El rincón de Javier

Libros y algo de Jazz

Mis críticas: El jardín de la memoria

Publicado por Javier El 13/10/2014 a las 6:45 Añadir comentario

El jardín de la memoria
Les Vélez
Galaxia Gutenberg Ediciones
252 Páginas – 17,90 €

Nuestra herencia son los recuerdos. Las fotos son pedazos de inmortalidad. Este libro es el álbum de mí, de nosotros, de los Collinson que ya fueron. Partículas de un brillante cometa. No es mucho y sin ser mucho, mis palabras tienen un valor incalculable. Entre estas páginas está el significado de la vida. Los trozos del amor. (p. 251)

De siempre el ser humano ha sido curioso ante la muerte. Se han escrito libros sobre el tiempo de acercamiento a ella a través de la enfermedad, bien en primera persona o como familiar o amigo del enfermo, o cuando ya una vez fallecido, dedicamos un tiempo al luto y a la recuperación del ritmo habitual de la vida. Libros sobre ese luto han existido y existirán. Y muchos de ellos han sido comentados en esta página. Sobre el luto posterior, y varias veces sobre el periodo de habituación a ese desenlace, nos ha escrito abundante obra la fantástica Elisabeth Kübler-Ross. Pero más recientemente ha habido, dentro de la literatura, casos de alivio, en escritores, a la hora de plasmar esos momentos como ajuste de cuentas debido ante el ser que nos deja. Quizás el más conocido y reciente sea el de Rosa Montero con su novela La ridícula idea de no volver a verte y que, curiosamente, coincide en tiempo de redacción con el de Lea Vélez. En el caso de Rosa Montero el libro está escrito a raíz de la trágica muerte de su marido y que, inspirándose en las páginas que plasmó Marie Curie a la muerte del suyo, la genial escritora supo construir una obra muy imaginativa mezcla de biografía de la científica y de ella misma en los respectivos periodos de duelo. Otro caso muy relevante es la gran novela Entre brumas, de Burnief, en el cual una mujer relata los últimos días de su marido según avanza, inexorable, un alzheimer cabalgante. Hay un último ejemplo, obra maestra de la literatura, que es el titulado El club de lectura del final de tu vida, escrito por el editor Will Schwalbe, y que cuenta la experiencia de un hijo con su madre, a la que han dictaminado un cáncer terminal, y a la que acompaña a todas las pruebas matando el tiempo con la lectura conjunta de ciertas obras. Un libro, éste último, que se asemejaría bastante en contexto al que me refiero en la crítica de hoy.

La obra de Lea Vélez es un impresionante testimonio que no deja indiferente al lector. Pero esta obra, testimonio de los últimos días que la escritora pasó con su marido, George, no es sólo un documentado diario de los días de un enfermo de cáncer terminal. El jardín de la memoria es una caja de recuerdos, una caja testigo que se deposita en las grandes edificios y en la que se incluyen periódicos del día, fotos, trazas del presente para que nuestros herederos puedan descubrir, transcurridos bastantes años, cómo fue ese tiempo perdido en el olvido. Y esa labor de guardar y colocar datos, hechos, imágenes y pequeñas anécdotas es la que hace a las mil maravillas Lea Vélez en su libro. Junto al enfrentamiento a la realidad, poniendo las cosas en su sitio, arreglando de antemano todo ello sabiendo el cercano desenlace de su marido, queda el deber de informar a amigos y familiares y, sobre todo hablar a sus hijos, al menos al mayor, de todo ello, para facilitarle ese mal trago en su corta edad. Pero el libro es algo más. Y ese algo más es lo que enriquece a esta novela, dotándola de versatilidad, aspecto que nos procura deleite en su lectura. Y es que, además de la crónica de la muerte del marido de la escritora, Lea Vélez, nos habla de los recuerdos de la familia de él, en especial de su hermano, que murió de leucemia siendo niño y que parte de los recuerdos reposan en casa de la autora. Hay además una soberbia novela sobre Francesc Boix, el fotógrafo presente en el campo de Mauthaussen, y que gracias al cual tenemos una imagen fidedigna de los infiernos de dichos reductos. Estos tres aspectos van sorteándose a modo de dosificación en grageas para concebir una obra imborrable en la memoria y muy tierna, haciéndonos ver que la vida contiene momentos terribles y acuciantes por los que tenemos que pasar, ineludiblemente, para poder apreciar esos otros pequeños ratos de alegría y belleza. Lea Vélez ha sido capaz de crear una obra sencilla y compleja a la vez, y que nos habla de muchas cosas. Y sí, nos habla en cada página de la muerte o volamos alrededor de ella, Hasta la olemos, pero es la luz que aporta el texto, rendija a rendija entre sus párrafos, la que da sentido a la obra y que nos trasmite la vibrante necesidad de apreciar la alegría de vivir, meta de todas nuestras vidas. Una obra muy especial trabajada como tapiz de pachwork literario a base de recuerdos, imágenes, cartas, miradas y desvelos, y tejida por una mujer que es esposa, viuda, madre, amiga y, sobre todo, novelista. Una gran novela sin lugar a dudas.

Tramadol, Ibuprofeno, jarabe para los picores de Richard y crema hidratante. Ya lo tenía todo. Cuando le di la visa al farmacéutico recordé que me faltaba otra cosa.
–Ah, y un certificado de defunción, por favor.
(p. 11)

Lea Vélez nació en Madrid en 1970 al cobijo de una familia fanática de la literatura. Tras estudiar Periodismo en la Complutense, se dio cuenta de que además de observar, analizar y escribir, le apasionaba el cine. Por eso decidió convertirse en guionista de ficción. Su tercera pasión es y ha sido siempre la música. Hoy, las teclas de su ordenador cargan ya con más de seiscientas horas de ficción televisiva. En 2004 se editó su primera novela, El desván (Plaza y Janés), escrita en colaboración con Susana Prieto, de la que se publicaron seis ediciones. En 2006 repitió la experiencia de escribir a cuatro manos con su segunda novela, La esfera de Ababol (Planeta). En 2008 escribió, también con Susana Prieto, la obra teatral Tiza, divertida sátira sobre la educación, que fue galardonada con el premio de Teatro Agustín González. En mayo de 2014 publica, ya en solitario, La cirujana de Palma (Ediciones B). Lea Vélez tiene fuertes lazos con Inglaterra y pasa largas temporadas en la ciudad de Brighton, donde encuentra inspiración junto al mar y buenos amigos con los que tocar música en directo. El jardín de la memoria es un emocionante testimonio de amor, por puro amor. Un canto a la vida y a la libertad.

El jardín de la memoria es una obra inolvidable, bella y dura como la vida misma, escrita con una mano que no tiembla a la hora de ilustrar alegrías y tristezas.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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