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Practicar con el ejemplo

Muchos se quejan en la librería de lo poco que los chicos leen ahora. Y yo, fiel abogado del diablo, no me queda otra sino tomar partido por esa juventud que lee, que le interesan los aspectos culturales y que son un activo dentro de la masa grisácea (que no gris) de la sociedad. Y que no son pocos. Mi experiencia me dicta que la afición por la lectura no viene inducida por padres o maestros que se empeñan, sin lógica e incansablemente, en hacerles adictos a la literatura. Un dato curioso es la cantidad de padres que tienen dos hijos, uno de los cuales es un zopenco y el otro resulta un devorador insaciable de novelas. ¿Es que acaso los padres les han dado una atención diferente en su educación a la hora de inculcarles el hábito de la lectura? No, para nada. Simplemente creo que los genes, esos que nos hacen ser rubios o morenos, altos o bajos, juegan a hacer buenos lectores a unos y enemigos de las letras a otros. Y, aunque haya ciertos comportamientos en la familia que pueden obrar de ejemplo a la hora de incitar a coger un libro, muchas veces es algo irremediable y una batalla perdida para los padres.
Respecto al ambiente educativo en colegios e institutos si hay mucha labor que hacer. La obligatoriedad de ciertos textos arcaicos y soporíferos crea una reacción imposible de superar de odio a la lectura. Y es que, si los chicos estaban acostumbrados a leer cuentos e historias juveniles cuando pequeños, el mero hecho de obligarles a leer vetustos textos les aparta definitivamente de ese hábito saludable. ¡Cuánto mejor sería continuar con libros cuyas tramas les sean interesantes y se sientan inmersos en aventuras que devoren! Digo yo que ya tendrán tiempo en sus vidas de investigar y adentrarse con esas lecturas de siglos pasados. A ello se añade cierta «caterva» de profesores que no están al día de lecturas que recomendar en sus clases. Hace tiempo tuve a un profesor universitario que me reprochaba, al comentarle cierto libro que le podría ir bien en sus clases, que bastante tenía con corregir los exámenes como para dedicar su tiempo libre a descubrir nuevas lecturas, que ya tenía unas cuantas de hace tiempo y que son obligatorias para sus alumnos, que para qué más. Después de una distendida y amena charla dejé de tenerle de cliente.
Claro, que hay casos diferentes. Hace poco descubrí a un escritor afincado en Molina de Segura, tierra de escritores. Su nombre es Rubén Castillo. Da clases en un IES llamado Vega del Táder y es muy apreciado por sus alumnos. Además de un muy buen escritor y que tiene espacios en Internet de gran interés, hace asimismo comentarios de libros y presentaciones cuando acontecen. Y ahora me he enterado de una página Web en la que sus alumnos hacen críticas de libros. Una iniciativa estimulada por el profesor y que ha cuajado en un buen ejemplo para muchos (pasivos) profesores. Los chicos escriben -y muy bien- reseñándonos obras adecuadas a jóvenes (y no tan jóvenes) y es una página que puede ser una buena propuesta para buscar lecturas para hijos con el punto de vista en la crítica de alumnos de la ESO, algo muy loable ya que dichos textos van dirigidos a este público.
La página en cuestión se llama Vega de los Libros [1], y pulsando en ella podéis llegar a su ubicación. Mi felicitación a todos estos chicos, que son el futuro de las Letras en España, y a su maestro, Rubén, al que sigo leyendo.