La librería de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Aunque no haya sido escrito junto a las promesas de siempre, este año he empezado moviéndome un poco. Alcalá de Henares cuenta con unas rutas de senderismo preciosas y que descubrí hace tiempo. Pero en la mañana del día 2, con ese sol resplandeciente después de varios días de cielos grises ingleses, nos liamos la manta a la cabeza y la mochila con el agua a la espalda y salimos rumbo al parque natural. No era demasiado tarde, pero ya había una buena cantidad de gente cambiándose de ropa y poniéndose las zapatillas de deporte, en el aparcamiento. Después de pensarlo varias veces, y a tenor de haber hecho las otras rutas últimamente, nos decidimos por la azul, la que leva al castillo.
¡Qué gran sorpresa nos llevamos al llegar a la parte media del recorrido! Ya nos extrañaba que no nos encontráramos con casi nadie a lo largo de la andanada. Seguro que el ayuntamiento, al descubrir los impresionantes vestigios que veríamos al poco, había ocultado tal ruta a los caminantes. Al poco de comenzar el tramo que transcurre cerca del río, el barro adherido a nuestras zapatillas hizo la función de esas pesas que se ponen los deportistas en los tobillos para fortalecer músculos, y medio camino se nos pegó a ellas. Tratamos de ir por los bordes del camino y evitar tanto barro. Ello nos llevó a cierto descubrimientos: las altas hierbas secas no sirven de mucho a la hora de esquivar el barro del suelo y, lo que es más importante, nos habíamos adentrado a descubrir parte de los orígenes del hombre. Como muy bien se puede apreciar en las fotos, el comienzo de la Cultura Sumeria y de las tablillas de arcilla está más cerca de Alcalá de Henares que de otros sitios venerados en Oriente Medio. Sin necesidad de hacer excavaciones, al pegárseme medio camino a la suela de la zapatilla, descubrí una superficie de arcilla roja muy interesante a la que hice al momento una foto. Unos barros que ocultaban una superficie de arcillas rojas esperando la llegada del hombre para convertirse en ladrillos de construcción. Un hallazgo de gran interés arqueológico, pero no tanto como cuando pude ver, a través de unas ramas secas, las cimientos de ladrillos rojos de una ciudad oculta tras las matas que crecen entre tanto barro. Otra foto y emociones ocultas que surgen del más profundo interior. Me quité con unos palos los pegotes adheridos a las zapatillas que por enésima vez me impedían andar y seguí con la travesía. Y poco antes de llegar a vislumbrar el torreón de la fortaleza árabe pude observar otro vestigio de culturas desaparecidas, una hilera de ladrillos (de nuevo civilizaciones desconocidas) en forma de ladrillos alineados en el suelo. En poco más de media hora nada menos que tres rastros de culturas desaparecidas y varios kilos de barro en las zapatillas. Unos hallazgos que dan a la ciudad de Alcalá gran prestigio a la hora de pesar en la balanza de la Cultura las aportaciones que han llevado a su nombramiento como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Hice una gran cantidad de fotos para asesorar a los departamentos de nuestro consistorio a la hora de encauzarles en futuras excavaciones de interés y me dispuse a la vuelta. Esta excursión la recomiendo especialmente no sólo por ese contacto con la naturaleza al poco de una tormenta. sino por el algo carácter humanista de encontrar testimonios de nuestros antepasados ocultos tras el polvo, en este caso barro, de camino.
Tras la vuelta a casa, descalzo para no poner perdida la casa, hago un llamamiento a las autoridades de medio ambiente: que la ruta azul del parque de los cerros pase a llamarse RUTA MARRÓN, y se destaque como Ruta de la Tierra de Barros de los Orígenes del Hombre.


Una respuesta hasta ahora.

  1. Mari Jose dice:

    Pero no sólamente por la ruta azul. Cuando vas a los cerritos (apodo familiar) después de varios días de lluvia, tus botas (o zapatillas) después de 100 metros recorridos son como las de Frankenstein.
    Pero tiene su encanto y se te ponen los gemelos como los de Maradona