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Mis críticas: La ladrona de libros

[1]Markus Zusak (Lumen editores)
539 Páginas – 20,90€

UNA JOYA. Lo siento. Es lo que es justo. No hay otra forma de definir esta novela y quiero que, desde el principio todos sepan lo que vale. Hace días que la acabé – ¡qué digo que la acabé, me la devoré!- y, en este tiempo, no he podido encontrar ni un solo pero a esta fabulosa historia.

Su autor, Markus Zusak, un australiano de 30 años es un conocido escritor de literatura juvenil con bastantes premios y que ahora se adentra en el campo adulto. Según él, este libro salió de unos narraciones centradas en Viena y en los bombardeos sobre la ciudad de Munich en la II Guerra Mundial. Estos relatos, contados por sus padres cuando era niño, dieron origen a una historia de 100 páginas, germen de la novela en cuestión. Su gestación asegura duró 3 años y no es de extrañar debido a la perfecta maquinaria que mueve ficción.

Ficción o no, el relato se basa en un fondo de hechos reales. Las columnas de judíos marchando exhaustos hacia Dachau; la historia de un niño que se acerca a uno de ellos, medio muerto, para darle un mendrugo de pan y que, al ser descubierto por la policía, le azotan con suma crueldad; los cielos teñidos de rojo, de negro, de verde; las penalidades del racionamiento sin alimentos que llevarse a casa. La ocultación de judíos dentro de las casas de alemanes en un último intento de salvar su vida incluso a costa de los moradores. Todo ello y mucho más.

Si pusiéramos todo esto en una coctelera nos saldría uno más de esos libros que con el tema nazi y judío, abarrotan las librerías de cualquier ciudad. Pero hay un componente que suele estar en pocas novelas: magia. Y no la magia de Harry Potter. La magia que puebla el libro es de verdad. Es la magía de un joven escritor que maneja las palabras con una destreza inmejorable. Y en el fondo de la novela, en el corazón del relato, la historia de una niña dada en adopción. Una niña que acaba de perder a su hermano camino de sus futuros padres. Una niña que roba libros, los que se ponen a mano, y aprendiendo a leer en el primero que encuentra, un “Manual del sepulturero”, entretiene a sus vecinos durante los bombardeos en las esperas de los refugios subterráneos.

Todo en este texto es destacable. Imagina un libro que puedes leer como si de poesía se tratara, saboreando cada  palabra y cada frase. Un libro escrito como si de una obra de teatro se tratara y donde de cuando en cuando ciertas libertades literarias nos dan un empujón creando elipsis de gran belleza. Un libro con un narrador excepcional  por su ternura: la muerte. Un libro en el que te adentras en cada protagonista a través de un cielo de color, del color de los sentimientos. Un libro en el que un “Mein Kampf” salva la vida a un judío boxeador. Un libro en el que las palabras son crueles y tiernas a la vez, donde las palabras matan y salvan vidas. Un libro que transcurre en el infierno de una calle de Munich llamada, ironía del destino, cielo. Un libro donde los personajes secundarios no son mera comparsa, sino que están trazados con el tiralíneas de la perfección, Un libro con un niño que se cree Jesse Owens y que se pinta totalmente de negro en plena limpieza étnica para tomar parte en una carrera. Un libro con una de las historias de amor imposible más descorazonadoras escrita en la Historia de la Literatura. Un libro con uno de los finales más hermosos de todos los tiempos. ¡Ah! Y un beso. Un indescriptible beso que serpentea a lo largo de todo el libro. Un beso que se nos va a quedar marcado en la memoria durante mucho tiempo.

No sé si me he expresado bien. Mi punto fuerte no es la escritura. No sé si te he convencido de las bondades de esta gran obra. Si no, olvida lo que te he contado. Olvídalo todo y sal a conseguir un ejemplar de esta novela. Y, por favor, adquiérela con buena encuadernación ya que la vas a leer varias veces a lo largo de tu existencia. Éste es un consejo que sé que sí me vas a agradecer.