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Mis críticas: El arte de matar dragones

Publicado por Javier El 15/12/2009 a las 6:32 5 Comentarios

El arte de matar dragonesIgnacio del Valle (Editorial Algaida)
404 Páginas – 20,30 €

Por desgracia o por fortuna la inteligencia es tan difícil de ocultar como la falta de ella.

Cuando empecé a leer “Los demonios de Berlín” me di cuenta que el autor tenía otros dos libros con el mismo protagonista y que no eran sino los comienzos de su andadura. Es por ello por lo que dejé de leer su última obra y me dispuse a descubrir los orígenes de su trilogía.

No soy un lector de novela negra por lo que adentrarme en esta obra con claros indicios de ello se me hacía harto difícil. Pero al poco de leer los primeros párrafos uno ya se da cuenta del gran narrador y estilista que es Ignacio del Valle. Y se le olvidan, malditos prejuicios, los aires preconcebidos. Veamos la frase con la que da comienzo el primer capítulo:

Se llamaba Manuel Cortina Molins, y vivió como murió, con dos cojones.

Para cualquier escritor medianamente labrado este comienzo puede ser la ruina de la novela. Y es que hay que tenerlos muy bien puestos para adentrarnos a leer una obra con las ínfulas con las que se adentra el escritor. Y, más que por suerte por méritos propios, Ignacio del Valle sale airoso de manera espectacular. Una soberana obra de LITERATURA.

Arturo Andrade es un teniente del Alto Estado Mayor al que se le otorga el cometido de recuperar una tabla pre-renacentista y que desapareció en el traslado de los fondos del Museo del Prado entre 1936 y 1939, fechas en las que los mayores tesoros de España hicieron un recorrido hasta Suiza, ida y vuelta, con paradas en Valencia y Cataluña. Serrano Suñer es el ordenante de la búsqueda, por ello no puede fallar en su indagación y, en su contra, el tiempo corre rápido. Los rastros de la obra le depararán a nuestro protagonista recorrer la España más profunda cercana a la Guerra Civil y abocetarnos parajes y situaciones tan anacrónicas como alejadas ya en el tiempo.

Hay algo en la novela que atrae y enamora. Y es su honroso y para nada velado homenaje a Don Quijote y la obra de Cervantes en cualquiera de sus páginas y en cualquiera de los párrafos, todos de buena escritura, y que siembran de luz e inteligencia el texto. Y ello ocurre desde el comienzo, en el que encuentra a su escudero Vicente, o Vladimiro, como bien oculta el secundario, limpiabotas lisiado y estandarte de la España de los cuarenta, metiendo naipes entre zapato y calcetín para proceder al cepillado y lustrado. Los malos de la novela, verdaderos gigantes a abatir -¿o molinos?- se le irán interponiendo al paso hasta el hallazgo de su amada Dulcinea, esa quebradiza Anna, princesa no de la Mancha, sino de origen prusiano, y que le embelesa y cautiva desde su primera visión. Y a esa princesa es a la que ideará en el cuadro en cuestión.

Pero no para en esta trama la grandiosidad de la obra. Sus personajes aledaños: Margot, esa psicóloga más que meretriz, Greta, bien la Garbo o la organización secreta, Xargu, enigma sobre enigma, Rosa, la dueña de la pensión y templanza de la obra, Román, delegado de Orden Público, asesino, tanguista, de cuerpo escultural… y, ¿algo además para Arturo?

Si bien la estructura de la novela está compuesta de dos partes bien diferenciadas, la búsqueda de la realidad no acaba, como hilo sutil que cruza la trama, hasta la última de las páginas. Y hasta me atrevería a decir más: hasta casi las últimas palabras, y que nos dejan el regusto de saber del protagonista algo que el mismo ni conoce, un Arturo que atribulado por los aconteceres, sus deseos más ocultos nunca ha llegado a descubrir. Y es que ese final nos hace replantearnos, si no toda la obra, sí la compleja ¿y ambigua? personalidad del protagonista. ¿Marcará este final las connotaciones de las dos siguientes aventuras de nuestro Arturo?

El texto es poesía hecha prosa o, lo que es lo mismo, delicatessen literaria. El lenguaje de época está pulido al máximo al igual que los localismos y expresiones costumbristas, que siembran el texto de luz y color. Pero es en el uso de adjetivaciones y evocaciones cuando Ignacio da conocimiento de su gran valía: las hachas que laten (p. 310), los siglos uterinos del bosque (p. 310), las mentes que coletean confundidas (p. 321), el humo que se esclerosa sobre las cabezas (p. 326), un lenguaje evocador y de primera.
Y podría estar horas y horas hablando de la bondad de la obra. Los subrayadores se nos quedarían secos de resaltar frases y frases. El Arte de matar dragones es el ejemplo de lo que un autor puede hacer teniendo ideas y sabiendo escribir. Y es que, para Ignacio del Valle, como bien recuerda Arturo de su buen amigo Vicente:

Las palabras son como las cerezas, se enredan, y unas arrastran tras de sí a las otras.

