La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Historia de las tertulias de la librería de Javier II

Publicado por Javier El 11/07/2013 a las 6:45 3 Comentarios

La tienda que regentaba en la Plaza de Cervantes carecía de las mínimas condiciones para ejercitar cualquier actividad que se piense. Aparte de caerse el techo a trozos, no disponía de aseos, permiso municipal alguno ni agua corriente. Para poder fregar los suelos había que acercarse al patio de detrás y coger agua de un grifo que había allí. El aspecto del local, con ristras de carteras escolares colgando en el techo, era impresionante y al final hubo de ponerle un contrachapado que sujetara las partes de éste ya que con el tiempo se iban cayendo al suelo. Mi padre tenía un empleado llamado Miguel que en la distribuidora de revistas le llamaban jocosamente «Miguel de Cervantes». No sé si por aquello de la procedencia comercial del muchacho o debido al «gran interés» que ponía en ilustrarse. En este local fue donde tuvo lugar el encuentro con el escritor Tom Sharpe un gélido invierno. Pero más escritores pasaron por allá, bien para comprar algún periódico o por el mero hecho de ojear ese curioso local en medio de la plaza más céntrica de Alcalá. Lo cierto es que, pensando en un futuro, y debido a que éste se caía a trozos, busqué un nuevo local al cual llevar lo que tenía y empezar a preparar la librería de mis sueños.
En el año 1992, un amigo de una agencia inmobiliaria, se empeñó en venderme un ático en la calle Ramón y Cajal, ya que en esos tiempos pensaba cambiarme de casa. Pero, cuando echó mano al manojo de llaves para pasar a la casa, se dio cuenta de que no llevaba las que debiera. No pude ver ese ático que me había prometido. En cambio, y para aprovechar mi hora del desayuno, me enseñó un local totalmente diáfano y que daba a la calle. Según parece lo tenía apalabrado la panadería Pinilla, que ya tenía un establecimiento al lado de éste y que quería tomarlo como obrador de pastelería. El sitio me gustó mucho. Es más, cuando vi el techo de madera antigua en la parte más cercana a la calle, pensé que era el que siempre había estado soñando para mi librería. Le dije que estaba muy interesado en el local. Y que se lo quería comprar al momento. No soy un buen jugador de poker, pero esta vez el farol me salió muy bien. Los dueños de la corrala en la que estaba el local querían dinero rápido para acabar los pisos que estaban a medio hacer, y el panadero daba largas a la hora de entregar la señal. Esa misma tarde me pregunto Ignacio, el vendedor, que si podía darle una señal. Mi buen amigo Pachi -director de banca- me dio al momento la cantidad que necesitaba y esa misma noche el local ya tenía nuevo propietario. A la semana siguiente firmamos el contrato y me entregó las llaves. Está claro que los tiempos no son los mismos que ahora. Lo primero que hice fue ver si el grifo que allí había tenía agua. Lo abrí y con el agua que caía me mojé bien la cara para disimular las lágrimas de alegría. Acto seguido me planté en una tienda de electrodomésticos que había al lado, en la misma calle, y me compré una cafetera. Siempre he pensado que una buena librería ha de oler a libros… y a buen café. Y al poco me metí en obras. Unas obras que duraron un año. Seis meses estuvo el obrero con ello, a lo que hay que añadir el cristalero, el pintor y el ebanista. Una vez con el local ya pintado, me puse a decorarlo con cenefas de flores pintadas a mano -tres meses más de verano-, y que aún son visibles en las paredes. Después del verano de ese año, exactamente el 30 de agosto de 1993, abrí las puertas de la librería en Ramón y Cajal, 10. Como curiosidad de la burocracia municipal he de reseñar que el permiso de obras se me concedió justo el día de la inauguración del negocio, exactamente un año después de solicitarlo. Y lo celebré con los concejales y demás personajes de la ciudad. Después vino la iglesia. Pero eso ya es otra historia.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

3 respuestas hasta ahora.

  1. Felix Maocho dice:

    Con la iglesia hemos topado Sancho, Es como los culebrones nos dejas expectantes hasta el siguiente capítulo.

    Otra cosa, extrañamente a lo que nos pasa a todos, diria que has mejorado con los añós, ¡Qué pinta tenías hace 20 años!

  2. Javier dice:

    Gracias Félix por tus palabras y por tu apoyo. A ver si es verdad que quedamos uno de estos días para tomar unas cervezas y charlar un rato.
    Un abrazo.

  3. Mari Jose dice:

    Oye, ya nos estás contando lo de la Iglesia porque seguro que no tiene desperdicio. Es anterior o posterior al obispo actual¿ jajaja


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