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Vendo jaula y la Historia de Ikea, mi ardilla

Publicado por Javier El 22/01/2010 a las 7:57 Un Comentario

Vendo jaula de gran tamaño, especial para ardillas o aves grandes.

Las medidas útiles son:

Ancho, 90 cm.

Profundidad, 70 cm.

Altura, 120 cm.

La jaula dispone de patas con rodamientos y el espacio inferior es móvil y adaptado para una cama de arena.

Con todos los complementos de palos interiores y bebederos.

Historia de Ikea, mi ardilla.

Hace unos pocos años, paseando ante una tienda de mascotas, me fijé en una deliciosa ardilla. Con mucho desparpajo se me quedó mirando y provocando para enamorar al posible amo. Conscientemente y, tomando idea de todas las responsabilidades que ello conlleva, nos pusimos en casa manos a la obra a elaborar una casa para ella y estudiar su forma de vida y alimentación. Lo primero fue encargar la jaula. Grande, desde luego, queríamos que se encontrara a gusto en su hogar antes de dejarla corretear por la casa, si llegara el tiempo. Gracias a un amigo, que trabaja en el campo, nos hicimos con un gran tronco seco de árbol  precioso. Lo partimos en cuatro rebanadas y cada una de ellas la trabajamos a conciencia para que tuviera una función a la hora de volver a recomponer el árbol y que sirviera de hogar para nuestra acompañante. La parte más baja la vaciamos e hicimos unos agujeros inferiores para que sirviera de maceta por la que saliera una hiedra que serviría de vegetación del habitáculo. Otro de ellos lo vaciamos asimismo completamente para que fuera el hogar de nuestra mascota. Y en el último, el superior, que se bifurcaba en dos gruesas ramas, volvimos a poner vegetación. Aparte de ello creamos en el fondo de la jaula un pequeño bosque con algunas plantas y un canal de agua en movimiento, gracias a un motor, y que era como un pequeño río en el que podría beber o acicalarse el animal.

Estudiamos su forma de vida y su alimentación. Nos dimos cuenta que era mejor tener una que varias ardillas habida cuenta de ciertos celos que hay entre ellas a la hora de disputarse la casa, y otras particularidades. Con el tiempo ya veríamos si teníamos más. Un mes después de nuestra decisión fuimos a por ella. Nos esperaba en la tienda, la misma ardilla que habíamos visto días antes.

Una vez en el hogar se metió en su casa y allí la dejamos. Al día siguiente ya salía por toda la jaula inspeccionando el terreno. Se la veía muy feliz. Al poco ya comía de nuestra mano y nos dimos cuenta que le encantaba el chocolate. Con un poco de él dibujábamos una linea por el brazo y la pequeña, lametazo a lametazo, subía por él, hasta que se daba cuenta que se había acabado su manjar y volvía a la jaula. Pero el tercer día de cautividad nos percatamos de que la vegetación que tanto esfuerzo nos había llevado desapareció por completo. No quedaba una hoja en toda la jaula. ¿? Las ramas lucían tremendamente desnudas y sin ningún verdor. Bueno, pensamos, se habrá construido un colchón a su gusto donde dormir. Y así fue. Todas las hojas de la jaula copaban hasta casi obstruir la salida de lo que era su dormitorio. Pasaron los días…

Una mañana nos alarmó que no saliera a nuestro encuentro. Miramos por el agujero de entrada de su residencia y la vimos patas arriba como muerta. Abrimos asustados al momento la puerta de la jaula y la rescatamos. Estaba en coma. Las hojas habían fermentado y estaba narcotizada. En la palma de la mano empezamos a acariciarla y darle calor. Le acercamos un poco de chocolate a ver si el olor la reanimaba. Nada. A los pocos minutos movió algo la cabecita. Y al momento me dio un mordisco en el dedo índice que vi las estrellas. Se escapó debajo de los muebles y tardamos horas en encontrarla. Por suerte estaba bien viva y haciendo de las suyas.

Cambio de decorado. Quitamos los restos de las hojas y pusimos ramas desnudas. Y, para que se hiciera su cama le desperdigamos por toda la jaula trozos de telas, de muy pequeño tamaño. ¡Dios, que alegría! Todo el día se lo pasaba cambiándolos de lugar y modificando su casa. No había momento en el que no la viéramos de un lado para otro portando con sus dientecillos trozos de todo tipo de color constantemente. ¡Ya está! De «Pequeña» pasó a llamarse «Ikea». No tuvimos más problemas de narcolepsia y se la veía feliz en su nueva vida.Y así vivimos felices durante unos meses. Un buen día apareció sin vida. Ahora vendo la jaula. Los trozos del árbol que fueron su casa ahora están diseminados por la terraza, algunos sirviendo de maceteros.



About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

Una respuesta hasta ahora.

  1. IRENE dice:

    Hola Javi!Me ha encantado la historia de tu ardilla «Ikea», hay que ver lo inteligente que era. Un besazo.


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