas de San Lorenzo” me había emocionado bastante. Y eso que no soy padre, ni divorciado, ni he tenido por lo tanto esos recuerdos compartidos con hijo alguno. Pero la maestría de la escritura de Llamazares puede con todo ello y nos trasmite unos sentimientos que muy bien pudieran ser nuestros.

… hace tiempo ya. Tanto como ha pasado desde la noche en que junto a mis amigos miraba las estrellas y fumaba tumbado sobre la arena de aquella cala ibicenca cuyo nombre, Salada, nunca olvidaría porque en ella descubrí que la memoria no era una debilidad, sino, al contrario, la única patria de las personas que, como yo, hemos renunciado a todas. (Pag. 168)

“Las lágrimas de San Lorenzo” es una breve obra que se lee con delectación. Sus palabras, sencillas y certeras, describen sitios y sentimientos de los cuales, aun sin haberlos tenido en propia piel, nos sentimos partícipes. Y es que pocos autores son tan capaces de contagiar estados de ánimo como Julio Llamazares. La infancia, el paso del tiempo, la pérdida de seres queridos, el enamoramiento y la pérdida de él, los hijos y su maduración hasta su independencia, los recuerdos de nuestros abuelos y padres, los miedos y olores de la infancia, la memoria y su pérdida, la escritura y la pervivencia de lo escrito… Pocas veces un autor comparte tanta intimidad con el lector. Y muchas menos veces nos obliga a cerrar el libro a menudo para pensar en lo expresado, para recordar esos tiempos que el escritor recuerda con su hijo y hacer balance de nuestra existencia. Julio Llamazares es uno de los mejores prosistas en habla hispana. Su lenguaje sencillo y preciso está plagado de notas de color y de una amplia gama de grises, color del que están hechos los recuerdos. Pero asimismo leyendo cualquiera de sus obras podemos sentir lo que nos cuenta, ver, tocar, oír, saborear y hasta oler los parajes por los cuales surca su historia. Porque Llamazares es un mago de las palabras y no sólo contagia sentimientos sino que nuestros sentidos son parte importante en la captación de los parajes por los cuales transita la lectura de su obra. Y más aún en esta espléndida “Las lágrimas de San Lorenzo”, una obra de madurez y que se disfruta cada vez más lentamente.

Quizás porque los recuerdos necesitan las palabras para serlo y, al revés, porque las palabras, sin nada que nombrar, se borran. En eso son como las estrellas. (Pag. 104)

Julio Llamazares nació en Vegamián (León) en 1955. Su obra abarca prácticamente todos los registros literarios, desde la poesía —La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982)— a la literatura de viaje —El río del olvido (1990, Alfaguara, 2006), Trás-os-Montes (Alfaguara, 1998) Cuaderno del Duero (1999) y Las rosas de piedra (Alfaguara, 2008), primer volumen de un recorrido sin precedentes por España a través de sus catedrales—, pasando por la novela —Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994, Alfaguara, 2006) y El cielo de Madrid (Alfaguara, 2005)—, la crónica —El entierro de Genarín (1981)—, el relato corto —En mitad de ninguna parte(1995)— y el guión cinematográfico. Sus artículos periodísticos, que reflejan en todos sus términos las obsesiones propias de un narrador extraordinario, han sido recogidos en los libros En Babia (1991), Nadie escucha (Alfaguara, 1995) y Entre perro y lobo (Alfaguara, 2008). Su último libro es el volumen de relatos titulado Tanta pasión para nada (Alfaguara, 2011).

Impresionantemente bella y nostálgica, “Las lágrimas de San Lorenzo” es una gran obra de Julio Llamazares, una obra que, a fuer de mostrar sus sentimientos, nos vemos retratados nosotros mismos en la novela. Nosotros, que al igual que el autor vamos camino de ser estrellas en el cielo, antes que pasar a ser olvido eterno y desaparecer para siempre.


2 respuestas hasta ahora.

  1. Gabriel dice:

    Me decepcionó un pelín Llamazares con “El cielo de Madrid” Me pareció una novela más bien simplona. Volveré a darle otra oportunidad con esta reseña.

  2. Jose Mari dice:

    Acabo de leer el libro. Totalmente de acuerdo con tu comentario: intimidad con el lector, se disfruta, parar para pensar en lo leído. Las pocas cosas que he leído de este autor me han dejado una gran recuerdo. Todavía me acuerdo de “El entierro del Genarin”. Y éste que acaba de leer lleva el mismo camino. Me ha encantado.
    Y además, escribo para decir que conincido con tu comentario, Javier. Has escrito lo que yo diría de este libro. Saludos


  • Facebook
  • Twitter

Enlaces recomendados

  • Editorial Periférica
  • Editorial Sajalín
  • Editorial Nórdica
  • Editorial Contraseña