La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Practicar con el ejemplo

Publicado por Javier El 12/11/2010 a las 7:58 7 Comentarios

Muchos se quejan en la librería de lo poco que los chicos leen ahora. Y yo, fiel abogado del diablo, no me queda otra sino tomar partido por esa juventud que lee, que le interesan los aspectos culturales y que son un activo dentro de la masa grisácea (que no gris) de la sociedad. Y que no son pocos. Mi experiencia me dicta que la afición por la lectura no viene inducida por padres o maestros que se empeñan, sin lógica e incansablemente, en hacerles adictos a la literatura. Un dato curioso es la cantidad de padres que tienen dos hijos, uno de los cuales es un zopenco y el otro resulta un devorador insaciable de novelas. ¿Es que acaso los padres les han dado una atención diferente en su educación a la hora de inculcarles el hábito de la lectura? No, para nada. Simplemente creo que los genes, esos que nos hacen ser rubios o morenos, altos o bajos, juegan a hacer buenos lectores a unos y enemigos de las letras a otros. Y, aunque haya ciertos comportamientos en la familia que pueden obrar de ejemplo a la hora de incitar a coger un libro, muchas veces es algo irremediable y una batalla perdida para los padres.
Respecto al ambiente educativo en colegios e institutos si hay mucha labor que hacer. La obligatoriedad de ciertos textos arcaicos y soporíferos crea una reacción imposible de superar de odio a la lectura. Y es que, si los chicos estaban acostumbrados a leer cuentos e historias juveniles cuando pequeños, el mero hecho de obligarles a leer vetustos textos les aparta definitivamente de ese hábito saludable. ¡Cuánto mejor sería continuar con libros cuyas tramas les sean interesantes y se sientan inmersos en aventuras que devoren! Digo yo que ya tendrán tiempo en sus vidas de investigar y adentrarse con esas lecturas de siglos pasados. A ello se añade cierta “caterva” de profesores que no están al día de lecturas que recomendar en sus clases. Hace tiempo tuve a un profesor universitario que me reprochaba, al comentarle cierto libro que le podría ir bien en sus clases, que bastante tenía con corregir los exámenes como para dedicar su tiempo libre a descubrir nuevas lecturas, que ya tenía unas cuantas de hace tiempo y que son obligatorias para sus alumnos, que para qué más. Después de una distendida y amena charla dejé de tenerle de cliente.
Claro, que hay casos diferentes. Hace poco descubrí a un escritor afincado en Molina de Segura, tierra de escritores. Su nombre es Rubén Castillo. Da clases en un IES llamado Vega del Táder y es muy apreciado por sus alumnos. Además de un muy buen escritor y que tiene espacios en Internet de gran interés, hace asimismo comentarios de libros y presentaciones cuando acontecen. Y ahora me he enterado de una página Web en la que sus alumnos hacen críticas de libros. Una iniciativa estimulada por el profesor y que ha cuajado en un buen ejemplo para muchos (pasivos) profesores. Los chicos escriben -y muy bien- reseñándonos obras adecuadas a jóvenes (y no tan jóvenes) y es una página que puede ser una buena propuesta para buscar lecturas para hijos con el punto de vista en la crítica de alumnos de la ESO, algo muy loable ya que dichos textos van dirigidos a este público.
La página en cuestión se llama Vega de los Libros, y pulsando en ella podéis llegar a su ubicación. Mi felicitación a todos estos chicos, que son el futuro de las Letras en España, y a su maestro, Rubén, al que sigo leyendo.


About Javier

Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

7 respuestas hasta ahora.

  1. Hache dice:

    Como sabes, en mi trabajo estamos desarrollando un programa de teatro didáctico para institutos. Ayer mismo sucedió algo que puede ilustrar el tema de la caterva del que hablas.

    La llamada fue a un insti de Rivas-Vaciamadrid:

    – Hola, buenos días. Soy de la Universidad de Alcalá. Quería hablar con alguien de Lengua y Literatura para un
    proyecto de teatro didáctico que estamos elaborando para institutos.

    – Un momento.

    El/la conserje se olvida de tapar el teléfono y pregunta a una profesora de Lite que pasaba por el pasillo:

    – Que llaman de una universidad. ¿Quieres saber algo de un teatro de mierda que ofrecen?

    – Uy, no, diles que dejen el número y que ya les llamaremos.

    Vuelven al teléfono, sin ser conscientes de que hemos escuchado su deliciosa conversación:

    – Oiga, mire, que es que ahora no hay nadie. Si nos dejan el número de teléfono ya se pondrán ellos en contacto.

  2. Javier dice:

    Jajaja. Y después me dicen que exagero…

  3. Irene dice:

    Muchas gracias por la entrada: sucede a menudo que se habla en general de lo poco lectora que es la juventud y… bueno, las generalizaciones siempre son erróneas. Tengo 17 años y leo todo lo que encuentro desde pequeña. Me da pena la gente que no lo hace, porque considero que se pierden muchas cosas. Por otra parte, no solo es un mal de juventud: ¡cuántos adultos no se molestan en abrir un libro!

  4. Javier dice:

    Gracias Irene por tu comentario.
    Totalmente de acuerdo contigo. Hay lectores y bibliófugos en igual porcentaje, independientemente de la edad de ellos. Y da pena la de vidas que se pierden al no querer meterse dentro de las historias que hay dentro de los libros.
    Un saludo y que sigas con esas inquietudes.

  5. Libros dice:

    ¡Genial! Va link en Lo mejor de la quincena.

  6. […] anécdota de Bibliobulímica (y por cierto, técnicamente hablando, le doy la razón al niño…) Practicar con el ejemplo: Como muchos deben saber, no solamente soy redactora sino también docente de literatura. Por eso […]

  7. marta dice:

    Yo tengo dos hijas, y ya desde muy pequeñas las chantajeaba con la lectura, dejándolas acostarse media hora más tarde si la dedicaban a leer (no hay niño que se resista a poder dormirse fuera del horario habitual). Con una de ellas funcionó a la perfección, con la otra tardé varios años hasta dar con la novela que la enganchó irremediablemente al placer de la lectura (memorias de Idum).
    Año tras año, comprobando los libros de lectura obligatoria, primero en el colegio y luego en el instituto, me he cuestionado que criterios siguen para dicha elección y si el objetivo es crear lectores potenciales, ya que hay ciertas obras que, por muy esenciales en la literatura que sean,resultan verdaderos ladrillos para aquellos que no tengan el hábito adquirido.


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