La librería de Javier

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La realidad copia de la ficción

Publicado por Javier El 08/09/2020 a las 6:45 Añadir comentario


Mi editor me comentó que le encantaría una continuación de El efecto Tyndall.
Los que hayáis leído la novela sabréis que es una obra circular: el final de la obra es la continuación del primer capítulo, y que lo acaba sin ánimo de una prolongación de la historia. La cerré deliberadamente, ya que no pensaba que escribiera nada más. Me considero librero, no escritor. Pero mi editor me animó, y desde hace unos meses me he puesto a ver cómo podría ser una continuación de esta novela, siempre ambientada dentro del tiempo en el que transcurre la historia, no posteriormente.
Ya que este año no he podido tomarme mis vacaciones en la playa, algo que tengo como costumbre en el mes de agosto, me dije que debería desconectar de alguna manera. Un amigo me habló de una pequeña casa rural, de solo dos habitaciones y con una bella piscina, rodeada de bosques en la sierra de Madrid, y a menos de una hora de viaje. Si bien la llegada a ella la hice a través de un navegador, ya que está bastante escondida, mi sorpresa fue mayúscula al ver que la urbanización en la que está enclavada se llama Los Peñascales, un nombre muy cercano al que di al pueblo al que se va a vivir Carmen, la protagonista de la obra: El Peñascal. Eso me dio muy buena espina. La gran sorpresa me esperaba dentro de la casa. Fue al subir el día siguiente por una pequeña escalera, oculta a la derecha de la piscina. Tras una rústica portezuela de madera, desvencijada por los años, me encontré un jardín oculto y abandonado exactamente igual al que describo en la novela. Un jardín con dos pinos, algunos otros árboles frutales, y totalmente dejado al azar. Al fondo de él hay un pequeño (y descuidado) huerto similar, que Benigno creó en su casa de la sierra, y dejado de la mano de Dios. Unos escuálidos pimientos, dos tomates, unos flores de calabaza y unos principios de pepinos. Ese es el jardín al que dedicará sus horas muertas Carmen cuando se instale, una vez casada, en la casa de su marido.
Al momento lo tuve claro. No había sido una casualidad el que hubiera dado con ese extraño sitio. Después de ver todo lo que me ha ocurrido con la novela, he sabido que nada ocurre sin una razón. Yo estaba allí porque el espíritu de Carmen me había llevado hasta ese lugar. Ella quería que hiciera una continuación de la historia, que la devolviera a la vida. Y que la empezara en ese descuidado jardín.
Bajé a la habitación y cogí el ordenador. Al encenderlo vi que tenía la batería al 100%. Me lo llevé a un banco de ese mágico lugar y abrí una página de Word. Poco a poco las palabras fueron surgiendo, en medio de ese jardín, como por arte de magia. Era Carmen, y no yo, la que escribía el comienzo de una nueva historia en la que todas sus amigas tendrían un lugar muy especial.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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