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Fosfeno, la voz de José Bautista Rodríguez

Publicado por Javier El 19/06/2019 a las 6:45 Añadir comentario


Fosfeno
José Bautista Rodríguez
Editorial Talón de Aquiles
Colección La isla de Spiros
68 Páginas
16 €

José Bautista Rodríguez en un joven poeta alcalaíno que acaba de publicar su primer poemario en la editorial Talón de Aquiles. Su poesía goza de una frescura extraña hoy en día, muy alejada de los versos mediáticos y manidos que pueblan las redes sociales. José Bautista escribe con sabiduría, con esa sabiduría que tienen aquellos que han disfrutado de los grandes poetas desde los primeros años de su infancia. Su verso es contundente y medido, sin excesos ni florituras, gozando de la musicalidad de los grandes clásicos.
Aquellos que lean las páginas de esta preciosa obra descubrirán un universo de pasiones y miedos, soledades y amaneceres, un mundo que, si bien sale de la breve experiencia de un joven de veintipocos años, cala en el alma de los que ya nos han picado el billete de vuelta.

Necesidad

El marinero navega en su nave
entre tempestades y muertes,
como lo hago yo,
cuando cerca de ti surco.

Ni quiere, ni desea;
tan solo es el hambre
lo veraz de tu historia:
y así creo amarte,
y no es sino necesidad.

Todos los males
que adhieres en mí
no son sino reafirmaciones
de la más obsesiva necedad.

FOSFENO.

Así se llama el fenómeno de las imágenes de persistencia multicolor o manchas que visualizamos cuando miramos directamente al Sol o a una fuente de luz intensa, produciendo en nuestra mente una activación sensorial de las emociones y de los sentidos, sentimientos que se graban permanentemente en nuestro pensamiento por el impacto de la propia energía de la luz.

De esta forma los versos de Fosfeno impactan como luz de energía en nuestra mente, hace años que no experimentaba esa sensación desde que siendo un niño de 4 o 5 años seguí a los perros al campamento gitano a las orilla del río Arlanzón, en los arrabales de Burgos. A la luz y calor del fuego danzaban descalzos los gitanos y una gitanilla de seis años batía palmas y cantaba en un profundo gemío, que ascendía a las estrellas de la noche de Santiago de 1962, allí me encontraron mis padres, en la madrugada, dormido al calor de la hoguera.

Mi sensación se prolongó hasta el otoño de aquel cálido verano, el anciano o jefe de la tribu, llegó al acuerdo con mis padres o mis padres pactaron con el príncipe gitano, que al término de los cantos nocturnos me llevarían a casa, a cambio mi madre acogía durante el día a su chiquillería en casa, mientras ellas y ellos mercadeaban sus cacharros de cobre. Todo acabó un día lluvioso del final del verano, en la madrugáa, un destacamento de guardias civiles a caballo, con tricornio y tres cuartos largos con los que tapaban los lomos de los caballos, invitaron a la tribu gitana a proseguir su nomadeo a otro lugar.

Años después, a los catorce o quince años tropecé con el Romancero Gitano de Lorca y su poemas de Nueva York, en medio de la noche, entonces me pasaba noches enteras leyendo a la luz de la linterna, estalló en mi mente, el amanecer lluvioso,…, roto por las pezuñas de los caballos y el vaho de los guardias escoltando a mi niña gitana descalza, que elevaba su cante jondo al desafío de los cielos, tras ella iniciaba su eterno romaneo una caravana de carretas tirada por mulas y mulos, que acompañaban su cante con el tintineo de los cacharros de cobre y el palmeo de los chiquillos semidesnudos, como aquel gitano de Granada, que produjo a Federico su impacto de luz particular, en su única y oscura noche. Fue entonces cuando empezó nuestro propio nomadeo, al desalojar la casa de nuestra infancia, porque tras los guardias llegaron las máquinas y los hombres que levantaron un campo de fútbol y una plaza de toros en las marismas y riberas de nuestra felicidad.

Conocí a José Bautista en un fosfeno particular, cuando me entrometí en la conversación de un librero y un poeta en Alcalá de Henares, el impacto luminoso, ha sido así desde entonces, primero fue un poema en los días veinte de cada mes en La Oveja Negra, luego un poema escrito, los deslumbramientos de otros poetas y por fin fueron apareciendo los poemas escritos de Fosfeno, entonces me deslumbraron y ahora me producen mi impacto particular.

Alfonso Dávila Oliveda


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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