La librería de Javier

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Conversaciones en la librería: El botulismo literario

Publicado por Javier El 23/09/2009 a las 6:35 7 Comentarios

ConversacionesA raíz de recibir tanto libro sin sentido de editoriales prestigiosas -y algunas que no tanto- en los que recopilan artículos, pensamientos, trozos de blogs, conversaciones con su hija o recetas de cocina que se le ocurren al autor mientras dormita la siesta, se me ha vuelto a ocurrir una idea. Genial, como siempre. Los que ya no tenemos abuela tenemos que animarnos a nosotros mismos. Trataré de reproducir las conversaciones que surgen en mi establecimiento y, si llega a ocurrir, y en el momento oportuno –y ya que no me atrevo a seguir con esa novela que empecé hace ya años y que duerme en el limbo del cementerio de los comienzos olvidados-, como digo, si llega ese momento y un editor, el que sea, ya me da lo mismo, me propone unir todos esos trazos de momentos de diálogo y así sacar un libro, pues eso, tendré mi libro. Mi libro. Por fin. Poder ir a las televisiones, a las salsas rosas, a los telediarios, a España en directo, ya qué más me da… y presentar mi libro. Por fin veo que ya lo tengo casi todo cogido y bien cogido. Por soñar no se pierde nada. Y todo esto, ¿cómo empezó? Pues verás…

Estaba el otro día sentado atrás, en esas butacas que hay al fondo de la librería, tomando un café, cuando oí una voz conocida. Era mi amiga Celia, de Bilbao. Se vino a Alcalá de Henares porque quería otros aires para sus hijos en el momento en que nacieron. Al poco enviudó y así la conocí. Nuestra familia hizo amistad con la suya, vivíamos cerca y poco a poco la confianza se estableció. Era una muy buena clienta en los tiempos de prensa y fascículos y de ello, de esos tiempos, ahora que no puede casi leer por problemas en la vista, queda una gran amistad. Su gran personalidad y su mente abierta hace que de vez en cuando nos liemos a charlar sin ver el final.

Entró ella, nos saludamos, y me preguntó por un libro que, afortunadamente, tenía y compró. En ese momento me dijo que ya no leía nada nuevo, que se dedicaba a releer todo aquello que tenía en casa de hace bastantes años, de cuando vivía con su marido.

-Bueno –le dije- pero, de vez en cuando, conviene leer algo de nuestro tiempo…
-Quita, quita, anda que no tengo almacenado para leer.
-No estoy muy de acuerdo con usted. De tanto releer va a acabar padeciendo botulismo literario.
Me miró con sorna y se despidió a la vez que entraba un nuevo cliente.

Y es que el hombre, pienso, no puede vivir de relecturas. Como tampoco podemos vivir de recuerdos. La vida es algo fresco, algo que surge a cada momento y no podemos estar todo el rato caminando el mismo y mirando siempre  hacia atrás. El golpe es predecible. Además, como bien decía Proust, no sólo mueren los escritores, también mueren las obras escritas. Comprobado. ¡La de veces que hemos vuelto a poner los ojos en ciertas prosas y que se nos han quedado ya obsoletas y rancias! Cuando oigo una voz pidiendo, por poner un ejemplo, una obra de Herman Hesse y miro al cliente que me la pide, indefectiblemente aprecio que se trata de un estudiante, universitario o en los últimos años de bachillerato, y con ganas de profundizar en uno mismo. ¡Pero qué lejos quedan ya esos tiempos! Nuestras vidas cabalgan en el tiempo, en las lecturas, y se alejan de parajes que ya ni nos acordamos. Pero cuando miramos hacia atrás vemos que esos paisajes ya no son lo que eran en el recuerdo. Lo decía Machado. Los tiempos pasan, los autores mueren, las obras envejecen a la par que el papel y nosotros ya no somos los mismos. Todo un cúmulo de coincidencias catastrófico. Vivir exclusivamente de relecturas es ahogarnos en la alacena de las conservas literarias, lo que yo llamo el “botulismo literario”, vivir de lo envasado años atrás, perdernos la gracia de los alimentos frescos, exponernos a pillar lo que no tenemos: el aborrecimiento de la lectura. Porque si bien los clásicos siempre están allí esperándonos, también lo están nuestros amigos desaparecidos y muertos, y no por ello vamos a enterrarnos en vida para poder estar de nuevo con ellos. Hay que frecuentar lo coetáneo y vivir con los vivos.

