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Mis críticas: Sudeste

Sudeste [1]Haroldo Conti (Editorial Bartleby)
242 Páginas – 18 €

Haroldo Conti fue un destacado intelectual argentino, hombre polifacético, que acabó secuestrado y desaparecido el 5 de mayo de 1976, con el golpe de estado en Argentina.

Nacido en el año 1925 en Chacabuco, realizó sus primeros estudios en Buenos Aires acabando con la titulación de licenciado en filosofía. En su vida se casó dos veces y tuvo dos hijos. Su gran pasión fue la contemplación de la naturaleza y a ello dedica bastantes páginas de su obra escrita, obras por las que ha pasado a la historia de la literatura.

La Editorial Bartleby, en su esfuerzo por recuperar obras de escritores fuera de los cauces de moda, acaba de publicar sus cuentos cortos y la que puede que sea su libro más famoso: Sudeste.

Los Cuentos Completos recientemente editados por esta editorial nos dan la oportunidad de ver esas pequeñas prosas descriptivas que tanto le gustaban. Los transcursos vitales de los ríos, los pequeños animales, la variedad de las vegetaciones y el cambio estacional. Haroldo Conti es un pintor detallista que nos relata la naturaleza con una habilidad poco usual. Para aquellos que quieran leer pasajes serenos pero teniendo en cuenta ciertos interludios de temática social -cuyo tema le atañe en su època de peculiar manera-, esta recopilación es una buena excusa para ratos de tranquilidad.

Sudeste es su obra cumbre cuya última edición creo que trataba de 1998 y corrió a cargo de Galaxia Gutenberg. La nueva edición, que cuenta con un prólogo de Ana Basualdo expresamente hecho para ella, es un despliegue inmenso del arte narrativo del autor. Su capacidad para describirnos los entornos en los que pululan los protagonistas, que no son otra cosa sino elementos de ese paisaje tan querido por él, nos hacen ver parajes con infinidad de detalles. No es extraño este gran despliegue de datos ya que la novela puede tomarse como un libro de viajes. Viajes a los largo de senderos y costas cercanos al delta de sus sueños, parajes recorridos por él mismo en los años 50 cuando se compró un bote y estuvo meses navegando por esas aguas y constatando la pobreza y marginalidad de los habitantes de la zona. Es en esta obra en la que su genio descriptivo se despliega a sus anchas. Desde las pequeñas enumeraciones de los juncos que rodean a la cabaña hasta los paisajes más abiertos todo es descripción. El río Paraná, el carismático río Pajarito, los deltas, las islas, las aguas, los botes, el recorrido por toda costa posible… Todo es bucólico y contenido, una alabanza a lo pequeño y a lo invisible. Es una obra para disfrutar de la naturaleza, como si estuviéramos nosotros mismos recorriendo esos parajes, extasiados del verdor, de los olores y de los sonidos.