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Cuentos de la vieja Rusia

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Cuentos de la vieja Rusia
Narrados por Sybil GRäfin Schönfeldt
Ilustrados por Gennady Spirin
Lumen editorial
Año de publicación: 2001
Encuadernación en tapadura tamaño grande
60 Páginas
18 euros

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En este libro se recogen cuatro famosísimos cuentos de tres grandes escritores rusos del siglo XIX. Gogol, Chéjov y Pushkin hacen desfilar ante nuestros ojos la Rusia de tiempos pasados, con la ayuda inestimable del genial ilustrador Gennady Spirin

La feria de Sorotschinzy (1831) de Nikolai GÓGOL cuenta la historia de amor entre Paraska y un joven que, para obligar a su padre a que se la conceda en matrimonio, urde un engaño.

La nariz (1842) de Nikolai GÓGOL se ambienta en San Petersburgo. El barbero Yákovlevich encuentra, con horror, una nariz entre los panecillos que cocina su mujer. Descubre que debe ser la nariz del engreído mayor Kovaliov. Por otra parte, Kovaliov se da cuenta de que no tiene nariz a la mañana siguiente y emprende su búsqueda.

Kashtanka (1887) de Antón CHÉJOV, palabra que significa castaña, trata sobre una perrita, propiedad de un carpintero y su hijo, que por casualidad acaba en manos de un titiritero de un circo. Éste la trata muy bien y la adiestra para que intervenga en su número. Pero cuando tiene que actuar por primera vez, el hijo del carpintero la ve y la llama…

El zar Saltán y la princesa cisne, de Alexander PUSHKIN, cuenta que Saltán se casa con una chica cuyas hermanas, envidiosas, traman un plan para matarla. Pero ella sobrevive con su hijo, que acaba siendo un príncipe famoso con ayuda de un cisne que tiene la capacidad de concederle los deseos que formula. (less)

Nicolai Gogol
Nació el 19 de marzo de 1809, cerca de Sorochincy, en el distrito de Mírgorod, provincia de Poltava, en Ucrania. Educado primeramente en la casa paterna y luego en el Liceo de Niezin, terminó Gógol sus estudios en 1828 con un diploma de segunda categoría. En vez de estudiar, organizaba funciones. Otro factor desfavorable, que frenaba su aplicación, era su desmesurado orgullo. Convencido de su superioridad sobre las demás personas, el joven Gógol soñaba con grandes hazañas en vez de estudiar. Pero ¿cómo explicar que, a pesar de su pasión por el teatro, veía su gran porvenir en una carrera administrativa? Aun la probó, como intentó más tarde dar clases de historia. Pero la atmósfera gélida de las oficinas públicas petersburguesas apagó rápidamente sus ilusiones respecto a la posibilidad de distinguirse en aquel terreno.