Ignacio del Valle nació en Oviedo en 1971. Residiendo actualmente en Madrid, ha publicado hasta el momento seis novelas: De donde vienen las olas, El abrazo del boxeador, El arte de matar dragones, Cómo el amor no transformó el mundo, El tiempo de los emperadores extraños y Los demonios de Berlín. Tiene en su haber cerca de cincuenta premios literarios y trabaja además como colaborador en varios diarios de ámbito nacional.

Una obra maestra de la literatura contemporánea española y por la que pido disculpas a su autor y amigos por no haberla descubierto antes.

P. D. Ese aroma – algunos autores dicen homenaje- a “El corazón de las tinieblas” que va teniendo la obra según nos adentramos en su segunda parte es embriagador.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

5 respuestas hasta ahora.

  1. Mi enhorabuena por tu página, tanto por su diseño como por su contenido. He pasado un rato muy agradable recorriéndola y descubriendo pequeños (y no tan pequeños) tesoros.

    Voy tomando nota y conociendo autores españoles, a los que reivindico (en su mayor parte), por un trabajo cuando menos interesante y digno de ser tenido en cuenta. No sólo de best-sellers vive el lector, e imagino que tampoco los profesionales del ramo como tú.

    No recuerdo bien en qué sección de tu página he leído que tienes hace tiempo una novela a medias. Me identifico contigo, ya que entre las cosas que los años me han permitido reconocer de mí mismo, es que me gusta escribir (hago mis modestos avances en ello), pero me gusta mucho más leer.

    Un saludo para ti, y para tu librería.

  2. Javier dice:

    Ja, ja, ja. Lo de la novela es ya de otra vida… casi.
    Y gracias por las palabras que dices acerca de mi página. Creo que somos bastantes esnobistas los lectores al elegir libros y guiarnos por los “best seller” que nos venden las grandes editoriales como si fueran oro de 24 quilates. En la literatura española actual hay autores que dan sopas con ondas a la mayoría de los autores que nos meten con calzador esas editoriales. Y les toca vivir de otros trabajos. ¡Chapeau para ellos!
    Javier

  3. marta dice:

    Hola javier:
    He llegado hasta aquí tras leer en el blog de Miguel Sandín la tertulia que organizastes con el y varios lectores. Una lástima no haberme enterado primero.
    Comentarte que tienes una página estupenda en la que llevo más de una hora recreándome.
    Lo que no he logrado encontrar es la dirección de tu librería.
    ¿Te importaría proporcionarmela? Sería un placer pasarme por allí.
    Un saludo,
    Marta.

  4. johanes dice:

    La verdad es que leí esta obra en base a esta crítica y otras que encontré en internet.

    Y la verdad es que me he llevado una gran decepción. El lenguaje si es muy bueno. Es, ciertamente, un esteticista. Pero la trama y el personaje no me han gustado nada. No me convencen. A Arturo no me lo creo. El argumento se desinfla. Y el final, aunque llamativo, deja un regusto malo.

    No creo que repita con este autor.

  5. irene dice:

    Acabo de terminar la novela : ¡ Cuánto la he apreciado ! Hay obras que te entretienen, otras que te enriquecen de preguntas e interpretaciones distintas y dudas sobre lo que has leido. Y la de Ignacio del Valle es de éstas. Para ser sincera, como el español no es mi lengua materna, me costó un poco entrar en la novela : pero ¿quién es el narrador? fue mi primera pregunta. Después me sedujo el personaje de Arturo Andrade : algo nada fácil si pensamos en la época que le toca vivir en la novela, su oficio, su pasado que descubrimos en la segunda parte. Por fin, un personaje que no enarbola convicciones políticas sino un ideal de caballería o humano que trasciende la barbarie de la época…Un personaje que se asimila a Don Quijote -por sus flaquezas y debilidades humanas- y a un caballero del Rey Arturo por los ideales más altos…
    No nos cuesta mucho adivinar quién puede ser Greta en el pequeño círculo que lo rodea, pero el lector no puede creer el final y la resolución del misterio propuestos por el novelista tan sencillos e inverosímiles. Por eso la fiebre, la sangre que escupe el protagonista proponen otro desenlace posible a esta novela. No sabía que era el primer tomo de una serie sobre Arturo Andrade… Incluso tenía ganas de creer que Arturo muere en esta novela…como hace morir su dragón, su lado malvado.


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