Los libros de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

El superhéroe, por Eduardo Millán

Publicado por Javier El 11/01/2011 a las 7:21 Añadir comentario

Ser un superhéroe y tener que vivir una vida normal representó sin duda un gran esfuerzo. Sobre todo al principio. Tenía que esconder sus súper poderes, ocultarlos para no desvelar su verdadera identidad. Poco a poco fue inventando tapaderas para enmascarar todo aquello que le hacía diferente.

Su increíble visión de rayos X la escondía tras unas gruesas gafas. “Tengo un montón de dioptrías”, solía decir a los que le preguntaban. Nunca engañó a los que ya le habíamos descubierto, pues veíamos como su supervisión le permitía devorar libros y libros, unos detrás de otros, oculto en el sillón de la parte trasera de su librería.

Se podía mover como el rayo, a una velocidad increíble, con unos reflejos sobrehumanos. Esto lo escondía bajo la tapadera de persona sedentaria. “Yo nunca hago deporte, ufff ¡¡¡, yo me canso solo con ver un partido de tenis”, decía. Todo era mentira. Los que conocíamos su verdadera identidad podíamos verle desplegando su velocidad y reflejos mientras jugaba al tenis en la WII, o mientras conducía a Super Mario Bros hacia niveles superiores en cuestión de segundos.

Su mente era su principal arma. Una memoria infinita y un cerebro más potente que el de miles de personas juntas. Para esconderlo, siempre se hacía el despistado, fingiendo que se le olvidaban las cosas y que tenía poca memoria. No se daba cuenta que, los que le habíamos descubierto, también conocíamos la existencia de su gran cantidad de ordenadores personales, de consolas y de juegos de ingenio y de habilidad con los que intentaba entrenar y mantener despierto su potente cerebro.

Era capaz de leer las mentes de los que se acercaban, conocer sus deseos, sus miedos, sus sentimientos y sus necesidades. Este era el superpoder con el que más se divertía y el que más le costaba ocultar. Lo practicaba diariamente bajo la tapadera de su librería. Tardaba solo algunos milisegundos en estudiar al nuevo cliente que allí entraba, conocer sus gustos y decidir cual era el libro que le iba a recomendar. El cliente al principio se extrañaba de aquella recomendación tan rápida, dudando incluso del acierto de la recomendación. Pero aquellos que aceptaron ese juego por primera vez, volvieron sorprendidos al cabo de un corto periodo de tiempo. Los que volvieron dos veces, nunca han dejado de hacerlo desde entonces. Así fue como caí en su red y como me empecé a interesar por este personaje, por sus movimientos, y por todo lo que escondía. Fue así como, poco a poco, logré ir conociendo todos sus superpoderes, espiando disimuladamente desde el cristal del escaparate, observándole y captando esos mensajes escondidos en los pequeños detalles. Como cuando otros clientes le pedían un libro y en cuestión de segundos era capaz de encontrarlo dentro de ese infinito maremágnum de libros. Poco a poco vi cómo, con este método, iba captando adeptos que inconscientemente se rendían a sus poderes, creando un pequeño ejército con el qué llevar a cabo su plan secreto.

Hay muchas formas de intentar cambiar el mundo. Nuestro superhéroe decidió hacerlo usando esos pequeños artilugios que tanto le gustaron cuando los descubrió… los libros. Su desarrollada inteligencia le permitió entender rápidamente el verdadero potencial de estos trozos de papel. Solo le faltaba un poco de ayuda de un pequeño grupo de acólitos estratégicamente elegidos. Desde hace tiempo he descubierto que hace reuniones en su librería y en locales cercanos en las que participan grupos de personas cada vez más numerosos. Veo que sigue adelante con su plan. Espero que lo consiga.

Eduardo Millán

P.D. Este texto forma parte de los cuentos que se escribieron para amenizar la cena literaria del 18 de diciembre pasado y que poco a poco os iré mostrando. Gracias a Edu por su aportación.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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