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Sálvame de Books: El Quijote de Francisco, el Quijote de Menard

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Sé que Javier, el librero, no hablará de ello. Y no porque no tenga razones. Pero tiene pocas ganas de explicar «lo» de Francisco. Y lo voy a hacer yo, para que se enteren todos aquellos que a menudo pasan por su librería preguntando por él.
Francisco es -más bien, era- un mendigo procedente de Valladolid que estableció su «trabajo» en Alcalá. Pedía arrodillado, mirando al suelo, en la esquina entre la Plaza de Cervantes y la calle Mayor de Alcalá de Henares. Hace años que entabló una cierta confianza con el librero Javier, el cual le ayudaba para que comiera algo todos los días. A raíz de unos dibujos que le dio como agradecimiento a sus ayudas, el librero le propuso que hiciera algún motivo sobre el Quijote. Y fue tal el trabajo que le entregó que al poco le comentó que siguiera con esas láminas, con el propósito de, en el futuro, mirar la posibilidad de engendrar un Quijote ilustrado por Francisco. Cada cierto tiempo, según me comentó Javier cada mes o mes y medio, aparecía Francisco con una lámina sobre el caballero de la triste figura. Al llegar a la docena habló Javier con dos editores que se sintieron halagados con la idea, sobre todo uno de ellos que le aseguró la publicación para el año 2016 de un Quijote con las fantásticas ilustraciones de Francisco, además de proponerle ilustrar otras obras por la calidad y originalidad de sus trabajos. Lo cierto es que a raíz de llegar a la número 18, apareció por la librería acompañado de un asistente social del ayuntamiento de Alcalá. Acababa de tener el mendigo una mala aventura en Madrid y los servicios sociales de la ciudad de Alcalá se hicieron cargo de él para «rehabilitarle». O eso es lo que Javier pensaba del trabajo social de inserción de mendigos. Lo cierto es que, desde comienzos del mes de mayo del año pasado Francisco no ha vuelto a dibujar una lámina para ese Quijote. Y prácticamente ni ha aparecido por su librería. Me comentó Javier que el ayuntamiento le ha puesto una habitación en una casa de acogida en la que tiene todo lo que nunca pudo imaginar: un dormitorio individual con calefacción central, mesa para dibujo, ordenador y conexión de internet. Aparte tiene resuelta la manutención, con varias comidas durante el día, y ropa gratuita en Cáritas, además de un dinerillo que tiene asignado para unos cafés cuando salga por la ciudad. Dispone de un servicio de peluquería que le ha dejado irreconocible y de un móvil del que, según amigos que le han visto, es un adicto total. Hasta han comentado que le han visto muy enamorado y bien acompañado. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el Quijote? Quizás nada, pero lo cierto es que al sentirse tan cómodo en su nuevo estatus, ha dejado de trabajar y ya no hace ningún tipo de ilustración para ese famoso libro que tenía apalabrado con el librero y con un editor y que le sacaría de vivir a expensas de limosnas o de ayudas municipales. Vamos, que los de servicios sociales han frustrado una posible digna salida de Francisco, haciéndole vivir en un mundo de lujo y ficción para lo que antes era el mendigo. La pregunta es: ¿esa ayuda es para toda la vida? No lo creo. El librero ha renegado de él ante su falta de seriedad y ya le ha dicho a ese editor que no cuente con el famoso Quijote del Mendigo, que así era como se iba a llamar la obra. Una pena. Quizá los servicios sociales tendrían que tener una mirada un poco más a largo plazo y no solamente estar enfocados a un confort en el presente, y a pensárselo dos veces antes de frustrar un trabajo con cierto futuro. Una pena. Javier atesora en su casa las formidables ilustraciones de ese Quijote inacabado, de las que hay algunas reproducciones en su librería, sabiendo que ya nunca verá la luz. Al menos lucen espléndidas en su salón, para deleite de amigos, lectores y escritores que a menudo pasan por su casa. El Quijote de Francisco, como el Quijote de Menard, dos sueños de la ilusión, y dos historias a recordar.

Ignatius Sömmer

Francisco (Foto Jesús Cámara) [2]