Los libros de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Muera el libro, viva la incultura.

Publicado por Javier El 17/07/2015 a las 6:45 Añadir comentario

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Hoy como que no tengo ganas de leer.
El calor asfixiante, unido a la noticia del cierre de la mítica librería almeriense de nombre Sintagma, hace que mi desidia campe a sus anchas. La misma desidia que ha procurado este gobierno ante la situación cultural de esta hundida España. Sí, parece que otros vientos asoman en el horizonte, pero son los vientos que se llevarán las cenizas de lo que una vez pudo ser y no fue. ¿Culpables? Todos. Esos gobiernos mezquinos, todos ellos, de izquierdas, derechas y de lo que sea, todos, preocupados exclusivamente por sus sillones en el Congreso y Senado y ayuntamientos pero sin gana alguna de hacer algo por la población, cada vez más cazurra y anacoluta. Pero, pensemos, ¿qué coño le importa a la población la cultura si se pone a llorar desconsoladamente cuando un portero forrado de millones se va al otro lado de la península, a seguir forrándose y a vivir la buena vida con su esposa cañón, mientras el Estado pisotea a esa población, a ese individuo, quitándole derechos por todos lados, bajando los sueldos a la mitad, suprimiendo libertades de expresión, recortando en sanidad y educación, cambiando leyes para eternizarse en sus puestos, robando, extorsionando, podridos y hediondos, mientras piden al obrero que cobra 500 euros al mes resignación y que no defraude a Hacienda, que por favor no haga la competencia a los verdaderos profesionales, ellos, que ya tienen conocimientos para hacerlo mucho mejor que nadie…?
No hay nada como enfurecerse para subordinar oraciones. Lo siento. Pero me pregunto, ¿acaso se merece ese pueblo cada vez más inculto y zafio que sus mandatarios le sean fieles y éticos en su mandato? Y además, ¿acaso ello les importa mucho? Estoy por pensar que no. Ese pueblo soberano que vota cuando toca votar y que no tiene el más mínimo interés en la cultura, ese pueblo que está más aborregado que en los tiempos de la dictadura, ese pueblo que no quiere aunque puede. Porque antes quería. Y no podía. Y hoy, que se puede ser, no se es. Ese pueblo que prefiere perder el tiempo jugando al Candy Crash, o dejar los mejores momentos de su vida en las putas redes sociales -aunque luego echen pestes de los programas basura de Tele 5-, o que se tira el día entero mandando mensajes de mierda para luego no llegar a nada, perdiendo horas y horas, porque lo importante es estar todo el día pegado al aparatito de marras, a la última versión del smartphone inteligente para gente cada vez más aborregada. Aunque este estado de las cosas es lógico: si el pueblo cada vez es más iletrado y mostrenco, los aparatos que maneja cada vez han de ser más inteligentes. Todo sea para compensar la entulticia del cliente que paga primorosamente sus contratos de telefonía sin mediar palabra y se echa las manos a la cabeza argumentando el precio de los libros, gente que nunca ha pisado una librería, más propensa a estar a la última en sistemas operativos de aparatos de moda que en su propia inteligencia.
Es hora de despedirse. No, tranquilos, todavía no cierro mi librería. No tengo otra cosa que hacer en esta corta vida y, mal que bien, mi pequeña librería no me da muchas pérdidas económicas. Puedo soportarlo unos meses más, no os preocupéis. En el fondo, cuando opté por dedicarme en exclusiva a esto de recomendar libros no pensé que viviera de ello, al menos holgadamente; no me pilla por sorpresa. Me apena el cierre de Sintagma, a cuyos capitanes intrépidos, Manuel y Matilde, conocí en persona en uno de mis viajes, aunque en ningún momento me di a conocer. Me apena el cierre de esta librería de El Ejido como me apena el cierre de tantas y tantas en los últimos cinco años. Pero claro, cuando pones cara a la desgracia, la desgracia se te hace más tuya, te toca más. Lo siento mucho, muchísimo, pero son los tiempos que corren. No creo que en diez años haya una sola librería abierta, tal como yo considero una librería, de librero que lee y asesora, no del que pasa códigos de barras, al igual que ya no quedan tiendas de discos. Eso sí, existirá un rincón apartado, del salón en el ángulo oscuro, dentro de esos grandes almacenes con miles de metros dedicados a los aparatitos de moda de los que hay que cambiar cada año para estar al día para no quedarse atrás cuando uno se junta con sus amigos, los que conoció a través de internet, existirá un rincón apartado, del salón en el ángulo oscuro, del lector tal vez olvidado, silencioso y cubierto de polvo,

un libro.

Para Sintagma, en su memoria.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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