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De chuches y chinos

Publicado por Javier El 31/01/2011 a las 7:50 Añadir comentario

El otro día me sorprendió un cliente con esta frase:
-«¡El ayuntamiento tendría que regular los comercios que se montan en la calle Mayor! ¡Basta ya de tanta tienda china y de tiendas cutres!»
Bueno, bueno, bueno… Las cosas en su justa medida. Pienso que el consistorio está para regular ciertas cosas, entre otras que se cumpla la legislación vigente, sin excepción. Pero de ahí a establecer qué tipos de comercios se montan en la calle más popular de Alcalá va un abismo. Todo este cambio social lo hemos podido ver a lo largo de los últimos años.
Cuando llegué a la ciudad, la calle Mayor -que se llamaba por aquel entonces «Generalísimo»- y era un paso continuo de carruajes, casi como ahora, estaba plagada de cordelerías, estancos, ultramarinos, mercerías, funerarias, imprentas, relojerías, tiendas de muebles… Los tiempos modelan los negocios y así, con la aparición de los vídeos, se montaron los primeros videoclubs de los que hoy no existe ninguno en dicha calle y, los que quedan en Alcalá, se pueden contar con los dedos de la palma de una mano. La eclosión del mercado de coleccionista de películas, tal como surgió, desapareció, y hoy, con las redes de internet que pueden con todo, es mucho más fácil y cómodo llegar a cualquier película por medio de un click que buscándola entre estanterías de viejas y maltrechas cintas VHS. Por esa época ya habían desaparecido los ultramarinos y el poder amarillo que los suplantó poco tardó en establecerse. No hay una calle donde no haya ahora un establecimiento para abastecerse de lo más primordial en caso de emergencia que no sea regentada por esos vecinos chinos. Y si bien los bazares están un poco de capa caída (ya no todo es tan barato como en un principio), el aspecto exterior de las tiendas regidas por ciudadanos de extremo oriente se van metamorfoseando a la tipología occidental. Vemos de igual manera que la mayoría de las fruterías de nuestra ciudad han pasado a ser tiendas dirigidas por este tipo de ciudadanos. Incluso los nombres de los establecimientos ya no vienen escritos en caracteres ilegibles para nosotros, sino que tratan de pasar más desapercibidos. Y el último cambio de esta invasión de capital del extremo oriente viene dado con la compra de ciertos establecimientos de siempre, en el ramo de la hostelería, y que aun conservando a los empleados originales, han pasado a ser propiedad de esa fuerza emergente que nos viene del este. Los bocatas de tortilla y las raciones de patatas bravas ya forman parte de los negocios asiáticos. Su forma de vida, siempre en el negocio y la poca relación de calle que mantienen, les hace muy apropiados para esos negocios que suelen rechazar los españolitos de hoy, acostumbrados a no trabajar más de 8 horas y sólo los laborables. Asimismo, la gran avalancha de tiendas de ropa, de manufactura lejana, ha propiciado la aparición de los outlets en dicha calle Mayor. Primeras marcas a precios algo reducidos al ser prendas de la anterior temporada. Una oferta que pretende contrarrestar el mercado de prendas fabricadas en China y el efecto Factory de compras. Competencia contra competencia. Ello nos lleva a una reflexión que comparto con bastante clientela cuando, despistados y ausentes, me preguntan por puestos de prensa. ¿Por qué los chinos, que se pasan las 24 horas del día en el puesto de trabajo, no montan quioscos de prensa? Con pensar un poco nos damos cuenta que la rápida desaparición de los puestos de prensa en España viene debida al inmenso trabajo que conllevan estos puntos de venta, los nuevos hábitos de lectura en Internet, la prensa gratuita y al escaso margen de ganancia que imponen las draconianas distribuidoras, siempre en monopolio. Esa es sencillamente la razón por la que estos ciudadanos de extremo oriente no montan puestos de prensa. Son buenos comerciantes, tienen buen ojo para montar negocios y no ven gran ganancia en ello.
La última tendencia en nuestra ciudad es la instalación de bellos y pulcros comercios de chuches. Frente a la escasa iluminación de las tiendas de chinos, estas nuevas tiendas, de las que acaban de montarse dos en la calle Mayor de la misma franquicia, hacen acopio de un potencial lumínico excepcional. Y con un colorido y vistosidad únicos. Pero, ¿realmente son tan rentables estas tiendas de gominolas a pocos céntimos? Afirmo con total seguridad que sí. En tiempos de crisis el consumo de pequeñas cantidades de azúcar de continuo es la mejor medicina para alegrarnos la vida. Mi amigo Sergio, de una tienda de cosmética, me contaba que los pintalabios de colores llamativos y con ciertos sabores son el género que más se vende en su perfumería en tiempos de crisis. Está visto que un poco de dulzor no viene nada mal para estos días de bajón mercantilista. Y más si viene acompañado de venta de bebidas y todo tipo de comida rápida. El mercado se rige solo. No es necesaria una mano reguladora para montar y desmontar comercios en ninguna ciudad.


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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