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Tus críticas: «Intemperie», por Fernando Monge

[1]Intemperie
Jesús Carrasco (Seix Barral)
224 Páginas – 16,50 €

La primera vez que leí ‘Fahrenheit 451’ fue inevitable que me planteara algo que supongo que muchos hicimos en su momento: ¿qué obra intentaría salvar, memorizándola, de una posible quema fanática de libros? Durante los primeros años de lecturas voluntarias la decisión era relativamente sencilla. Tenía poco que descartar. Evidentemente, a medida que ha ido pasando el tiempo y se han ido acumulando las obras en la cabeza el dilema ha sido cada vez mayor. Tanto, que finalmente, para que no me ocurriera lo que al asno de Buridán, que murió de hambre por no decidirse sobre cuál comer de entre dos montones idénticos de heno, abandoné el empeño por agotador e infructuoso. Me quedé, eso sí, con una lista, continuamente actualizada, de los que más me han influido, en cualquier posible sentido enriquecedor.

Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se trata- ra, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar. Berreos como jaras calcinadas. Tumbado sobre un costado, su cuerpo en forma de zeta se encajaba en el hoyo sin dejarle apenas espacio para moverse. Los brazos envolviendo las rodillas o sirviendo de almohada, y tan sólo una mínima hornacina para el morral de las provisiones. Había dis-puesto una tapadera de varas de poda sobre dos ra-mas gruesas que hacían las veces de vigas. (p. 9)

Una lista a la que acabo de añadir otra nueva joya. Me refiero a ‘Intemperie’, la primera novela del joven escritor pacense Jesús Carrasco, lo que espero que sea el principio de otro filón literario. Y me alegro especialmente de no haber seguido esta vez el criterio de abandonar su lectura al no haberme seducido suficientemente las, digamos, primeras cincuenta páginas, porque cuando he llegado a la última he comprendido que ese ritmo inicial, pegajosamente lento, era la mejor forma de ponernos en la situación de unos protagonistas asombrosamente sencillos, condenados a entenderse en un ambiente hostil: un niño que huye aterrado, sin que conozcamos la razón hasta el final, por un paisaje desolado, y su amistad, difícil de imaginar en otra situación, con un cabrero del lugar. Sin apenas diálogos, que por otra parte tampoco se echan de menos, consigue transmitir de manera magistral unas situaciones sobrecogedoras no exentas de candidez y ternura (al hilo de esto, recuerdo ahora, de hace pocos años, por las similitudes humanas aunque en un contexto muy diferente, ‘La nieta del señor Linh’, de Paul Claudel, otra maravillosa miniatura literaria). Un argumento sencillo y brutal a la vez, como los personajes, que no habla de nadie ni de ningún lugar en concreto y que, por lo tanto, somos todos, o podemos serlo, en cualquier lugar y en cualquier momento. Y por si fuera poco, maravillosamente escrito, con las palabras justas, en muchos casos olvidadas o desgraciadamente poco usadas, pero tan sonoras que no es imprescindible que conozcamos su significado.

Por último diré que aunque pudiera parecer una obra dura de leer, que también lo es, es además optimista. Es quizás dura mientras se lee pero, curiosamente, el gusto que deja al final es reconfortante, exaltando el valor de la conciencia, de la amistad y de todo aquello que nos hace humanos.

Jesús Carrasco, nació en Badajoz en 1972 y en 2005 se trasladó a Sevilla, donde reside en la actualidad. Desde 1996 trabaja como redactor publicitario, actividad que compagina con la escritura. Intemperie le ha consagrado como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama literario internacional. La novela, que ha tenido una entusiasta acogida en las mejores editoriales extranjeras antes incluso de su publicación en España, se editará en trece países.

Aunque me temo que nunca sería capaz de memorizar la obra completa (probablemente ni siquiera podría hacerlo con una sola página), intentaré recordar el título (‘Intemperie’, de Jesús Carrasco, lo repito como ayuda nemotécnica) para recomendárselo a todo el que me pregunte.

Fernando Monge Gómez

Talavera de la Reina, 23 de junio de 2013
(después del emocionado reencuentro, tras casi treinta años sin vernos, con mi amiga Ana, extremeña también como Carrasco, y a quien agradezco con todo el cariño del que soy capaz que me recomendara el libro de su paisano)