Pocas cosas en la vida me producen miedo, pero una de ellas, la que tengo más clara, es la de releer textos que marcaron mi vida. El comprobar como aquello que te hizo mella se desmorona por su propio peso y vernos y reconocernos en el espejo de los tiempos y ser conscientes de lo frágiles que éramos. Raramente veo fotos de viajes pasados. Ya ni las paso a papel. Prefiero los recuerdos, siempre frescos y vitales, en los que éramos jóvenes y guapos, si es que alguna vez lo fuimos, y dejar que los recuerdos sean recuerdos y el presente sea el presente.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

7 respuestas hasta ahora.

  1. Mertxe dice:

    Hola Javier!

    La verdad es que yo soy poco de releer. Básicamente porque tengo tantas lecturas pendientes en la estantería que sólo releo libros que se publican en varias partes y SOLO en el caso de que pase mucho tiempo entre ediciones, porque con tanta lectura es verdad que a veces se olvida uno de detalles importantes a tener en cuenta en las partes siguientes.
    De todas formas de lo que si me he dado cuenta es de que antes escogía mis lecturas con más criterio. Tengo muchos libros comprados hace años sin leer que estoy segura de que son mejores que muchas cosas actuales que compro. Tengo que frenar mi impulso consumista y escoger con más calma porque a veces de verdad que no acierto. Me dejo llevar por la publicidad, por las portadas, a veces por muy buenos comentarios en internet y luego llegan las decepciones.
    A ver si lo consigo.
    Un saludo.

  2. Javier dice:

    Hola Mertxe.
    Tal como digo, uno no se puede alimentar de conservas. Viene a ser como cuando vives del pasado; a veces te llevas alegrías al ver lo bien que se conservan ciertas cosas, pero otras… Esto me recuerda cuando se hacen reuniones de antiguos alumnos, que la mayoría de las veces te deprimes al ver cómo pasa el tiempo sin que nos demos cuenta y constatar que ya no hay nada que nos una. Y eso sin hablar de los cuerpos, que se echan a perder más que el jamón de york en la nevera.
    Un abrazo.

  3. Marta dice:

    pues a mi me ha pasado con películas, que yo cuando las vi me parecieron espectaculares, y las vuelvo a ver y les encuentro fallos y no me parecen tan buenas. Por no hablar que la memoria hace que veamos el pasado o los libros leídos con cierta nostalgia, con esa aspesia que da el tiempo y la distancia… volver a lo pasado, que es algo que no se puede, es decir intentarlo releyendo, viendo otra vez, o acordándonos de aquello que dejó atras, desde mi punto de vista es una cerrazón mental o un miedo a afrontar lo de hoy o lo que vendrá mañana…

  4. Ester dice:

    Javier sólo en parte estoy de acuerdo contigo. Es cierto que no se puede vivir sólo de recuerdos ni releer continumente las mismas obras, pero a veces volver a leer un libro que ya teníamos olvidado es encontrarse un texto nuevo precisamente porque nosostros no somos los mismos, otras veces no quieres acercarte a lugares, peliculas o lecturas que guardan mucho significado por no romper la magia, yo por ejemplo no quiero volver a leer La Metamorfosis porque ha sido una de los libros que más me impresionaron cuando lo leí a los 13 años, sin embargo hay películas que me gustan más cuando las veo tiempo despues por segunda vez.
    Por cierto te animo a escribir «Las conversaciones» si prometes no ir a salsa rosa.

  5. Javier dice:

    Tienes toda la razón, Ester. Y si te das cuenta, de vez en cuando hago alguna crítica -y releo, ¡cómo no!- alguna obra que está desde hace tiempo en mi memoria. A veces la entendemos mejor que cuando la tomamos por vez primera; otras veces no sabemos ni cómo llegamos ni a empezarla. Nosotros cambiamos y nuestros gustos con ellos. ¡Cambiamos de pareja con el tiempo, como para no cambiar de obras de literatura!
    Un saludo.

  6. marta dice:

    Hace unos años vinieron a visitarnos unos amigos. Al terminar dicha visita, los comentarios de rigor:
    – Bueno, a ver cuando volveis por aquí.
    – Nunca.
    Y claro, me quedé de piedra, juro que les había tratado divinamente. Creo que mi cara era un poema, porque decidieron extenderse en la explicación:
    – Hay tantos lugares que ver y tan corta la vida, que no repetimos jamás.

    Creo que es lo que me ocurre con los libros…

    • javier dice:

      Pues sí, una contestación así hunde a cualquiera. Esta vida sería muy difícil sin un poco de mentiras, llamado en el argot educacional «Diplomacia». Yo guardo mucho libros con el ánimo de una segunda lectura, aunque sepa fehacientemente que nunca lo haré. El valor de una obra es ese ánimo.


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