La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Pepe Quijada, mecenas de Alcalá, y la caja registradora.

Publicado por Javier El 31/01/2016 a las 6:45 Un Comentario

Siempre que alguien me pregunta por la caja registradora, la que tengo en mi librería, me acuerdo de Pepe Quijada.

Hace muchos años que vivo en esta ciudad, mi ciudad. Mi primer recuerdo en ella se remonta a la casa de mis abuelos, al final de la calle Mayor, lindando con la farmacia del licenciado Julio Chamorro. Enfrente de ella abrió una bella tienda de regalos, espectacular, de nombre Capitel, regentada por Modesto Quijada. Con el tiempo se abrió otro Capitel, esta vez en la calle Santiago, llevado por su hermano Pepe. Esos tiempos, que me parecen ya olvidados y para los cuales no puedo situar fechas, han vuelto a la memoria con el fallecimiento de Pepe Quijada, con el cual me encontraba a diario en su paseo hacia el mercado, a la hora del desayuno. Su peculiar andar, junto a su sombrero de ala ancha, le hacían reconocible a distancia, sin duda alguna. Echando la vista atrás, hace muchos años, en 1993, trasladé mi librería de la plaza de Cervantes a la calle Ramón y Cajal. Pepe Quijada solía pasear en esos tiempos por esta calle, y en más de una ocasión entró a ver las obras. Una vez acabadas, pasé unos días en Liverpool, de donde traje una caja registradora que encontré en un anticuario, y que es la que luce en mi librería. Y fue justo cuando la empresa de reparto me hacía entrega de ella, que yo no había podido traer desde allí debido a su peso, cien kilos, y justo cuando empezaba a desembalarla, apareció por la puerta Pepe. Se quedó mirando fijamente la registradora y me dijo que era un modelo muy buscado por coleccionistas, “un modelo muy peculiar, ya que tiene dos cajas, una para los dólares y otra para las libras, las monedas de Estados Unidos y Gran Bretaña, ya que la National, fabricada en Ohio, la creó para el mercado portuario de especias entre los dos países y para poder cobrar en ambas monedas”. Me comentó algunas cosas más, de las que ya hoy no recuerdo nada, aunque sí que recuerdo que me aconsejó que la abriera, ya que seguro que me llevaría alguna sorpresa. Y bien que me la llevé, ya que dentro había una factura del precio original de la caja, de hace más de 150 años, a la vez que unas cuantas monedas perdidas entre su interior. “Si alguna vez te cansas de ella me lo dices, no me importaría comprártela”. Y al poco se marchó. Ese fue el primer encuentro que tengo en la memoria con mi querido Pepe Quijada, el gran anticuario y coleccionista de Alcalá. Al poco tiempo ya era bastante amigo de su mujer, Concha, que trabajaba en el ayuntamiento, y, con los años, de su hijo Boris. Todos los días nos saludábamos y desde entonces compartimos una cierta amistad. El otro día nos dejó Concha. Doce días después le acompañó su marido. No podían estar mucho tiempo separados, se veía venir. La tienda de su hermano Modesto cierra asimismo, y desaparece a finales de enero. Los tiempos pasan inexorables y todo lo que fue ya no es. Nos queda la memoria, que unida a ciertos objetos, evitan que se difumine ese cariño por los seres que tanto quisimos, reteniendo su imagen a través de los años. Mi registradora siempre me recordará a ese gran hombre, amante del arte y las antigüedades, mecenas de la amistad y la cultura, buena persona y merecedor de todo reconocimiento que fue Pepe Quijada.

Foto cedida por Saúl Quijada.

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About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

Una respuesta hasta ahora.

  1. Persona con pinta interesante sin lugar a duda. Los anticuarios son de las personas más enciclopédicas que conozco, tanro en saber, como en curiosidad.

    Tengo un amigo, Abelardo Linares, que quizá le conozcas de nombre, pues se dedica al libro viejo de coleccionista desde su librería Renacimiento de Sevilla y a la vez que es editor de algunos temas muy concretos, Poesía actual, Guerra Civil y Viajeros del siglo XVIII y XIX. Solía coincidir en verano en Villajoyosa, es de las personas no solo más amena, sino más erudito que yo he conocido, aunque como buen sabio, está convencido que no sabe nada de nada, pero de muchos temas.

    Nunca llegara a rico, porque lo que gana, (y gana bastante), con la librería, lo pierde, (y lo sabe y no le importa), como editor, porque esa es su vida, (algo que quizá no lleguen a entender muchos escritores, que piensan que los editores les timan).


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