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Tierras de España
El problema español
Manuel Azaña
Selección, edición y prólogo de José Esteban
Reino de Cordelia Editorial
336 Páginas
18,95 €

Poco a poco la editorial Reino de Cordelia va acabando esa obra dedicada a Manuel Azaña y que resume su pensamiento y palabra. Después de Gentes de mi tiempo y de A la altura de las circunstancias, y mucho después de la recuperación de La Velada de Benicarló, su gran obra teatral, se nos ofrece el tomo titulado Tierras de España, que desarrolla El problema español, estructurada siguiendo las diferentes regiones de España.

Buen conocedor de la geografía y la historia españolas, Azaña siempre se consideró español, pero esa declaración no evitó que reconociese los defectos del país —«su locura, su violencia su desidia, su atraso, su envidia»—, con los que se negó a ser indulgente. En esta tercera antología del pensamiento del gran intelectual español, dirigida por el editor José Esteban, se recopilan los textos de Azaña sobre el concepto de patria —«Yo nunca he sido españolista ni patriotero»—, su defensa a ultranza de la unidad nacional, pero al mismo tiempo su respeto ante la reivindicación del Estatuto catalán, su apoyo a la defensa de las diferentes lenguas y su claro convencimiento de que el denominado problema vasco-catalán no es algo eterno ni irresoluble, tal y como aseguraba Ortega y Gasset. Su habitual clarividencia le lleva a pronosticar un acercamiento a Franco del nacionalismo vasco y su talante dialogante a tender puentes de acercamiento para conseguir que cada región tenga su propia Hacienda, aunque no así su Universidad particular. Azaña reflexiona sobre el carácter de sus conciudadanos y las diferencias que pueblan el territorio común de la República.

José Ortega Y Gasset, compañero de generación, meses antes
de la cita de Azaña que antecede a esta introducción, había
escrito: «Para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar,
es España el problema primero, primario y perentorio». Es
decir, para los jóvenes Ortega y Azaña es primordial entender
y enfocar el problema de España como urgente y necesario.
Para nuestro escritor, el desastre del 98, «aquella huella
terrible», había sido dominadora de la vida pública de su generación.
Por ello, su función histórica debía ser muy otra que
la de aquellos grandes escritores, incapaces de todo tipo de
acción política. «En el orden político, lo equivalente a la obra
de la generación literaria del 98 está por empezar». Como los
llamados regeneracionistas, «aquellos españoles que atronaban
la plaza pública al finalizar el siglo», no supieron ser hombres
de acción. El propio Joaquín Costa, según nuestro autor
temeroso de las fuerzas populares, se mostró siempre indeciso
a la hora de actuar.
La desgracia de España es carecer y haber carecido de
políticos que conozcan su oficio

Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880 – Montauban [Francia], 1940)
Fue político, periodista y escritor, galardonado en 1929 con el Premio Nacional de Literatura por su biografía La vida de Juan Valera. Su obra más conocida es La velada en Benicarló (1939), una reflexión sobre las causas y desenlace de la guerra civil española que supone su testamento político. Huérfano de padres, estudió Derecho interno en los agustinos de El Escorial, período que rememoró en su novela El jardín de los frailes (1927), y se licenció en la Universidad de Zaragoza con la calificación de sobresaliente, la misma que obtendría al doctorarse. Miembro de la Academia de Jurisprudencia desde 1899, en febrero de 1911 anunció su ideario político con la conferencia El problema español, donde ya establece la relación inseparable entre democracia y cultura. En 1912 es elegido secretario del Ateneo de Madrid y se afilia al Partido Reformista de Melquíades Álvarez. Sus fracasados intentos por salir diputado en 1918 y 1923 le permiten desarrollar su vocación como crítico y escritor; de esa época son las colaboraciones periodísticas recogidas en Plumas y palabras (1930), La novela de Pepita Jiménez (1927), Valera en Italia (1929) y el drama La Corona (1930). Con el golpe de Estado de Primo de Rivera abandona en 1923 el Partido Reformista, un año después de declara abiertamente republicano y en 1925 funda Acción Republicana y es elegido presidente del Ateneo. Proclamada la Segunda República, asume la cartera de la Guerra y en octubre de 1931 reemplaza a Alcalá Zamora en la presidencia del Gobierno, cargo en el que permanecerá hasta 1933 y al que regresará en 1936, ya como principal impulsor del partido Izquierda Republicana. Poco después asume la presidencia de la República.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.