Los libros de Javier

Un punto de encuentro para los amantes de los libros

Ana María Díaz, amiga y cliente, lectora y amante de la escritura, me manda este semblante de Jane Austen. Sopeso que ha de ser una de las autoras con las que más horas de su vida haya compartido. Sus novelas, una y otra vez repuestas en los estantes de la librerías, son obras fundamentales en la narrativa del sentimiento. Y han de ser obras de calidad literaria considerable ya que una y otra vez son trasladadas a la gran pantalla para solaz de sus lectores y para suerte de aquellos que, a través del cine, se acercan a la literatura.

JANE AUSTEN (1775-1817)

¿Qué son los hombres comparados con las montañas y los lagos?

Muchos son los que dirán que Jane Austen es una autora repetitiva, aburrida o monótona… para ellos; no sabéis apreciar la sutileza de una buena novela.
Sin hacer referencia ninguna a los acontecimientos históricos de su época, Austen hace un retrato minucioso de la vida en el campo, a excepción de visitas a Bath y Londres. Sus heroínas como se ha tendido a llamar a sus protagonistas, recrean los modelos de vida de las muchachas inglesas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Cómo eran sus vidas, sus familias, sus ámbitos sociales. La realidad social de la época, fantásticamente reproducida, actos sociales, bodas, herencias, obligación y deber… Austen nos traslada de una manera espectacular a la vida en la campiña inglesa de familias más o menos acomodadas. Fijándose siempre en la vida de una o dos muchachas por libro. Jane y Elisabeth en Orgullo y Prejuicio, Marianne y Eleanor en Sentido y Sensibilidad, Emma y Jane Fairfax en Emma, Catherine en la Abadía de Northanger, Fanny en Mansfield Park, o Anne en Persuasión. Jóvenes, a excepción de Emma, con pocas posibilidades de futuro. Austen nos adentra en sus pensamientos, en sus esperanzas, en sus miedos… adentramos de lleno en su psicología y navegamos con ellas en su madurez. Todas las “heroínas” de Austen recorren un camino hacía la madurez desde el principio de sus páginas. Se enfrentan a un reto y logran salvarlo y obtener la victoria, siempre traducido en un matrimonio ventajoso, pero siempre, movido por el más sincero de los afectos.

Lo maravilloso, lo excepcional de las obras de Austen es la mezcla de drama y diversión. Todas ellas están impregnadas de un realismo asombroso. Si bien es cierto, que todas ellas acaban de manera beneficiosa para sus protagonistas, hay que precisar, como he dicho antes, que la mayoría de ellas sufren una transformación provocada en gran medida por sucesos penosos y tristes. Todas sus obras suponen un camino hacia la madurez. Y en ese camino, Austen, retrata un modo de vida, un modo de pensar muy acorde con la época que vivió. Se ha querido ver en Jane Austen un asomo de feminismo, una defensa de la mujer de su época. Y aunque, entre sus líneas se descubren toques de atención, su obra, desde mi humilde punto de vista, está lejos de tener la pretensión de reclamar derechos. Su intención es meramente ociosa. Pretende entretener al lector, hacerle sentir, hacerle reír o llorar. Y aunque se sus frases se pueden sacar proclamas morales, creo que son fruto de ese sumergirse en la psicología de la protagonista que tanto caracteriza a la autora, ya que desde el principio estamos abiertos a todos los pensamientos, incluso los más profundos, de la protagonista y de muchos de los demás personajes.

Son novelas, en el fondo, que te divierten, que te sumergen en el paisaje inglés del campo, sus descripciones te transportan a Sussex, a Derbyshire, incluso a las ajetreadas calles de Bath en plena temporada. Son novelas que te sorprenden por sus giros inesperados, los cuales, cuando sometes la obra a una segunda lectura los ves con tanta claridad que te asombra no haber sido consciente de ellos antes. Por eso, a aquel que, por la razón que sea, no ha dado una oportunidad a Austen, o que no han conseguido adentrarse de lleno en sus obras, les aconsejaría que cogieran de nuevo uno de sus títulos y se rían con las locuras de Catherine Morland, que se diviertan con la prepotencia del Sr. Collins, que se apiaden del pobre Sr. Darcy o de Fanny, que se sientan en acuerdo con el Sr. Knightley, odien a la Srta. Bingley o se enamoren perdidamente de Edward Ferrars. Son grandes aventuras sobre cosas pequeñas, y al final, en las cosas pequeñas se encuentra muchas veces la más grande de las bellezas. Disfrútenlos.

Ana María Díaz–Torremocha y Merino


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Librero sin remisión. No sé hacer otra cosa que hablar de libros y escritores.

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