La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

En agosto toca descansar. Pero mi actividad de recetador de literatura no va a parar. Para estos días de vacaciones os voy a recomendar tesoros de la literatura que, la mayoría de las veces, han pasado desapercibidos. Creo que es buena hora de descubrirlos y asombrarnos con autores que, generalmente, son totalmente desconocidos para el público lector.
Lo podéis encontrar en la librería de Javier.

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Cosas que nunca ocurrirían en Tokio
Alberto Torres Blandina
Ediciones La Otra Orilla
158 Páginas
19 €

Pues por eso se viaja precisamente, ¿no? Conociendo otras culturas somos capaces de ver la nuestra. Conociendo otras personas somos capaces de conocernos a nosotros mismos. Uno es todo aquello que su silueta deja fuera. Aprendemos por contraste…

Vamos, que a mí me suelta alguien esta frase así, a bote pronto, y creo que acaba de salir de hacer un máster en la Universidad de Comillas…  Pero no, esta frase ha salido de un libro cuyo protagonista, el que lleva la voz cantante a la largo de toda la trama en una especie de dialogado cojo, es un empleado de limpieza de un aeropuerto. Increíble.

Pero lo más increíble es la perfección de toda la obra. Pocas veces un libro es tan redondo, y con los agravantes de tener una estructura fracturada en varios relatos cuyo nexo de unión radica en personas que en cualquier momento se encontrarían en un aeropuerto. Muy curioso. Salvador Fuensanta es un simple operario de limpieza -barrendero antes de los tiempos de corrección política- y se dedica a pasar la escoba de vez en cuando mientras no haya alguien a su alrededor con quien pegar la hebra. Lo mismo se enrolla con un viajero narrando episodios del país que va a visitar como le cuenta a otro la vida de un compañero suyo, ausente en estos tiempos, pero que quería ser reconocido como un buen poeta y no sabía cómo. No le importa contarle a Sara, esa mujer que le pone los cafés junto a sus oyentes, las aventuras de la pareja que antes estaba al cargo de la cafetería y que si no fuera por un malentendido la cosa hubiera podido tomar otros derroteros. O liarse a hablar con Juana, la del quiosco de prensa y chuches, con quien le une una gran amistad y a la que aprecia bastante. Nuestro hombre, viudo de Leonor, es un filósofo de sala de espera de aeropuertos, un narrador de historias increíbles, y al que le queda un mes para jubilarse.

De un libro se espera todo y no se espera nada. Abro un libro, así lo hago yo la mayoría de las veces, y no leo las notas que el editor me escribe detrás. Prefiero adentrarme en vacío, no saber nada de lo que me va a contar, incluyendo los datos del autor, y espero pacientemente ver que me depara. La mayoría de las veces el mero hecho de escribir una breve reseña en la parte posterior de un libro nos condiciona en cierta manera. Los editores nos suelen vender historias que nada tienen que ver con las interioridades de la obra en cuestión. Recuerdo un escritor venido a menos que vivía de hacer resúmenes y críticas para solapas de libros y que no leía la novela en ningún caso para no dejarse influenciar. Muy loable.

A lo que voy, que me enrollo de una forma… Cuando cogí el libro y leí la primera página ya supe que me iba a gustar. Pero no imaginaba que tanto. Pocas veces me he encontrado con un texto tan bello, tan ameno, tan bien escrito y con unos personajes tan carismáticos. Pero es que hay aún más. La variedad de episodios y la riqueza de las historias que cuenta nuestro hombre de la limpieza -imagino que alter ego del autor, con unos cuantos años de más de vivencias- me ha impresionado. De cada capítulo se podría sacar una novela. Y son veinte. Hay libros, incluso algunos que venden como “best seller del año” que no tienen ni una mínima parte de creatividad de la que derrocha el autor en cada una de las partes  de esta obra. La descripción del Ganges, la increíble historia de Eduardo en Nepal, las aventuras de Domingo Millón y su “show de Truman”, la invención del Japón… Y muchas más. Y todas memorables. Pero es que además la escritura es soberbia. Aquí se notan los años de teatro que lleva este joven sobre los hombros. ¡Pero qué bien escribes, puñetero! Me das una envidia…

Entre todas las posibilidades la realidad no es más que otra cualquiera. Y no siempre la mejor.

Alberto Torres Blandina nació en Valencia en 1976. Con esta novela resultó ganador del Premio de novela Las Dos Orillas 2007. En 2008 fue finalista del Premio Azorín con la novela experimental Hotel Postmoderno (Editorial Inéditor) en coautoría con Carolina Otero, Maxi Villarroya y Sergio Velasco. Y, ese mismo año, fue finalista del Premio Café Gijón con su novela Niños rociando gato con gasolina, publicada por Siruela. Es autor también de la novela infantil, El aprendiz de héroe, además de profesor de literatura, dramaturgo y cantante del grupo musical Niñamala. Esta novela ha sido publicada en Italia, Francia, Portugal y Grecia.

Una novela de obligada lectura para todo tipo de público y de la que ningún amigo ni cliente de la librería se escapará de leer.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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